El valor que le daban a lo sagrado estaba a tal punto deteriorado que dejaron el templo en ruinas. La postergación de lo prioritario y el mal uso de los recursos, son problemas que aquejan al pueblo de Dios aun hoy. Para la casa de los adoradores, material importado, de primera calidad, sin escatimar gastos; para la casa de Aquel a quien debían adorar permanente, por el momento, nada.
El profeta continuó expresando la Palabra inspirada; lo hace con una tremenda declaración, que suena a provocación divina. Dios ironiza a su pueblo y, con una pregunta provocadora, les dice: “Mi casa está desierta y ustedes están decorando las suyas” (v. 4). Dios deseaba que el pueblo ordenara sus prioridades. Cuando desordenamos el orden de nuestras prioridades, a Dios le parece inconcebible que no tomemos conciencia del desorden una vez que Él ha reordenado nuestras vidas.
Es evidente que el evangelio trata de la gloria de Dios, de la conciencia de su presencia en nuestra historia, no de templos como espacios sagrados suntuosos y lugares de culto funcionales. El cristianismo necesita permanecer claro en su austeridad, sencillez y humildad, por más heredero que sea de obras arquitectónicas. La gloria de Dios sobrepasa el espacio de culto, y Dios se muestra más glorioso en la funcionalidad, eficiencia y practicidad del avance de la conciencia de su reinado. Debemos seguir siendo ese pueblo especial, esa comunidad que sirve para la gloria de Dios. Por lo mismo, es incompatible con el evangelio de Jesucristo la extravagancia de algunos pastores, ministerios e iglesias que muestran y ofrecen a las personas lo que ellos quieren como sujetos de consumo, para la gloria de sí mismos. Dios nos llama a un diálogo honesto para interrogarnos acerca del valor que le estamos dando a su gloria, pues en “algunos espacios” se ha tornado visible que el templo aún está en ruinas.
Notas: Preguntas para la reflexión:
1. ¿Cuáles fueron las causas internas y externas que llevaron al pueblo a no continuar el proyecto de reconstrucción?
2. ¿Qué sucede con nosotros cuando no nos acompañan circunstancias favorables en los proyectos que emprendemos para el reino de Dios?
3. ¿Por qué es importante realizar una buena interpretación de la Biblia? ¿A dónde nos podría llevar una distorsión teológica de los tiempos de Dios?
4. ¿Cuáles eran las pruebas que demostraban que Dios guiaba a su pueblo a la reconstrucción del templo?
5. ¿Qué significado tenía para la espiritualidad del pueblo de Dios la reconstrucción del templo?
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16Esdras 5.14.
17Esdras 7.6–25; Nehemías 8.1–8.
18Nehemías 1.
19Elul (“cosecha”) es el sexto mes según el ordenamiento de los meses en la Biblia, que comienzan por Nisán, en conmemoración de la salida de los hebreos de la esclavitud en Egipto. Elul es un mes de contrición y penitencia, llamado “el mes de la piedad y el perdón”. Es el comienzo de un año nuevo propio, pues Babilonia les había inducido otro Año Nuevo.
20Amós 8.5.
21Números 28.11–15.
22Hageo 2.10–14 parece referirse a esta oferta.
23Esdras 4.5–7, 21.
24La reconstrucción del nuevo templo se terminó durante el reinado del segundo de los tres reyes que, según Esdras 6.14, promulgaron decretos relacionados con el templo: Ciro, en torno al 537; Darío i, alrededor del 520; y Artajerjes i, en 458/57. Al parecer, se siguió trabajando en el templo debido, precisamente, a este tercer decreto, el de Artajerjes (Hag 7.11–26; 27; Neh 1 y 2).
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