Michael Lawrence - La inundación

Здесь есть возможность читать онлайн «Michael Lawrence - La inundación» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Детская проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

La inundación: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La inundación»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Transcurre el mes de junio. El río ha salido de su cauce y ha inundado la propiedad de Wíthern Rise. Alaric y Naia se encuentran remando a la deriva en el mismo jardín y parecida inundación que tuvo lugar en junio de 1945. Conocen a Aldous Underwood, que sólo tiene once años y es el hermano mayor de su abuelo. Ahora, en 2005, ofrecen su amistad al mayor de los Aldous, quien sobrevivió al accidente pero permaneció casi los setenta y un años de su vida en coma.

La inundación — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La inundación», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Ahora algunas partes de los jardines norte y noreste de la casa ya quedaban bastante cerca de la superficie, así que no podía remar tan libremente como le habría gustado; pero cada vez que entraba en la gran extensión del jardín sur se mantenía bien alejado del árbol Genealógico. Aunque sabía que ya no era necesario estar cerca de él, el árbol lo ponía nervioso. Tocó el cuchillo que llevaba en el bolsillo.

Aunque se mantenía en guardia ante cualquier eventualidad, el movimiento de remar relajó una parte de su mente que no necesitaba permanecer alerta por si de pronto se producía algún cambio. Eso le permitió volver a sus especulaciones sobre las realidades-del-tiempo. Eran tantos los acontecimientos que habían tenido lugar en el pasado durante los últimos dos mil años, por no pensar ya en el resto, que ahora podía ser que existieran tantas pequeñas eternidades como granitos dentro de un reloj de arena. Alaric se preguntó si la única forma de entrar en ellas sería mediante «invitación». También se preguntó si siempre se vería expulsado uno tan pronto tras la llegada. Y, después, ¿era obligatorio pasar por aquel súbito quedarse sin fuerzas? Quizá la energía de uno se quedaba dentro de la pequeña eternidad, como una especie de peaje o tarifa por el privilegio de habérsete permitido entrar en ella.

Un momento, sin embargo. La visita de la noche pasada al domingo anterior no lo había dejado ni mucho menos tan agotado como los otros viajes. Después se encontraba muy cansado, pero no tan exhausto como para que apenas pudiera tenerse en pie. ¿Sería quizá que los efectos habían sido menores porque entonces sólo retrocedió unos cuantos días, yendo a otra parte de su propia pequeña eternidad en vez de a una completamente distinta? No podía haber sido debido a que hubiera estado allí durante un período de tiempo tan corto, porque la última vez que fue a 1945 sólo estuvo allí un par de minutos y luego se sintió peor que nunca en cuanto regresó. Lleno de frustración, Alaric masculló un juramento. ¿Cómo iba a poder encontrar jamás las respuestas a semejantes preguntas? No había nadie con quien poder comparar las anotaciones, ningún libro de referencia con un capítulo esclarecedor que lo explicase todo. Sólo estaba él, tratando de resolver el enigma. Solo.

Había dirigido la proa del bote hacia el río y estaba cruzando el embarcadero todavía sumergido cuando, sin que hubiera absolutamente ninguna advertencia previa aparte de un estremecimiento de la luz, se halló en 1945… y en el árbol. Se olvidó de todo lo que no fuera el trabajo a hacer y enseguida se puso alerta. Iba a volver a ocurrir, pero esta vez de una manera diferente, porque ahora él no metería la pata.

Domingo:5

Naia había pasado la totalidad de la tarde en el bote. En un momento dado lo amarró ante la puerta principal, entró por la ventana de la cocina y, después de haber hecho una rápida excursión al piso de arriba para ir a orinar, cogió una botella de Lucozade y metió un trozo de pastel en una bolsa para bocadillos. Luego partió de nuevo, remando con lánguido placer para seguir un rumbo escogido al azar, que equivalía a ninguno en concreto, sintiéndose todo lo feliz que uno puede llegar a ser en un mundo al que no pertenece. Se había llevado consigo un libro, La autobiografía de Alice B. Toklas, y de vez en cuando dejaba de remar y se quedaba sentada leyendo al sol (deseando haber cogido Sidra con Rosie en lugar del otro libro).

Alrededor de las cuatro, remó a lo largo del camino pero no llegó a ir más allá de la puerta porque en ese momento el agua apenas si cubría el suelo. Eso no supuso ninguna gran decepción para ella. Exhibir tanta carne en público la había tenido un poco preocupada, pues podía haber chicos por los alrededores. Habría podido cambiarse, naturalmente, pero ir remando de un lado a otro con el sol acariciándole la piel era una sensación maravillosa. Naia no necesitaba compañía. Sólo había una persona que fuera a entender las cosas que la preocupaban, y esa persona no se encontraba allí. Incluso con Alaric podría haberse sentido un poco incómoda llevando el biquini. No porque él fuera a mirarla de «aquella» manera, claro está. Eso era algo tan impensable como el que ella fuera a contemplarle el trasero cuando él se inclinaba. Sonrió. Ella nunca haría eso. Otros traseros quizá, pero no el de Alaric. No le parecería bien.

Domingo:6

Dio un vistazo rápido y supo que estaba donde esperaba estar. Con el tiempo tan en su contra, no perdió ni un solo instante y bajó, con las piernas por delante, a la extensión verde de abajo. Un mirlo echó una mirada, vio actividad y no se detuvo. Alaric puso los pies en la rama de abajo y evaluó la situación en un segundo. El muchacho ya había caído, sobresaltado esta vez no por un súbito aleteo encima de su cabeza sino por la presencia de Alaric cuando había descendido de entre las hojas. Volvía a llevar la bolsa sobre la cabeza. La cinta de plástico había vuelto a quedar atrapada en el muñón de la rama y se había tensado alrededor de su cuello. Sus pies se agitaban a un par de centímetros del agua, y un brazo batía el aire inútilmente mientras la mano contraria intentaba apartar la cinta de plástico de su garganta.

Alaric sacó el cuchillo de su bolsillo, metió la uña de un pulgar en la muesca que corría a lo largo del extremo superior de la hoja y la desplegó. Extendió la mano hacia el trozo de cinta de plástico suspendido entre el cuello y el árbol, pero los frenéticos movimientos del muchacho se lo arrancaron de los dedos.

– ¡Estate quieto! ¡No te muevas! -le gritó.

Cogió la cinta de plástico, la sostuvo entre sus dedos y empezó a cortarla con el cuchillo. La hoja no tenía demasiado filo, así que no resultaba tan fácil como había esperado. Las piernas de Aldous ya no se movían tanto y sus manos aleteaban junto a los costados; puede que Alaric fracasase de nuevo.

Pero entonces la cinta de plástico se partió y Aldous cayó. ¡Sí! Alaric saltó en pos de él. Sus pies chocaron con el agua primero, y luego con el suelo debajo. Tras recuperar el equilibrio, Alaric pasó un brazo por debajo del muchacho y, levantándolo del agua, hincó la punta del cuchillo en el grueso polietileno con mucho cuidado de no tocar la piel. La punta era más afilada que la hoja, por lo que le resultó fácil hacer un agujero que rápidamente se convirtió en un tajo. Sin perder ni un segundo en doblar el cuchillo y guardarlo, Alaric se puso la empuñadura en la palma y tiró del polietileno con dos dedos de esa mano y la totalidad de la otra en un frenético esfuerzo. El polietileno se rasgaba con facilidad ahora que ya lo había cortado. La cabeza de Aldous quedó al descubierto, pero sus ojos estaban cerrados y su rostro no mostraba señales de vida. Alaric aflojó la cinta de plástico que rodeaba su cuello, la apartó de un tirón y la arrojó al agua sobre los restos de polietileno que flotaban cerca.

– Vamos -dijo mientras sacudía el bulto inerte-. ¡Vamos, vamos!

Los párpados de Aldous se movieron. A un tiempo, la luz cambió apenas una fracción y, de pronto, Alaric ya no estaba sosteniéndolo para mantenerlo a flote, sino de nuevo en el río dentro del bote, inclinándose peligrosamente hacia un lado. De inmediato, como si un interruptor hubiera sido accionado, las fuerzas lo abandonaron. Se quedó exhausto y, tras desplomarse sobre el costado, Alaric se hundió en el río con el cuchillo abierto todavía en la mano. Los oídos se le llenaron de agua. No intentó salvarse. No podía hacerlo.

Apenas estaba despierto. La mano que sostenía el cuchillo fue la primera en tocar el fondo y la muñeca se le dobló. El cuchillo se volvió hacia arriba mientras el cuerpo indefenso de Alaric llegaba a él. La afilada punta encontró un camino entre las costillas y, mientras el torso iba resbalando lentamente hacia abajo a lo largo de la hoja, se encontró con el corazón y lo atravesó.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «La inundación»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La inundación» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «La inundación»

Обсуждение, отзывы о книге «La inundación» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.