Convencieron al padre para que se quedara en el centro de operaciones, que habían situado en el bar. Así si se recibían noticias, él sería el primero en conocerlas, pero en el fondo pensaban que, en el peor de los casos, sería mejor que no estuviera el padre cuando la encontraran. Se dividieron la zona a rastrear y salieron a realizar la búsqueda por parejas.
Cuando iniciaron el ascenso por veredas estrechas y boscosas, a Martí se le iluminó el rostro. ―Tengo una intuición. Vamos a una choza de pastores que hay un poco más arriba. En ocasiones he visto a los chavales de la zona allí escondidos, liando algún petardo de hachís. Como me tienen confianza y saben que no los voy a delatar, no se esconden demasiado y yo hago como que no me entero. ―Ascendieron hasta una loma en la que una rústica construcción de piedra, de apenas metro y medio de altura, se elevaba entre los matorrales.
―Ahí está ―Roberto y Martí se acercaron hasta la oquedad que hacía las veces de entrada. Estaba cubierta por un anorak. Era un buen indicio. Levantaron la prenda y sobre un lecho de paja, encontraron a una pareja abrazada durmiendo a pierna suelta. La Nati y el Fideo. Carraspearon de forma estentórea y la joven abrió unos ojos como platos.
―Buen día pareja. ―La cabeza de Fideo se enderezó enredada entre los cabellos de Nati.
―¡Hostia! ―Martí lo tranquilizó con un gesto de la mano, pero inmediatamente les advirtió.
―Tu padre está como loco buscándote. Os va a correr a palos. ¿No crees que hubiera sido más fácil explicarle una mentira sobre, qué sé yo, una excursión o cualquier otra cosa, antes de no decir nada y no presentarte a dormir? ―Nati se puso a llorar.
―Mi padre me va a matar. Pensé que creería que me había quedado a dormir en cal Ferran ―Martí la observó admirado por tanta inocencia.
―Y eso pensó, pero esta mañana te ha ido a buscar allí y no te ha encontrado. Además, como suponías que no se iba a enterar de que no habías pasado allí la noche. Estáis como un cencerro. A tu padre un poco más y lo matas del susto. Venga arreglaos y bajemos rápido antes de que todo se complique aún más.
Fideo, ya de natural pálido, se había quedado como rebozado en harina. ―Por favor, Martí, protégenos. Su padre nos va a matar. ―Martí lo miró malhumorado.
―Haberlo pensado antes. ¿Qué crees que puedo hacer yo? Además, contra más liemos el ovillo peor. Vale más afrontar la cosa pidiendo disculpas y aceptar el posible castigo. A Nati su padre la muele a palos, pero a ti te cuelga de una encina. ―En el fondo a Martí le caían bien los muchachos y se sentía satisfecho y aliviado de que todo hubiera acabado tan rápido y felizmente. Ya les echaría un cable si la situación se ponía muy dramática, cosa que dudaba, ya que Tomás exteriorizaba mucho su mal genio, pero en el fondo era un trozo de pan. Además, Nati era hija única y se toreaba la autoridad paterna a placer. Pero estos chicos merecían un poco de escarmiento, para que al menos tomaran conciencia del barullo que se podía montar, cuando se actuaba de forma poco inteligente, sin medir las consecuencias de sus actos, lo que sucedía más a menudo de lo deseable.
―Martí, yo no puedo bajar. El padre de Nati me asesina… ―Roberto no pudo reprimir una carcajada y Martí reprendió a Fideo.
―Acaso no te hiciste el hombrecito anoche en la cabaña, pues ahora es el momento de demostrar que no sólo lo eres con el rabo y si has de pasar por la vicaría para tranquilizar a Tomás, pues lo haces ―Fideo ni por un instante había pensado en el casamiento y valoraba seriamente si no prefería la muerte.
―No me jodas Martí, que acabo de empezar agrónomos. Con Nati nos entendemos de coña, pero no me puedo casar ahora. ―Martí y Roberto se miraron con una sonrisa cómplice y se encogieron de hombros. Los tres hombres dirigieron su mirada a Nati.
―¿Tú qué opinas Nati? ―La muchacha reflejaba su preocupación en el semblante, pero parecía tener las ideas bastante claras
―Que Fideo está todavía un poco verde en todos los aspectos. ―Y miró a Fideo tiernamente, como pidiéndole disculpas―. Ya arreglaré la cosa con mi padre, pero nadie va a pretender que nos casemos por lo sucedido. No estamos en la Edad Media… Maldita sea, qué tonta soy, en que lío nos hemos metido, total por un polvo en malas condiciones y yo que creía poderlo arreglar todo con una bola que ya tenía apalabrada con Clara. Ella salió ayer noche y sus padres siempre duermen cuando ella llega a casa, representaba que nos habíamos acostado tarde y yo me había levantado temprano. Pero esta mañana nos hemos dormido. A ninguno de los dos se nos ocurrió que esto podía pasar y mucho menos llevarnos un despertador. ―Roberto y Martí se miraban sonriendo ante aquella reflexión de Nati. Roberto pensó para sus adentros sobre lo avanzadas que estaban estas chicas del campo y sobre lo afortunado que había sido Fideo. La muchacha merecía un repaso, tanto en sus aspectos físicos, como intelectuales y a él, no le hubiera importado ejercer como profesor.
Cuando se encontraban relativamente cerca del monasterio, Martí acordó con Roberto y con los chicos que él se avanzaría para dar la noticia y apaciguar los ánimos de Tomas―: Intentaré transformar el drama en celebración, ya que a Nati no le ha sucedido nada… desagradable. ―Martí utilizó un tono irónico―. Y a ti Fideo, espero rebajarte la condena a muerte, o cadena perpetua, a falta leve, pero no os aseguro nada. Esperar un cuarto de hora y empezar el descenso. ―Y emprendió el camino.
Cuando llegó al llano del monasterio, el padre estaba sentado con la cabeza entre las manos rodeado por dos miembros de la Guardia Civil. Con una voz y un gesto del brazo llamó la atención de los presentes.
Explicó al padre lo sucedido tratando de restarle importancia―: Tomás, no te alteres. Ya sabes cómo son los chavales de hoy en día, no ha pasado de ser una gamberrada inconsciente. Además, lo importante es que Nati está bien, por lo tanto, final feliz y no se hable más.
―Sí hombre, todavía defiéndelos. Cagondeu, cagondeu, Martí, yo los mato. En cuanto los pille los muelo a palos. La envío a un internado con las monjas para que la enderecen. Esta niña se me ha descarriado. Con que cara voy a mirar ahora a mis vecinos. ―Todos los presentes trataron de calmarlo. El cabo Gálvez trataba de explicarle las que tenía él con sus hijos.
―Señor Tomás, si yo le explicara… A estos, aunque los ates en corto, se escurren como anguilas. No hay otra cosa a hacer que resignarse y esperar que no cometan alguna locura. Mientras nadie tome mal. Alabado sea Dios. Los tiempos han cambiado, qué le vamos hacer. ―Cuando Tomás estuvo un poco más sosegado, decidieron, como se había acordado antes de la batida, lanzar un cohete para dar aviso a los exploradores de que la búsqueda había concluido. También se transmitió un avisó para aquellos que llevaban radio portátil, de esta manera muchos ya conocerían los hechos antes de llegar al monasterio. Transcurridos quince minutos apareció Roberto con los muchachos cabizbajos. Tomás escenificó una tragedia de estilo segarriano. Se mesó los cabellos, cogió un garrote y avanzó unos pasos, después lo tiró y les dio la espalda. Finalmente, con lágrimas en los ojos y proclamando al cielo que la iba matar, se fue hasta su hija y la abrazó, como si la acabara de arrebatar de los brazos de la muerte. ―Hija mía, nos vas a matar de un disgusto. No sabes cómo está tu pobre madre, con lo delicada que está de salud, la vas a llevar a la tumba. Ya puedes ir corriendo para casa a tranquilizarla. Que Amadeu te lleve con el coche, que yo me tengo que quedar aquí para agradecerles a estos señores. ―Nati trató de empezar una disculpa.
Читать дальше