– ¿Está intentando intimidarme, señor D’Ambrogio?
– Por Dios, vicecomisario adjunto… Yo no intimido a nadie. Estoy conversando con un válido subordinado sobre la posibilidad de proseguir por un camino en un caso muy, muy complicado. Pues lo que usted define tan presuntuosamente como certezas no son más que hipótesis…, o peor: deducciones. ¿En qué basa las deducciones contenidas en su informe, vicecomisario adjunto De Luca?
– En las confidencias de una prostituta que no dejaré de verbalizar en el momento oportuno.
D’Ambrogio empujó la silla hacia atrás, hasta De Gasperi, y se levantó sin prisas. Se aproximó a la ventana y miró al exterior. Daba a la plaza, y también desde aquel segundo piso se veía, al fondo de los soportales, un carrito rebosante de las escamas de papel prensado de los carteles despegados de los muros.
– ¿Sabe qué es lo que necesita este país? -dijo, como si hablase para sí, casi como si canturrease-. Estabilidad. Este país necesita construir y no destruir. Lo han entendido hasta los otros. Necesita respetabilidad, consideración internacional, inversiones, los dólares del general Marshall, el Pacto Atlántico…, orden.
– Ley.
– Es lo mismo.
– Para mí no. Yo soy policía.
D’Ambrogio se volvió y miró a De Luca por encima del hombro.
– Y yo -dijo-, y como policía, estoy al servicio del Gobierno. De intereses superiores, vicecomisario adjunto, de intereses superiores.
De Luca no dijo nada. D’Ambrogio se sentó y empujó las copias del informe hacia el borde del escritorio.
– Concluyamos esta entrevista -dijo, más agudo todavía-. Puede usted remitir las deducciones, de las cuales me ha informado tan correctamente, al magistrado. Pero yo le puedo asegurar, y usted en el fondo lo sabe, que quedarán como papel mojado. O bien puede remitir su informe siguiendo las vías jerárquicas a su superior directo.
– ¿Y quién es?
– Yo.
De Luca sonrió y a D’Ambrogio se le sonrojaron las mejillas. Puso dos dedos sobre los informes, empujándolos de lado, e hizo espacio para una fila de documentos que tenía en la esquina de la mesa. Tamborileó con los dedos en los lomos de las carpetillas hasta que llegó a la mitad y extrajo una de color naranja. A De Luca se le cortó la respiración.
– Estaba ordenando los dosieres del personal -dijo D’Ambrogio, agachándose sobre una carpetilla y entornando los ojos como para ver mejor-, cuando me he topado con el suyo, vicecomisario. «Alta Comisaría Adjunta para la depuración -leyó-, ficha personal del abogado De Luca, etcétera etcétera», ¿ve?, aquí lo hacen abogado. Pero no es eso lo que importa, son las preguntas… «¿estuvo afiliado al Partido Nacional Fascista? Sí», naturalmente, todos lo estuvimos… «escuadrista, no, Marcha de Roma, no, tuvo uno de los siguientes cargos, no, perteneció a la Milicia Voluntaria de Seguridad Nacional, no, formó parte de la OVRA, no…», todo noes, muy bien, De Luca. Claro, usted era sólo un policía.
De Luca no dijo nada. Respiraba con dificultad y el corazón le latía con fuerza.
– Los problemas empiezan en la pregunta número treinta y dos… ¿Se afilió al Partido Republicano Fascista? Aquí, aquí usted no contestó, ni contestó a nada que se refiriera a la época de la República de Saló. Ahora… -D’Ambrogio levantó los ojos hacia De Luca-, seguramente se trata de un olvido y nosotros no tendríamos motivos para dudar de las respuestas que quiera darnos, todo noes, me imagino y espero… De no ser por esto.
Le puso delante otra hoja y De Luca bajó la vista, mientras D’Ambrogio le daba la vuelta con una rápida pirueta de dos dedos, para que la pudiera leer. Era un papel cuadrado, sacado del dorso de un papel oficial, y tenía un timbre azul como encabezamiento, «Comité de Liberación Nacional». Estaba escrito a máquina y De Luca leyó las primeras líneas, antes de levantar la vista hacia D’Ambrogio.
– No es verdad -murmuró, con un hilo de voz.
– No dudo de que usted no fuera directamente responsable de los actos atribuidos a su departamento -dijo D’Ambrogio-; con todo, la suya es una posición difícil. Si no me equivoco, su comandante fue procesado y condenado a muerte al acabar la guerra… Ah, claro, esos tiempos se acabaron, gracias a Dios, y esos excesos de rigor… Creo que a usted ahora le caería una condena bastante leve. Seguramente -también D’Ambrogio levantó los ojos y los clavó en los de De Luca-, seguramente lo expulsarían inmediatamente de la policía.
– No -murmuró De Luca, o quizás solamente imaginó que lo murmuraba. D’Ambrogio apretó los labios, sacudiendo la cabeza, luego cerró la carpeta naranja y la guardó detrás de las demás. La hojita cuadrada, escrita a máquina en el papel oficial, quedó fuera, en el borde del escritorio. De Luca la miró, respirando con dificultad, los puños apretados a los costados, los nudillos blancos por el esfuerzo y las uñas plantadas en las palmas. Luego cogió el papel, rápido, casi sin tocarlo, y salió del despacho.
Fuera, en el pasillo, se metió el cuadrado de papel espeso en el bolsillo del gabán, con esfuerzo, pues le temblaban las manos. Apretó los dientes y se puso a caminar deprisa, cada vez más deprisa, tanto que un agente que salía de un despacho lo tocó en un hombro y le preguntó:
– Señor, ¿se encuentra mal?
– No -dijo De Luca, con la voz que se le iba-, no, gracias.
Luego se metió en el baño de los superiores, se encerró dentro y abrió todos los grifos, porque sollozaba fuertemente y no quería que desde fuera lo oyeran llorar.
Jueves, 22 de abril de 1948
«Mayoría absoluta para la Democracia Cristiana, que conquista 307 escaños de la Cámara de los Diputados. El júbilo del mundo católico por la grave derrota del comunismo».
«La Confederazione del Lavoro colaborará con el nuevo Gobierno».
«Se vuelve a hablar de un encuentro Truman-Stalin».
«El ganador de la quiniela se dará a conocer esta semana».
Lunes, 26 de abril de 1948
«Bartali gana en Zúrich con un impetuoso sprint».
Viernes, 14 de mayo de 1948
«De Gasperi presentará mañana la lista de ministros al presidente Einaudi».
«Activado el plan Marshall: ayudas europeas durante los primeros doce meses».
«Un mensaje de Einaudi al Papa: el santo padre bendice Italia».
«Hoy en el Imperials, Bob Hope y Dorothy Lamour: Morena y peligrosa ».
Domingo, 16 de mayo de 1948
«La Tierra Prometida está en llamas. Peligro internacional por la guerra en Palestina. Perplejidad en Londres, Moscú pesca en lo turbio».
Jueves, 20 de mayo de 1948
«Los planes del Kremlin: un gigantesco imperio stalinista desde la isla de Elba hasta el estrecho de Bering. Las primeras reacciones de Moscú a la negativa de la Casa Blanca».
Sábado, 22 de mayo de 1948
«Perpetua tensión ruso-americana. Una Europa armada hasta los dientes para evitar la tercera guerra mundial».
Sábado, 29 de mayo de 1948
«El trigo a 6.000 liras. Se mantiene el racionamiento de pan y pasta. En cambio, es probable la libre venta de azúcar».
«Hoy en el Arena del Sole: Il corriere del re , con Rossano Brazzi y Valentina Cortese».
«Gino Bartali: mientras me mantenga detrás de Coppi nadie me dirá que estoy exprimido».
Jueves, 24 de junio de 1948
«Peligroso desarrollo de la guerra fría. ¿Tito contra Stalin? Bases rusas en los Balcanes».
«Graves disturbios en Nápoles: 26 agentes y 5 civiles heridos. Un discurso de Scelba en la Cámara: sin el desarme de las naciones, no puede haber democracia».
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