– «Si me ofrecieran volver al día antes de que tú y yo estuviéramos en aquel baño, te aseguro que no dejaría pasar la oportunidad. El problema es que es imposible -sigue leyendo-. Si no quieres compartir mi vida conmigo, tal vez compartirás mi muerte».
Con la mirada posada sobre la carta, sigue leyendo:
– «Siento lo que va a pasar mañana en las Naciones Unidas, cómo te engañaré para que me mates. -Sigue leyendo-: Tú me has hecho un hombre nuevo. Y eso es mucho. -Sigue leyendo-: Gracias».
Y para terminar, escrito en el papel: «Te quiere», seguido de «Trevor Stonefield».
Los dedos del agente-yo palpan la ampolla que lleva metida en el pantalón, con la toxina. Dentro de su cráneo recita la oración del héroe benévolo y salvador altruista Mao Tse-Tung: «¡Si tienes que cagar, caga! ¡Si tienes que tirarte un pedo, tíratelo! Así te sentirás mucho mejor».
– Ese dinero que me diste en el Wal-Mart -dice el hermano-puerco-. Olía a culo… -dice-: ¿Cómo es posible?
Desde la lejanía, desde el distante pasillo terminal, el único testigo es el anciano esqueleto Doris Lilly. Observando con sus cataratas, sin parpadear. Al momento siguiente, su amenazadora cabeza arrugada se inclina hacia delante y lo vuelve a hacer para repetir ese gesto de la cabeza que quiere decir «sí». Los pies del ominoso cadáver se ausentan, deambulando para terminar con su presencia, eclipsándose por detrás de un montón de alimentos absurdos para el desayuno, de muchos montones de nutrientes en proceso de expirar.
Objetos moribundos. Clientes moribundos. Tristeza desesperante.
En ese momento llega el agente Chernok para impartir una porción generosa de fondos abundantes en papel moneda legal americano. Billetes con retratos impresos de los presidentes Lincoln, Jackson y Washington.
Cita: «¡Si tienes que cagar, caga! ¡Si tienes que tirarte un pedo, tíratelo! Así te sentirás mucho mejor».
Las manos del agente-yo hurgan mucho más adentro del pantalón, y sus dedos agarran la ampolla de cristal. La extraen a fin de presentársela al perro-puerco. Y la voz de este agente, empleando un tono informal, le explica que la ampolla contiene Listerine: una colonia eficaz para volver locas a todas las señoritas. Despliega la ampolla para hacerla más apetecible. Y anuncia que ha inventado un afrodisíaco super-mega-eficaz, tal como el hermano-puerco le pidió. Sostiene en alto la ampolla con la toxina letal, acercando la mano más y más a la cara del hermano-huésped.
COMUNICADO TRIGESIMOCUARTO
Empieza aquí el informe trigesimocuarto del agente-yo, número 67, sobre su partida del aeropuerto del área metropolitana de XXXXX en el interior americano. Vuelo XXXXX. Fecha XXXXX. El destino es la final de la competición de la Feria Nacional de las Ciencias, que se celebra en la ciudad de Washington, Distrito de Columbia, la sede nacional de la muy odiada nación americana.
Con el objeto de ejecutar el clímax de la Operación Estrago.
Los agentes-compañeros que están presentes en el interior del aeropuerto son el agente Tibor, la agente Magda y el agente Ling. Todos: Sheena, Bokara, Chernok y Mang. Otto y Oleg.
El único miembro de la familia Cedar que ha venido para presenciar la partida de este agente es la madre-huésped. La esmirriada madre-pollo, con su cara picuda muy irritada y de color rojo, a causa del reciente derramamiento de agua abundante de los ojos. El padre-huésped: detenido bajo la custodia de la policía federal. El hermano-puerco huésped: desaparecido. La hermana-gata huésped: odia a muerte al agente-yo.
El anciano cadáver viviente Doris Lilly también ha venido para hacerme de acompañante durante el viaje a la feria de las ciencias.
Las zarpas de pollo de la madre-huésped retuercen un pañuelo de papel frente a su pico. Estruja el pañuelo saturado de agua ocular y dice:
– Que tengas un buen viaje… -Dice-: Te echaremos de menos… -Su cuerpo de pollo se estremece por culpa de los fuertes sollozos, y su cara está roja por culpa del rubor de la sangre.
Dentro de su cráneo, este agente recita: «… manganeso, mosquetero, Modesto…».
La madre-huésped sufre violentos sollozos. Se seca el agua que le inunda la cara.
La voz secreta del agente-yo recita: «… xenón, xilófono, Xanax…».
La madre-pollo se seca la piel facial saturada de agua. Inhala profundamente con unos orificios nasales cargados de mocos infinitos. Y con una terrible voz borboteante dice:
– ¿Pigmeo? -Dice-: ¿Te acuerdas de que te dije que te convertiríamos en americano o moriríamos en el intento?
Esbozando una tenue sonrisa con la boca de pollo y con los ojos inundados, dice:
– Pues bueno, si ahora cogieras el primer avión de vuelta a tu país, no te culparía en absoluto. -Haciendo trizas el pañuelo mojado, dice-: Esta familia… todo este país es un desastre total.
El padre detenido. El hijo desaparecido. La madre llorando.
Parpadeando con los ojos inundados, dejando caer trocitos de papel con el pico, la madre huésped dice:
– Entendería del todo que no quisieras que te adoptemos, o sea… -Los hombros le tiemblan y se le convulsionan. Con sus codos de pollo pegados a los costados. Y añade-: Ahora mismo, todo es un desastre absoluto.
Los dos brazos temblorosos de la madre-huésped salen lanzados para abrazar a este agente. Agarran el torso del agente-yo y aplican presión a la cabeza de este agente entre las glándulas mamarias de la madre-huésped. Humedeciendo el pelo del agente-yo con tanta agua ocular materna. El sonido de las contracciones, pim-pam, pim-pam, pim-pam, de las convulsiones sistemáticas normales del músculo cardíaco de la madre, llega al oído de este agente.
Con el pulso cardíaco batallando contra la máquina de pensar, el agente-yo recita los elementos químicos básicos:«… neón, nylon, Nashville…».
Al momento siguiente, la acompañante Doris Lilly se acerca. Los pasos tambaleantes de la momia arrugada llegan, y su cara de cera dice:
– Lo siento, queridos, pero es hora de que cojamos nuestro vuelo…
La multitud reunida de estudiantes clamorosos se pone a cantar con una sola voz:
– ¡Pig-me-o!
Cantan:
– ¡Pig-me-o!
Aclaman:
– ¡Pig-me-o!
Las zarpas de Doris Lilly pellizcan el hombro del agente-yo, sus dedos de loro le aferran el hueso de la clavícula para que se separe de la madre-huésped. A continuación orientan a este agente para que se dirija por el camino del embarque en el avión. Despidiéndose de la madre-huésped cada vez más lejana con una mano vetusta. Haciendo gestos de despedida, Doris Lilly dice:
– «Después te arrepentirás de haber sido tan amable».
Para que conste en acta… esto no es posible.
La señora marchita ha citado con exactitud al furioso líder e implacable general Adolf Hitler.
Este agente va ataviado con su túnica negra que dice «Propiedad de Jesús», llena de grabados de agua ocular que ha dejado en ella la madre-huésped.
La madre-huésped se inclina hasta poner su cara al nivel de la cara del agente-yo. La madre frunce sus labios faciales y ofrece el gesto de poner en contacto los labios con la piel facial de este agente a fin de expresar una demostración de afecto.
Cita: «Después te arrepentirás de haber sido tan amable».
Al contrario que en la ocasión pasada, el día infame en que fue separado de su progenitora femenina para el test vocacional, los pies del agente-yo se retiran ahora de la aeronave para esprintar huyendo de regreso hasta la madre-huésped. Este agente acepta el abrazo que la madre le ofrece. Presiona sus labios contra la mejilla facial de la madre-pollo y prueba su agua ocular con sabor a cloruro de sodio. Frunce los labios para realizar el gesto que denota afecto.
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