Miguel Delibes - El Hereje

Здесь есть возможность читать онлайн «Miguel Delibes - El Hereje» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, Историческая проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

El Hereje: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «El Hereje»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

En el año 1517, Martín Lutero fija sus noventa y cinco tesis contra las indulgencias en la puerta de la iglesia de Wittenberg, un acontecimiento que provocará el cisma de la Iglesia Romana de Occidente. Ese mismo año nace en la villa de Valladolid el hijo de don Bernardo Salcedo y doña Catalina Bustamante, al que bautizarán con el nombre de Cipriano. En un momento de agitación política y religiosa, esta mera coincidencia de fechas marcará fatalmente su destino.
Huérfano desde su nacimiento y falto del amor del padre, Cipriano contará, sin embargo, con el afecto de su nodriza Minervina, una relación que le será arrebatada y que perseguirá el resto de su vida.
Convertido en próspero comerciante, se pondrá en contacto con las corrientes protestantes que, de manera clandestina, empezaban a introducirse en la Península. Pero la difusión de este movimiento será cortada progresivamente por el Santo Oficio. A través de las peripecias vitales y espirituales de Cipriano Salcedo, Delibes dibuja con mano maestra un vivísimo relato del Valladolid de la época de Carlos V, de sus gentes, sus costumbres y sus paisajes. Pero “El hereje” es sobre todo una indagación sobre las relaciones humanas en todos sus aspectos. Es la historia de unos hombres y mujeres de carne y hueso en lucha consigo mismos y con el mundo que les ha tocado vivir.
Un canto apasionado por la tolerancia y la libertad de conciencia, una novela inolvidable sobre las pasiones humanas y los resortes que las mueven.

El Hereje — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «El Hereje», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Los hombres silbaban. Cipriano entreabrió sus párpados hinchados y esbozó una tímida sonrisa.

Tenía la boca seca y la mente borrosa. Levantó la cabeza y miró a lo alto:

– C… creo -dijo- en la Santa Iglesia de Cristo y de los Apóstoles.

El padre Tablares aproximó los labios a su mejilla y le dio la paz en el rostro:

– Hermano -suplicó-, decid Romana, solamente eso, os lo pido por la bendita Pasión de Nuestro Señor.

La gente se impacientaba. Sonaban silbidos e imprecaciones.

Cipriano, con la nuca apoyada en el palo, miraba reconocido al padre Tablares. Por nada del mundo quería pecar de engreimiento. El verdugo les miraba impaciente, la tea en la mano derecha, mientras el escribano, pluma en ristre, esperaba al pie del palo la confesión del reo. Cipriano volvió a cerrar los ojos, a pedir una seña a Nuestro Señor. Sintió el latido doloroso en el párpado y murmuró humildemente, como excusándose por su obstinación:

– Si la Romana es la Apostólica, creo en ella con toda mi alma, padre -musitó.

La cólera del pueblo exigiendo la hoguera, la buena disposición del verdugo para complacerle, apremiaban al padre Tablares que, en un impulso paternal, levantó la mano derecha y acarició la mejilla del reo:

– Hijo, hijo, ¿por qué has de poner condiciones en esta hora? -dijo.

La angustia crecía en el pecho de Cipriano. Buscó una nueva fórmula que no le traicionara, que expresara sus sentimientos y, al propio tiempo, diera satisfacción al jesuita; unas tiernas palabras ambiguas:

– Creo en Nuestro Señor Jesucristo y en la Iglesia que lo representa -dijo con un hilo de voz.

El padre Tablares bajó la cabeza desalentado. No había más tiempo. Los espectadores pedían a gritos el sacrificio: voceaban, brincaban, alzaban los brazos. Los silbatos de los niños aturdían. El humo hacía llorar los ojos. Una mujer gruesa comía buñuelos tranquilamente junto a Minervina. El padre Tablares, consciente de su fracaso, descendió lentamente la escalerilla, vio a Minervina sollozando junto al verdugo y a éste mirándole a él atentamente. Entonces hizo la seña, un leve ademán con la mano derecha señalando la carga de leña, sobre el burrajo.

El verdugo arrimó la tea a la incendaja y el fuego floreció de pronto como una amapola, despabiló, humeó, rodeó a Cipriano rugiendo, lo desbordó. La multitud prorrumpió en gritos de júbilo cuando se produjo la deflagración y enormes llamas envolvieron al reo. Señor, acógeme -murmuró éste. Sintió un dolor intensísimo, como si le arrancaran la piel a tiras, en las caras internas de los muslos, en todo su cuerpo, con una intensidad especial en las yemas de los dedos.

Apretó los párpados en silencio, sin mover un músculo, resignadamente. El pueblo, sobrecogido por su entereza, pero en el fondo decepcionado, había enmudecido. Entonces rompió el silencio el desgarrado sollozo de Minervina. La cabeza de Cipriano había caído de lado y las puntas de las llamas se cebaban en sus ojos enfermos.

Declaración de Minervina Capa

En la villa de Valladolid, a veintiocho días del mes de mayo de mil quinientos cincuenta y nueve, estando los señores inquisidores don Teodoro Romo y don Mauricio Labrador en su audiencia de la tarde, ordenaron comparecer ante sí a Minervina Capa, de cincuenta y seis años, natural de Santovenia de Pisuerga y vecina de Tudela, que juró en forma debida decir la verdad.

Preguntada por la razón de su presencia en el quemadero en la tarde del 21 de mayo de 1559 y su relación con el relajado Cipriano Salcedo, la atestante manifestó que el interfecto había sido “su niño”, desde la muerte de su madre en 1517, que le había criado a sus pechos y le había atendido en sus necesidades. Manifestó asimismo que, terminada la crianza, esta testigo quedó al servicio de don Bernardo Salcedo, viudo y padre de la criatura, hasta que decidió internar al niño en el Hospital de Niños Expósitos para su formación, determinación que dolió mucho a la declarante.

Preguntada por el hecho de haber conducido la borriquilla hasta el palo, la atestante declaró que el reo iba muy enfermo de los ojos y las piernas, y que la idea de que ella le condujera partió del tío y tutor del interfecto don Ignacio Salcedo, presidente de la Real Chancillería, que había ordenado buscarla por todos los pueblos del alfoz mediante PREGONES, y hallóla, al fin, en Tudela de Duero donde residía desde su matrimonio con el labrantín Isabelino Ortega, al cual había dado dos hijos, ya mozos. Y que el dicho don Ignacio Salcedo al pedirle que acompañara a la hoguera a su sobrino, le hizo saber que de otro modo éste se iba a encontrar muy solo en esa tarde tan triste, momento en que esta declarante aceptó acompañarle como hubiera accedido -dijo- a morir en su lugar si así se lo hubiesen pedido.

Preguntada por las personas que hablaron con el reo en el palo, o si se le encomendó algún encargo para cuando el mismo falleciera, o si vio u oyó alguna cosa tocante a la herejía de la que debe dar cuenta al Santo Oficio, la atestante juró en forma de derecho que el día de autos no advirtió ni vio nada en el quemadero fuera de lo que a continuación iba a decir. O sea el gran número de religiosos y colegiales de la Santa Cruz que rodeaban al penitente más grueso, un fraile de mejillas sonrosadas al que decían fray Domingo, que al decir de ellos iba pertinaz. Pero que fue solamente el llamado padre Tablares el que le exhortó y convenció. Y que una vez terminada la asistencia, el mismo padre Tablares acudió al palo de “su niño” y le dijo: Hermano Cipriano, aún es tiempo. Reducíos y afirmad vuestra fe en la Iglesia Romana , pero que “su niño” abrió un poco los ojos enfermos y le dijo: Creo en la Santa Iglesia de Cristo y de los Apóstoles. Asegura esta declarante que el llamado padre Tablares porfió para que el penitente pronunciara la palabra “romana” a lo que el penitente respondió que si la Romana era la de los Apóstoles, como debía ser, creía en ella. Dijo asimismo que algo más debió de decirle el fraile a “su niño” puesto que estuvieron un rato con los rostros juntos pero que no guardaba memoria de lo que le dijo o tal vez no alcanzó a oírlo porque era mucho el jolgorio y la confusión que había en el quemadero.

Preguntada finalmente la atestante si vio u oyó alguna otra cosa que, por una razón o por otra, considerase que debe declarar al Santo Oficio, la atestante manifestó que, en todo caso, de lo que vio aquella tarde, lo que más la conmovió fue el coraje con que murió “su niño”, que aguantó las llamas tan tieso y determinado, que no movió un pelo, ni dio una queja, ni derramó una lágrima, que a la vista de sus arrestos, ella diría que Nuestro Señor le quiso hacer un favor ese día. Preguntada la atestante si ella creía de buena fe que Dios Nuestro Señor podía hacer favor a un hereje, respondió que el ojo de Nuestro Señor no era de la misma condición que el de los humanos, que el ojo de Nuestro Señor no reparaba en las apariencias sino que iba directamente al corazón de los hombres, razón por la que nunca se equivocaba. Por lo demás, terminó la declarante, no advirtió ni vio, ni oyó nada que su memoria guarde, aparte de lo transcrito.

Fuela encargado el secreto so pena de excomunión.

Fui presente yo, Julián Acebes, escribano.

(Declaración de Minervina Capa, de Santovenia de Pisuerga, en el informe de las personas que asistieron a las ejecuciones del día 21 de mayo de 1559.)

Biografia

Siguiendo a cierra ojos el currículo, copiamos la fecha de su nacimiento -17 de octubre de 1920- y ésta nos sirve para discutir, sin extendernos en exceso, el marco generacional que más le conviene. A caballo entre la generación de 1936 y la de 1950, dice Edgar Pauk que «Miguel Delibes equidista de [Camilo José] Cela y [Juan] Goytisolo, y participa de algunas características de ambos, pero se mantiene independiente de los grupos que ambos representan, de tal modo que no es reconocido ni por el uno ni por el otro»

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «El Hereje»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «El Hereje» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «El Hereje»

Обсуждение, отзывы о книге «El Hereje» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x