Caminó furiosamente por su apartamento por un rato. Como solía suceder, su ira y rabia absoluta eran impulsadas por los recuerdos de un quemador de horno... ardiendo en sus recuerdos de la infancia con el olor de carne quemada.
Sus gritos se volvieron sollozos dentro de cinco minutos. Luego, como si nada fuera de lo común había sucedido, se fue a la cocina y cogió el hámster. Lo tiró a la basura y se lavó las manos en el fregadero de la cocina.
Ahora estaba tarareando. Cuando tomó las llaves del gancho junto a la puerta, se pasó la otra mano por la cicatriz a lo largo del lado izquierdo de su rostro. Cerró la puerta con llave y bajó a la calle. Allí, en medio de una mañana absolutamente hermosa de invierno, se metió en su furgoneta roja y empezó a conducir.
Casi de manera casual, se miró a sí mismo en el espejo retrovisor.
Esa mueca permanente seguía allí, pero no dejó que lo desanimara.
Tenía un trabajo que hacer.
***
Sophie Lentz ya estaba harta de las fraternidades. En realidad también estaba harta de la universidad.
Vana o no, sabía cómo se veía. Obviamente había chicas que eran más bonitas que ella. Pero ella era latina, y tenía ojos oscuros y cabello negro. También podía usar su acento cuando lo necesitaba. Había nacido en Estados Unidos y fue criada en Arizona, pero sangre latina corría por sus venas. La sangre latina jamás había dejado de correr por las venas de sus padres, ni siquiera cuando se mudaron a Nueva York la semana después de que Sophie fue aceptada en Emerson.
Sin embargo, su descendencia latina era más evidente en su aspecto que en su actitud y personalidad. Y todo le había funcionado muy bien en Arizona. Honestamente también había funcionado para ella en la universidad. Pero solo durante su primer año. Pasó ese año experimentando, pero no tanto como su madre probablemente había pensado. Y al parecer se había corrido la voz: Sophie Lentz no era difícil de meter en tu cama y, cuando llegaba allí, más te valía estar preparado porque era una diabla.
Suponía que había peores reputaciones. Pero hoy su reputación la había jodido. Un tipo, que creía se llamaba Kevin, había empezado a besarla y ella lo dejó hacerlo. Pero cuando estuvieron solos y se negó a aceptar un no...
La mano derecha de Sophie todavía le dolía. También tenía un poco de sangre en los nudillos. Frotó la mano en sus jeans ajustados para limpiarse la sangre, recordando el sonido de la nariz del pendejo crujir contra su puño. Estaba furiosa, pero, en el fondo, se preguntó si se lo merecía. No creía en el karma, pero tal vez lo que había hecho el semestre pasado estaba comenzando a pasar factura. Tal vez estaba cosechando lo que había sembrado.
Caminaba por las calles que atraviesan Emerson para regresar a su apartamento. Su compañera de cuarto santurrona sin duda estaría estudiando para alguna prueba, así que al menos no estaría sola.
Estaba a tres cuadras de su apartamento cuando comenzó a sentir una extraña sensación. Miró hacia atrás, segura de que la estaban siguiendo, pero no vio a nadie. Podía ver las formas de personas en una cafetería pequeña a unos pasos detrás de ella, pero nada más. Pensó irritadamente sobre qué tipo de tarados bebían café a las 11:30 de la noche antes de seguir caminando, aún furiosa por lo de Kevin.
Más adelante, en un semáforo, alguien estaba escuchando una canción de hip-hop muy fea. El parachoques del carro vibraba y el bajo sonaba terrible. “Te estás portando como tremenda perra esta noche”, se dijo a sí misma.
Miró su mano derecha un poco inflamada y sonrió. “Sí, estoy siendo una perra”.
Cuando llegó a la intersección en donde había estado el carro, el semáforo cambió y el auto salió disparado. Giró a la derecha en la intersección y vio el edificio de apartamentos en el que vivía. Volvió a sentir esa sensación extraña. Se volvió para mirar detrás de ella y no vio nada. Una pareja caminaba de la mano por la calle. Había varios autos estacionados en la calle y una furgoneta roja conducía hacia el semáforo que acababa de pasar.
Tal vez solo estaba siendo paranoica debido a que un perdedor básicamente había intentado violarla. Eso, más la adrenalina que fluía a través de ella, era una combinación nada saludable. Solo necesitaba llegar a casa para bañarse y acostarse. Tenía que dejar de ir a tantas fiestas.
Se acercó a su apartamento, esperando que su compañera no estuviera en casa. Le haría mil preguntas respecto a por qué había llegado a casa tan temprano. Lo hacía porque era una entrometida y no tenía una vida propia... no porque realmente se preocupaba por ella.
Hizo su camino por las escaleras del edificio. Cuando abrió la puerta y entró, volvió a mirar por la calle, volviendo a sentir esa sensación de estar siendo observada. Las calles estaban vacías. Lo único que vio fue una pareja besándose apasionadamente contra el costado de un edificio de apartamentos cercano. También vio la misma furgoneta roja. Estaba estacionada en el semáforo. Sophie se preguntó si algún hombre cachondo estaba conduciéndola y observando la sesión de besos contra el edificio de apartamentos.
A Sophie se le pusieron los pelos de punta y decidió entrar. La puerta se cerró, dejando la noche detrás de ella. Pero aún sentía esa sensación inquietante.
***
Se despertó cuando su compañera de piso se fue la mañana siguiente. La perra ruidosa probablemente iba a buscar más mangos o papayas para sus batidos de frutas pretenciosos. Sophie estaba bastante segura de que su compañera no tenía clases tan temprano hoy. Miró el reloj y vio que eran las 10:30.
“Mierda”, pensó. Tenía una clase en una hora y no había forma de que llegara a tiempo. Tenía que bañarse, desayunar y luego dirigirse al campus. Gimió, preguntándose cómo se había permitido convertirse en este tipo de chica. ¿Ahora sería una burla? ¿Iba a dejar que su drama personal se interpusiera en el camino de su educación y una mejor vida? El sonido de alguien tocando la puerta principal interrumpió sus pensamientos.
Se quejó y se salió de la cama. Solo llevaba bragas y una camiseta de algodón, pero eso no importaba. Era casi seguro que era su compañera. La idiota probablemente había olvidado su cartera. O las llaves. U otra cosa…
Конец ознакомительного фрагмента.
Текст предоставлен ООО «ЛитРес».
Прочитайте эту книгу целиком, на ЛитРес.
Безопасно оплатить книгу можно банковской картой Visa, MasterCard, Maestro, со счета мобильного телефона, с платежного терминала, в салоне МТС или Связной, через PayPal, WebMoney, Яндекс.Деньги, QIWI Кошелек, бонусными картами или другим удобным Вам способом.