Lisa See - El Abanico De Seda

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En una remota provincia de China, las mujeres crearon hace siglos un lenguaje secreto para comunicarse libremente entre sí, el nu shu. Aisladas en sus casas y sometidas a la férrea autoridad masculina, el nu shu era su única vía de escape. Mediante sus mensajes, escritos o bordados en telas, abanicos y otros objetos, daban testimonio de un mundo tan sofisticado como implacable. El año 2002, Lisa See viajó a la provincia de Huan, cuna de esta milenaria escritura fonética, para estudiarla en profundidad. Su prolongada estancia le permitió recoger testimonios de mujeres que la conocían, así como de la última hablante de nu shu, la nonagenaria Yang Huanyi.
A partir de aquellas investigaciones. concibió esta conmovedora historia sobre la amistad entre dos mujeres. Lirio Blanco y Flor de Nieve. Como prueba de su buena estrella, la pequeña Lirio Blanco, hija de una humilde familia de campesinos, será hermanada con Flor de Nieve, de muy diferente ascendencia social. En una ceremonia ancestral, ambas se convierten en laotong -“mi otro yo” o “alma gemela”-, un vínculo que perdurará toda la vida. Así pues, a lo largo de los años. Lirio Blanco y Flor de Nieve se comunicarán gracias a este lenguaje secreto, compartiendo sus más íntimos pensamientos y emociones, y consolándose de las penalidades del matrimonio y la maternidad. El nu shu las mantendrá unidas, hasta que un error de interpretación amenazará con truncar su profunda amistad…

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Juntos, los señores Li, Chen y Chen me llevaron a pie, en coche, en carros tirados por ponis y en sampán a ver y hacer todo cuanto yo quería. Fuimos a Tong Shan a conocer a Yang Huanyi, que entonces tenía noventa y seis años y era la mujer más anciana que conocía el nu shu. Le habían vendado los pies cuando era niña y me relató su experiencia, así como los ritos nupciales. (Aunque el vendado empezó a prohibirse a finales del siglo XIX, continuó realizándose en las zonas rurales hasta bien entrado el siglo XX. En 1951, cuando el ejército de Mao Zedong liberó el condado de Jiangyong, dejó de practicarse.)

Hace relativamente poco tiempo la República Popular China rectificó su postura respecto al nu shu y ahora lo considera un importante elemento de la lucha revolucionaria del pueblo chino contra la opresión. El gobierno intenta mantener viva la escritura, para lo cual ha abierto una escuela de nu shu en Puwei. Fue allí donde conocí y hablé con Hu Mei Yue, la nueva maestra, y con su familia. Ella me contó historias de sus abuelas y me explicó cómo le habían enseñado el nu shu.

Incluso hoy día el pueblo de Tongkou es un lugar extraordinario. La arquitectura, los frescos pintados en las casas y lo que queda del templo de los antepasados dan fe del refinamiento que en otros tiempos tuvieron sus habitantes. Aunque ahora el pueblo es pobre y remoto, es curioso ver que en el templo se menciona a cuatro hombres de esa región que alcanzaron el rango más elevado de los funcionarios imperiales durante el reinado del emperador Daoguang. Además de todo lo que aprendí en los edificios públicos, quiero expresar mi gratitud a todos los habitantes de Tongkou que me dejaron entrar en sus casas y formularles numerosas preguntas. También estoy muy agradecida a los habitantes de Qianjiadong -considerado el Pueblo de las Mil Familias de las leyendas yao, redescubierto por los intelectuales chinos en los años ochenta-, que también me agasajaron generosamente.

El mismo día que regresé a mi casa, envié un correo electrónico a Cathy Silber, profesora del Williams College, que en 1988 había realizado un trabajo de campo sobre el nu shu para redactar su tesis, y le dije lo impresionada que estaba de que hubiera vivido seis meses en una región tan aislada y con tan pocas comodidades. A partir de entonces hablamos a menudo del nu shu, de la vida de las mujeres que lo practicaban y de Tongkou. También me ayudó muchísimo Hui Dawn Li, que contestó a numerosas preguntas acerca de las ceremonias, el idioma y la vida doméstica. Estoy inmensamente agradecida por sus conocimientos, su franqueza y su entusiasmo.

Asimismo estoy en deuda con la obra de varios intelectuales y periodistas que han escrito acerca del nu shu: William Chiang, Henry Chu, Hu Xiaoshen, Linlee Lee, Feiwen Liu, Liu Shouhua, Anne McLaren, Orie Endo, Norman Smith, Wei Liming y Liming Zhao.

El nu shu se basa en gran medida en frases e imágenes estandarizadas -como «el fénix grazna», «dos patos mandarines» o «los espíritus celestiales nos unieron»-, y yo, a mi vez, me he basado en las traducciones de esas frases. Sin embargo, dado que esto es una novela, no he utilizado los típicos metros pentasilábicos y heptasilábicos empleados en las cartas, canciones y relatos escritos en nu shu.

En cuanto a la información sobre China, el pueblo yao, las mujeres chinas y el vendado de los pies, debo destacar la obra de Patricia Buckley Ebrey, Benjamin A. Elman, Susan Greenhalgh, Beverly Jackson, Dorothy Ko, Ralph A. Litzinger y Susan Mann. Por último, el sugerente documental de Yueqing Yang, Nu-shu: A Hidden Language of Women in China, me ayudó a entender que muchas mujeres del condado de Jiangyong todavía viven con las secuelas de los matrimonios concertados. Todas esas personas tienen sus propias opiniones y conclusiones, pero recordad, por favor, que El abanico de seda es una obra de ficción, que no pretende explicarlo todo acerca del nu shu. Es una historia que ha pasado por el filtro de mi corazón, mi experiencia y mis investigaciones. Dicho de otro modo, cualquier error hay que atribuírmelo a mí.

Bob Loomis, mi editor de Random House, hizo gala una vez más de su paciencia, agudeza y meticulosidad. Benjamin Dreyer, excelente revisor, me ofreció muy buenos consejos, por los que le estoy profundamente agradecida. Gracias también a Vincent La Scala, que guió la novela, y a Janet Baker, que leyó con atención el manuscrito. Ninguna de mis obras habría visto la luz de no ser por mi agente, Sandy Dijkstra. Su fe en mí ha sido inquebrantable, y ha sido un placer trabajar con sus colaboradores, sobre todo con Babette Sparr, que se encarga de los derechos para el extranjero y que fue la primera persona que leyó el manuscrito.

Mi esposo, Richard Kendall, siempre me animó a continuar. En esta ocasión tuvo además que sortear las preguntas de mucha gente que, mientras yo estaba fuera, le decía: «¿Y dejas que se vaya allí sola?» Él no dudó ni un momento en dejar que yo siguiera lo que me marcaba el corazón. Mis hijos, Christopher y Alexander, me inspiraron más de lo que cualquier madre podría desear, pese a que estuvimos físicamente separados mientras escribía este libro.

Por último, gracias a Leslee Leong, Pam Maloney, Amelia Saltsman, Wendy Strick y Alicia Tamayac, que me cuidaron cuando sufrí una conmoción cerebral grave y me llevaron por Los Angeles a las citas con los médicos y a hacer otros recados durante los tres meses que no pude conducir. Ellas son un ejemplo viviente de una hermandad, y sin ellas no habría podido terminar este libro.

Lisa See

Nació en Paris en 1955 pero ha pasado gran parte de su vida en Los Angeles - фото 2

Nació en Paris en 1955, pero ha pasado gran parte de su vida en Los Angeles, especialmente en Angeles Chinatwon. Es descendiente, por línea paterna, de una familia china asentada en Estados Unidos desde que su bisabuelo se estableció en Los Ángeles, donde llegó a ser el patriarca de Chinatown. Su madre Carolyn See, es también escritora y novelista.

Lisa See ha sido corresponsal durante trece años para la costa oeste para Publishers Weekly; ha escrito artículos para Vogue, Self, y More; ha escrito el libreto para la opera basada en la obra On Gold Mountain; y ha ayudado a desarrollar la Galeria Family Discovery Gallery para el Autry Museum, que representa a Los Angeles de la década de los 30 bajo la perspectiva de su padre como un niño de 7 años. See es también una oradora pública. Ha escrito y dirigido para muchos eventos culturales haciendo hincapié en la importancia de Los Angeles y Chinatown.

Lisa See está casada, tiene dos hijos y vive en Los Ángeles.

Entre sus premios y reconocimientos estan el de la Organización de Mujeres China-Americanas; premio Nacional de la Mujer del Año 2003 y el Premio de History Makers presentada por el Museo Chino Americano. Ella también ha ganado el premio a la Mamá del año de la fundación Christopher Kendall.

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