ROBBIE tarda en responder.
ROBBIE: Música. He encontrado música.
DAVID se vuelve y ve el gramófono. No es fácil descifrar su expresión, una combinación de placer y tristeza. Dejamos de enfocar su cara, pasamos al brazo y de allí a las manos. Los dedos de una de ellas están vendados con una venda improvisada y sucia.
DAVID: Bueno… ¿a qué estás esperando?
ROBBIE pone un disco en el gramófono y comienza a oírse el chisporroteo del Claro de luna de Debussy.
ROBBIE se acerca a DAVID llevando las mantas y el pan. Camina con cuidado, afirmándose en el suelo. El desmoronamiento de la trinchera le ha dejado más heridas de las que confiesa. DAVID tiene los ojos cerrados.
ROBBIE toma una navaja de su mochila y comienza la difícil tarea de cortar el pan en porciones. Lo logra, deja una porción en el suelo, junto a DAVID. Le arroja otra a FRED, que está en la puerta. Hambriento, FRED trata de morderla.
ROBBIE, aún fumando su cigarrillo, le ofrece un poco de pan al perro, que lo huele, mira a ROBBIE y luego se va. ROBBIE se quita los zapatos y las medias húmedas. Tiene los pies sucios y con ampollas.
De pronto se oyen disparos. DAVID abre repentinamente los ojos. A través del vano de la puerta vemos el fuego de la batalla en el horizonte. El ruido es terrible. La furia de las explosiones es todo un contraste con la música de Debussy.
Volvemos a las caras de los hombres, los tres con ojos muy abiertos, el reflejo de las explosiones en sus mejillas.
Por fin ceden los disparos. Vuelve el silencio y se apagan las brillantes luces. Sus rostros retornan a la oscuridad. El disco termina.
FRED(Aún mirando el lejano campo de batalla): Pobres cabrones.
DAVID: Estarán arrastrándose por tierra de nadie. Los que quedan. Recogiendo los cuerpos.
FRED (Temblando): Me hace sentir culpable no estar allí para ayudar. Y agradecido.
ROBBIE se pone de pie y va hacia la puerta.
ROBBIE: Yo te reemplazaré. Estás cansado.
FRED: Igual que tú. No puedo entenderlo. No has dormido durante días, desde que él (señala a David) te sacó de esa trinchera. Aún no comprendo cómo saliste de allí.
ROBBIE (Rápidamente): Estoy bien.
FRED (Temblando): Todo tuyo, compañero.
FRED se aleja y se sienta en el suelo junto a DAVID. Acomoda una de las mantas sobre sus piernas, aferrando todavía su arma contra el pecho. DAVID saca de su mochila un mazo de cartas.
DAVID: Vamos, Fred. ¿Una partidita rápida antes de que te duermas?
FRED: No sé decir que no al juego. Mantiene la mente ocupada.
DAVID le entrega el mazo a FRED. Señala su propia mano vendada.
DAVID: Baraja tú.
FRED: ¿Y él?
DAVID: Robbie no juega. No quiere sacar el as de picas.
FRED: ¿Qué tiene en contra del as de picas?
DAVID (Lisa y llanamente): Es la carta de la muerte.
FRED suelta una carcajada. La conmoción de las semanas pasadas se manifiesta como una especie de histeria.
FRED: ¡Bastardo supersticioso! ¿Qué tiene en contra de la muerte? Todo en el mundo está muerto. Dios está muerto. Sólo quedan los que están enterrados. Y nosotros tres.
ROBBIE está sentado junto al vano de la puerta, mirando hacia el frente. El perro se ha acercado para tenderse en el suelo junto a él.
ROBBIE(Cita para sí mismo a William Blake): Sin saberlo, somos socios del Demonio.
FRED (Escuchando sin querer): ¡Lo sabemos muy bien! Un hombre no tiene más que pisar esta tierra dejada de la mano de Dios para saber que el Demonio dirige este espectáculo.
Mientras DAVID y FRED siguen jugando a las cartas ROBBIE enciende otro cigarrillo y saca del bolsillo una pequeña libreta y un bolígrafo. Mientras escribe, vemos sus recuerdos de la batalla.
ROBBIE (Voz en off): El mundo se ha vuelto loco. El horror se ha vuelto algo común. Hombres, mujeres y niños son masacrados a diario. Abandonados donde están, o evaporados sin dejar rastro. Un cabello, un hueso, el botón de una camisa. La civilización parece haber muerto. Porque ¿cómo puede seguir existiendo?
Se oye un ronquido. ROBBIE deja de escribir. El perro ha apoyado la cabeza en su pierna. Duerme profundamente. Mueve los párpados mientras sueña.
Vemos la cara de ROBBIE, iluminada por la vela, mientras observa al perro. Lenta, cautelosamente, ROBBIE extiende una mano y la apoya suavemente en el vientre del animal. La mano de ROBBIE tiembla. Sonríe débilmente.
ROBBIE (Voz en off): Y aun en medio del horror, el inocente encuentra consuelo en el sueño.
EXTERIOR. GRANJA ABANDONADA, POR LA MAÑANA
Es de día. Un débil rayo de sol asoma entre las nubes. La lluvia nocturna gotea desde las hojas de los árboles. El suelo tiene una nueva y gruesa capa de barro. Los pájaros han salido de sus refugios y se llaman unos a otros. Los tres Soldados están de pie fuera de la granja, con las mochilas a la espalda.
DAVID sostiene una brújula en la mano que no está vendada. Mira a su alrededor, señala en la dirección donde se veía el fuego de artillería la noche anterior.
DAVID: Hacia el este. Debe de ser Passchendaele.
ROBBIE asiente con gesto grave. Entorna los ojos y mira el horizonte.
ROBBIE: Hacia el este, entonces.
Parten. El perro los sigue.
informe completo de la trágica
muerte del capitán david hartford
Octubre de 1917
Estimado lord Ashbury,
Tengo el terrible deber de informarle sobre la triste noticia de la muerte de su hijo David. Comprendo que en estas circunstancias poco pueden hacer las palabras por atenuar su pena y su dolor, pero en calidad de oficial superior inmediato de su hijo, y de persona que lo ha conocido y admirado, quiero hacerle llegar mis más sinceras condolencias por su tremenda pérdida
Deseo también informarle acerca de la valiente actitud que demostró su hijo, con la esperanza de que pueda darle algún consuelo saber que vivió y murió como un caballero y un soldado. El día anterior a su muerte, comandaba un grupo de hombres a quienes se les había encomendado una tarea de reconocimiento de importancia vital. Esa noche él decidió dirigir a sus hombres en una misión fundamental para localizar al enemigo. Le complacerá saber que gracias al excelente liderazgo de su hijo y el buen trabajo de los hombres a su cargo, logramos nuestro objetivo.
Los hombres que acompañaban a su hijo me han informado de que entre las tres y las cuatro de la mañana del 12 de octubre, mientras regresaban al Cuartel General, los sorprendió la repentina muerte del soldado David Hartford. La esquirla de un proyectil cayó sobre él matándolo instantáneamente. Nuestro único consuelo es que no sintió ningún dolor.
Fue sepultado al amanecer en el sector norte del pueblo de Passchendaele, un nombre, lord Ashbury, que será largamente recordado en la historia de las fuerzas armadas británicas. El lugar de su última morada fue escenario de una de las más gloriosas victorias de nuestro país. En la 4ª División de Essex lo echaremos de menos terriblemente.
Si hay algo que pueda hacer por usted, por favor, no dude en decírmelo.
Sinceramente suyo.
Teniente Coronel Lloyd Auden Thomas
Es una hermosa mañana de marzo. Los claveles bajo mi ventana han florecido, inundando la habitación de su aroma dulce y embriagador. Si me inclino hacia el alféizar y miro hacia el parterre, puedo ver los pétalos superiores, que brillan bajo el sol. A continuación se abrirán las flores del melocotonero, y luego el jazmín. Todos los años sucede lo mismo, y así continuará en los años venideros. Mucho después de que yo ya no esté aquí para disfrutarlas. Serán eternamente frescas, eternamente esperanzadoras, siempre inocentes.
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