“Sí, señor”, dijo Ramírez. Avery asintió con la cabeza.
“Ahora... Black. Con respecto al ascenso que te ofrecimos a sargento, necesitaré una respuesta pronto. Digo, en las próximas cuarenta y ocho horas. He tratado de ser paciente, dejándote pensar bien las cosas. Pero han pasado más de dos meses. Creo que es justo”.
“Es justo”, dijo ella. “Te haré saber mi respuesta mañana”.
Ramírez la miró, sorprendido. A decir verdad, su respuesta también la había sorprendido. En el fondo creía saber lo que quería.
“Ahora, respecto a este caso del río”, dijo O’Malley. “Es oficialmente tuyo, Black. Ramírez trabajará contigo, pero compórtense como los profesionales que son”.
Avery se sentía un poco avergonzada y comenzó a ruborizarse. “Dios mío”, pensó. “Primero un día de compras y ahora sonrojándome por un chico. ¿Qué demonios me pasa?”.
Avery desvió el tema para mantener las cosas en marcha. “Quisiera ser la encargada de informarles a los padres”.
“Podemos delegarle eso a otra persona”, sugirió Connelly.
“Lo sé. Pero, aunque suene muy feo, los padres que reciben noticias así de terribles suelen ser los mejores recursos para obtener información. Están vulnerables”.
“Dios mío, eso es bastante cruel”, dijo Connelly.
“Pero efectivo”, dijo O’Malley. “Excelente, Black. Son las cuatro y cincuenta. Con un poco de suerte, podrás encontrarlos llegando a casa de sus trabajos. Me aseguraré de que alguien te envíe la dirección por mensaje de texto dentro de los siguientes diez minutos. Ahora manos a la obra. Pueden retirarse”.
Avery y Ramírez salieron de la sala. En el pasillo, los oficiales que trabajaban en horario de oficina estaban finalizando su día. Pero a Avery aún le faltaba mucho trabajo por hacer este día. De hecho, con la tarea de darles la noticia de la muerte de una mujer joven a sus padres en el horizonte, Avery supo que esta sería una noche muy larga.
Los Dearborne vivían en una pequeña casa pintoresca en Somerville. Avery leyó la información que le habían enviado por mensaje de texto y correo electrónico mientras que Ramírez conducía. Patty Dearborne había sido una gran estudiante. Estaba cursando su último año en la Universidad de Boston y tenía intenciones de convertirse en la consejera de una empresa de salud del comportamiento. Su madre, Wendy, era una enfermera especializada en traumatismos que trabajaba en dos hospitales diferentes. El padre de Patty, Richard, era el director de desarrollo de negocios de una gran empresa de telecomunicaciones. Eran una familia acomodada con un expediente impecable.
Y Avery estaba a punto de decirles que su hija había muerto. No solo que estaba muerta, sino que había sido arrojada a un río helado completamente desnuda.
“Entonces”, dijo Ramírez mientras conducía por las pequeñas calles rústicas de los vecindarios de Somerville. “¿Vas a aceptar el puesto de sargento?”.
“No sé todavía”, dijo.
“¿Qué tienes en mente?”
Ella lo pensó por un momento y luego negó con la cabeza. “No quiero hablar de eso en este momento”. Parece insignificante en comparación con lo que estamos a punto de hacer”.
“Oye, tú te ofreciste a hacerlo”, señaló.
“Lo sé”, dijo ella, aún no segura del por qué. Sí, era cierto que podrían obtener una buena pista, pero sentía que había algo más. Patty Dearborne solo le llevaba tres años a Rose. Era demasiado fácil ver el rostro de Rose en ese cuerpo congelado. Por alguna extraña razón, eso hizo sentir a Avery que ella era quien tenía que darle la noticia a la familia. Tal vez era un impulso maternal, pero ella sentía que se los debía a los padres.
“Déjame preguntarle algo”, dijo Ramírez. “¿Qué te hace estar tan segura de que esto volverá a suceder? Tal vez un ex novio simplemente perdió la razón. Tal vez no volverá a pasar”.
Ella sonrió brevemente porque sabía que él no estaba discutiendo con ella. Se había dado cuenta de que a él le gustaba vislumbrar cómo funcionaba su mente. Su refutación de sus teorías era simplemente una forma de poner su mente a trabajar a toda máquina.
“Porque, debido a lo que sabemos del cuerpo, este tipo fue cuidadoso y meticuloso. Un ex novio enfurecido no sería tan cuidadoso de no dejar moretones. Las uñas son el factor decisivo para mí. Alguien se tomó su tiempo con ellas. Espero que los padres sean capaces de proporcionarnos más información sobre el tipo de mujer que era Patty. Si sabemos más sobre ella, sabremos exactamente qué parte de la emperifollada fue realizada por la persona que vertió el cuerpo”.
“Hablando de eso”, dijo Ramírez, señalando. “Ya llegamos. ¿Estás lista para esto?”.
Respiró profunda y temblorosamente. Amaba su trabajo, pero esta era una de las partes que más odiaba. “Sí, vamos”, dijo.
Antes de que Ramírez tuviera tiempo de decir una palabra más, Avery abrió la puerta y se bajó del auto.
Se preparó para lo que venía.
***
Avery sabía que todo el mundo reaccionaba diferente ante la pérdida de un ser querido. Es por eso que ella no se sorprendió cuando, quince minutos más tarde, Wendy Dearborne estaba casi en estado de shock mientras que Richard Dearborne estaba gritando de aflicción. En un momento dado, pensó que se pondría violento cuando golpeó un florero en la mesa de la cocina y lo envió al suelo estrepitosamente.
El peso de la noticia podía sentirse en la sala. Avery y Ramírez se habían quedado callados, hablando solo cuando los padres les hacían preguntas. En el silencio, Avery vio dos fotos de Patty en la sala de estar; una estaba en la repisa de la chimenea y la otro era un lienzo colgado en la pared de la sala de estar. Avery tenía razón. La niña había sido absolutamente hermosa.
Wendy y Richard estaban sentados en el sofá de la sala de estar ahora. Wendy había logrado controlarse un poco, dejando escapar el llanto desgarrador ocasional mientras yacía en el hombro de Richard.
Con lágrimas corriendo por sus mejillas, Richard miró a Avery. “¿Podemos verla? ¿Cuándo podemos verla?”.
“En este momento, el equipo de ciencias forenses todavía está tratando de determinar lo que pudo haberle ocurrido. Como se pueden imaginar, el agua fría y las temperaturas heladas hacen que sea más difícil encontrar pistas o pruebas. Ahora quisiera hacerle algunas preguntas”.
Ambos se veían confundidos y horrorizados, pero era evidente que Wendy no sería de ayuda. Estaba totalmente callada, y miraba por la sala de estar de vez en cuando, como para asegurarse de que sabía dónde estaba.
“Claro”, dijo Richard. Avery pensó que el hombre tal vez estaba tratando de encontrar algunas respuestas por su cuenta.
“Sé que va a parecer una pregunta extraña”, dijo Avery. “Pero ¿Patty era el tipo de chica que se preocupaba mucho por mantenerse arreglada y arreglarse bien las uñas? ¿Ese tipo de cosas?”.
Richard dejó escapar un gemido y negó con la cabeza. Todavía estaba llorando, pero al menos era capaz de formar palabras entre sus gemidos. “Para nada. En realidad era medio marimacho. Apuesto a que sería más fácil encontrar tierra debajo de sus uñas que esmalte. Se emperifollaba de vez en cuando, pero solo en ocasiones especiales. A veces le prestaba mucha atención a su cabello, pero no es... no era muy femenina”.
Esa corrección pareció haber quebrantado a Richard Dearborne. Avery sintió su corazón romperse por el dolor que él estaba sintiendo. Eso fue suficiente para hacer que decidiera no hacerle la siguiente pregunta que había planificado, una pregunta acerca de la frecuencia en la que Patty se afeitaba las piernas. Avery supuso que era seguro que tampoco se preocupaba mucho por afeitarse las piernas. No había necesidad de hacerle esta pregunta al hombre que acababa de perder a su hija.
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