Iain Banks - Pasos sobre cristal

Здесь есть возможность читать онлайн «Iain Banks - Pasos sobre cristal» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Город: Barcelona, Год выпуска: 1989, ISBN: 1989, Издательство: Serbal, Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Pasos sobre cristal: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Pasos sobre cristal»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

La historia de
, son tres historias en realidad. En la primera tenemos a Graham, un joven artista que se dirige a casa de su amiga Sarah, acompañado de una carpeta con varios dibujos de ella. En segundo lugar está Steven Grout, un tipo verdaderamente extraño, que acaba de renunciar a su puesto de trabajo y que siempre va con casco, huyendo de sus Atormentadores. Y por último tenemos a Quiss y Ajayi, un hombre y una mujer, respectivamente, ya mayores, que están encerrados en un extraño castillo, algunas de cuyas paredes son de cristal, detrás de las cuáles hay peces luminiscentes, y donde pasan los días jugando a estrambóticos juegos de mesa con el fin de poder obtener la opción de responder a un acertijo, y así poder salir libres.

Pasos sobre cristal — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Pasos sobre cristal», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

—Bien —dijo Starke, y comenzó a explicarle a Steven los pasos a seguir para inscribirse como desocupado.

Grout no le prestaba atención. Observaba el rostro del joven, cuya expresión entre aburrida, experimentada y profesional había visto cientos de veces.

Oyó las palabras «P45» en el discurso de Starke, y el alma se le cayó al suelo. ¿No era eso acaso lo que se le había caído? ¿O se confundía? Cuando se alejaba corriendo del almacén, Ashton le había gritado algo que sonaba parecido. Oh, oh. Una salva de microondas se abatió sobre él; sintió por todo su cuerpo el embate de una desagradable calidez, y sintió que se le enrojecía el rostro. La piel le picaba. ¡Maldición! Después de haber abandonado el almacén estaba tan satisfecho, victorioso incluso, que se había olvidado por completo acerca del impreso caído. Pero naturalmente; Dan Ashton le había perseguido con la intención de dárselo.

O al menos, se le ocurrió repentinamente, eso era lo que ellos querían que él creyese. Él no se acordaba de haber recibido aquel impreso; lo más probable es que ellos ni siquiera se lo hubieran dado. Si era tan importante, casi seguro que no lo habían hecho. Lo mismo le sucedió con los talones del seguro de desempleo la última vez que estuvo sin trabajo; lo hacían para acabar con su resistencia. Podían decir todo lo que quisieran acerca de impresos mal rellenados, direcciones incorrectas y todo el rollo; él sabía lo que en realidad estaba sucediendo. Querían destruirle lentamente a toda costa.

Sin duda, ellos no tenían que consultar con sus superiores —esos misteriosos Controladores, fuesen humanos o no— para recibir instrucciones, ya que probablemente estaban provistos de planes bien dispuestos y preparados. Así que incluso si él conseguía despistarles, ellos siempre tendrían algún método para maltratarle. ¡Malditos bastardos!

Había veces, tenía que admitirlo, en las que deseaba que le dejaran sólo, permitiéndole vivir su mediocre, insignificante e inútil vida en paz. Las cosas no cambiarían mucho, pero podría resultar casi soportable si al menos dejasen de atormentarle. Era un pensamiento innoble y desmerecedor, lo sabía, pero él tan sólo era —por lo menos ahora— un humano, y por lo tanto víctima de las debilidades humanas, cualquiera que hubiese sido su condición sobrehumana durante la Guerra. Esto demostraba lo bien que ellos habían hecho su trabajo que hasta él se permitía considerar un aspecto tan detestable. Habían pisoteado de tal manera sus más altos pensamientos, su fe en sí mismo, que casi no dudaría en cambiar por un poco de paz la posibilidad de volver a su previa y gloriosa existencia.

¡Pero él no se rendiría! ¡Ellos jamás ganarían!

A pesar de todo, deseaba haber prestado un poco más de atención a los hechos que se sucedieron cuando abandonaba el almacén, y así poder descubrir en el momento su triquiñuela con respecto al asunto del impreso que se suponía él debía perder. Se preguntó si ellos tendrían alguna otra clase de rayo con el cual hacerle olvidar cosas, o lograr que su atención desvariara. El problema era, pensó, mientras Starke seguía hablando, que sería muy difícil notar cuando ellos estuvieran utilizando semejante dispositivo diabólico e imperceptible. Aquello requería ser analizado en profundidad. ¿Pero qué hacer ahora?

Siempre podía echar mano a la Venganza. Regresar allí a la manera de una misión comando.

Desde que había terminado la escuela de segunda enseñanza hallaba algún placer y desahogo en desquitarse de ellos de maneras que obviamente no se esperaban. Había arrojado piedras contra las ventanas de las oficinas o trabajos de donde le despedían, mutiló edificios, raspó coches oficiales y estropeó sus capotas (si bien lo hacía mayormente por su propia seguridad), y se dedicó a las amenazas falsas de bomba por teléfono. No era gran cosa, y no cabía duda de que ellos sabían muy bien cómo contrarrestarlas, pero aparte del hecho de que esas venganzas indudablemente molestaban un poco a sus Atormentadores, haciendo que su existencia y sus crueles propósitos no les resultasen tan fáciles, el mayor efecto era sobre él. Aliviaba su frustración, daba rienda suelta a su cólera y a su odio. Si hubiera intentado guardárselo, de una manera u otra hace tiempo que habría explotado. Ellos hubiesen sido capaces de declararle alienado, o bien él habría hecho algo tan terrible y criminal por lo cual terminaría en prisión, siendo allí sodomizado y apuñalado; calladamente eliminado sin crear alboroto ya que ahí dentro las reglas del juego eran diferentes. Al menos aquí afuera tenían que amoldarse a cierta clase de normas, por más que se tratase de normas que ellos podían modificar de acuerdo a sus necesidades (como aumentar las tarifas de los autobuses justo cuando él acababa de encontrar aquel trabajo en la alejada Brentford), pero en la prisión, incluso más que en un manicomio, no existían límites para lo que ellos pudieran hacerle.

Starke aún continuaba hablando, sacando papeles de los cajones del escritorio y enseñándoselos a Grout, pero Steven ni estaba mirando ni escuchando. Sus ojos brillaban mientras pensaba en la forma de vengarse de los sujetos de Islington. Podría ir y remover durante la noche los trabajos de reparación que hubiesen hecho y rellenar los baches con cemento. ¡Sacar aquello les costaría un trabajo de narices! Y también podría hacer lo mismo con los baches que habían rellenado aquella mañana en la calle Mayor. Dejaría aquellos que él había reparado, así tendrían que tragarse sus palabras acerca de su inferioridad: ¡eso sería muy satisfactorio!

Steven se incorporó, ajustándose el casco firmemente sobre su cabeza. Starke le estaba contemplando.

—¿Señor Grout?

—¿Qué? —dijo Steven bajando la vista, viendo nuevamente al joven empleado. Frunció el entrecejo y sacudió su cabeza—. No se preocupe. Lo solucionaré más tarde. Ahora tengo cosas que hacer. —Dio media vuelta y salió caminando. Starke le estaba diciendo algo a sus espaldas.

Ya les mostraría. No se saldrían con la suya. Se dio de cara con algunas de las personas que se dirigían a hacer la cola para ser atendidas (ja ja; ¡sí que había llegado justo antes de la hora punta), y salió nuevamente a la calle y al luminoso sol.

Resolvería más tarde el asunto del seguro de desempleo. De todos modos, tendría que haberse dirigido a la Oficina de Empleo local en donde le conocían. No importaba. Al menos tenía algunas ideas para su Venganza. Iría a su habitación, se lavaría y cambiaría de ropas, después… después se bebería un trago y seguiría pensando la forma en que iba a desquitarse de todos ellos. Tal vez aquella misma noche organizaría una expedición punitiva, ya que «a hierro caliente batir de repente». Era arriesgado, especialmente considerando que la noche anterior había salido a poner azúcar en depósitos de combustible de coches y motos, aunque sin embargo no tenía que descartar la idea. Lo pensaría luego.

Haciendo una profunda inspiración se encaminó hacia el coche aparcado más próximo.

Estratego Abierto

Llegar hasta las cocinas del castillo le tomó a Quiss más tiempo de lo esperado; habían modificado algunos de los corredores y escaleras que conducían desde el cuarto de los juegos hasta los niveles inferiores, y Quiss, encaminándose por el camino habitual, se encontró torciendo imprevistamente hacia la izquierda y entrando en un ventoso, desierto y resonante espacio desde el cual podía verse la nevada planicie y las altas torres de madera de las minas de pizarra. Rascándose la cabeza volvió sobre sus pasos, dejando que su olfato le guiara hasta las caóticas cocinas del Castillo Puertas.

—Tú —dijo, cogiendo a uno de los ayudantes de cocina que pasaba cargado con un pesado cubo lleno de cierto líquido humeante. El diminuto pinche de cocina lanzó un chillido y soltó el cubo que, cayendo estrepitosamente sobre el pavimento sin volcarse, derramó un poco de su pegajoso contenido. Quiss levantó al pequeño ayudante del cogote hasta que ambas caras estuvieron enfrentadas. Su inexpresivo rostro enmascarado le miró fijamente. El borde verde alrededor de su raída y manchada capucha parecía una gigante arandela, o un anillo alrededor de un planeta bastante mugriento.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Pasos sobre cristal»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Pasos sobre cristal» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Iain Banks - Der Algebraist
Iain Banks
Iain Banks - L'Algébriste
Iain Banks
Iain Banks - Matter
Iain Banks
Iain Banks - A barlovento
Iain Banks
Iain Banks - Inversiones
Iain Banks
Iain Banks - El jugador
Iain Banks
Iain Banks - Pensad en Flebas
Iain Banks
Iain Banks - The Algebraist
Iain Banks
Отзывы о книге «Pasos sobre cristal»

Обсуждение, отзывы о книге «Pasos sobre cristal» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.