La historia de Israel en ese singular período bíblico es de gran importancia teológica y política. En nuestro análisis, es menester comprender que los documentos que vamos a estudiar son esencialmente declaraciones teológicas, afirmaciones de fe, y comprensiones religiosas de las experiencias de la vida. Los textos bíblicos contienen más que «material histórico», como entendemos el concepto de «historia» en la sociedad contemporánea. La Biblia, más que un libro de recuentos históricos o narraciones de eventos, es primordialmente una obra fundamentada en la fe. Presenta, en efecto, más que la historia secular de las comunidades antiguas, una «la historia de la salvación»: Una colección de narraciones, poemas, proverbios, genealogías, profecías y mensajes, entre otras, que se fundamentan en las convicciones de fe más profundas de una comunidad. Y esas comunidades primarias de hebreos y posteriormente judíos, entendían sus orígenes como un llamado divino, que les impelía a descubrir, disfrutar y compartir la voluntad de Dios.
La historia de Israel en los tiempos bíblicos es también importante desde la perspectiva política, tanto religiosa como secular. Los entornos geográficos que fueron los escenarios básicos para los eventos que se presentan en la Biblia, han cobrado importancia capital en la geopolítica contemporánea. El Oriente Medio del siglo XXI no es un rincón aislado e ignorado del mundo, sin importancia económica y política internacional. Al contrario, por la necesidad del petróleo en la sociedad actual, los desafíos ideológicos que se vive en la región, y por las crisis políticas en varias de las naciones más grandes e importantes relacionadas con el islam, los pueblos del Oriente Medio cobran protagonismo en el escenario político y social contemporáneo.
Un muy importante componente de las implicaciones políticas y sociales del estudio de la historia de Israel se relaciona con algunos problemas contemporáneos en la región. Un muy buen ejemplo de esas repercusiones actuales es el problema palestino-israelí. En los diálogos de paz entre estas dos comunidades, que ciertamente ambas reclaman que sus antepasados vivieron en la región que en la actualidad viven o aspiran a vivir, las referencias a los patriarcas y las matriarcas en Hebrón, o las afirmaciones en torno a David en Jerusalén, no son infrecuentes.
No podemos ignorar que la historia bíblica del Israel es también la historia de los antepasados de Jesús de Nazaret. La comprensión que el fundador del cristianismo tenía de sí mismo, en gran medida estaba cimentada en sus estudios, reflexiones y memorizaciones de los textos y las narraciones fundamentales de las Escrituras de Israel. Creció con un sentido de pertenencia a un pueblo que entendía sus orígenes, como parte del plan divino primeramente para Israel, y posteriormente, para la humanidad. Y esas percepciones históricas, teológicas y familiares, marcaron de forma permanente el estilo de vida, la teología, el ministerio y las prioridades educativas, teológicas y proféticas de Jesús de Nazaret.
La Biblia
Por generaciones, la Biblia ha sido un libro de importancia capital para millones y millones de personas. Para los creyentes, tanto judíos como cristianos, es fuente de inspiración espiritual, ética y moral, además de ser base para el desarrollo de enseñanzas, doctrinas y teologías. Y para no creyentes, su importancia reside en la naturaleza de su contenido, y en el particular despliegue de géneros literarios y temas que responden a los clamores más intensos e íntimos de la humanidad. Por esas características, entre otras, la Biblia ha sido declarada «Patrimonio de la Humanidad», o referida en círculos íntimos y de fe, como «el Libro», sin más explicaciones u orientaciones.
Es ciertamente la Biblia un ejemplo extraordinario de virtud literaria y estética. En sus testamentos, libros, capítulos, versículos y palabras se encuentran gran cantidad de géneros literarios y temas que revelan mucho más que sus virtudes espirituales. Sus páginas ponen claramente de manifiesto narraciones hermosas y poesías exquisitas: además, entre otros géneros, se incluyen cuentos, himnos, proverbios, oráculos, oraciones, profecías, leyendas…
Inclusive, en las Escrituras aparecen inmersos, entre los temas expuestos, asuntos que la convierten en literatura de éxito en cualquier librería: Por ejemplo, intriga, violencia, humor, sexo, ternura, odio, amor, esperanza… Algunas personas piensan que sus oráculos encierran mensajes ocultos que deben ser descifrados con métodos especiales que incluyen el conteo de las letras y palabras, y el análisis computadorizado de sus narraciones. No son pocas las personas que a través de la historia han intentado ver entre sus párrafos las predicciones certeras de los acontecimientos futuros.
La historia teológica de un pueblo
De fundamental importancia es saber, sin embargo, que la Biblia hebrea, Escrituras judías o A.T., trata de la historia nacional de una comunidad específica, se refiere a los orígenes del pueblo judío. Entre sus relatos, se pueden identificar, sin mucha dificultad, narraciones que explican sus orígenes históricos; e inclusive, se pueden leer poemas antiguos en torno la creación del mundo, y referente el inicio mismo de la vida y la historia. Al comienzo, se trata nada más de un grupo pequeño de individuos, familias y tribus nómadas que afirman ser llamados y elegidos por Dios, hasta posteriormente convertirse en un reino importante en la geopolítica del Oriente Medio.
La narración histórica de las vivencias del pueblo judío, que son ciertamente una extraordinaria interpretación teológica de las realidades de la comunidad, con el paso del tiempo, se ha convertido en modelo para el desarrollo de la esperanza en pueblos oprimidos y perseguidos, y para afirmar el porvenir grato y liberado entre personas cautivas por las diversas angustias de la existencia humana. Los relatos de la liberación extraordinaria del imperio egipcio del grupo nómada, que tradicionalmente se relaciona con Moisés, y las narraciones en torno a las intervenciones divinas para finalizar con el destierro en Babilonia se han convertido en modelos que brindan esperanza y futuro a quienes se han sentido cautivos y heridos a través de la historia de la humanidad. Los gozos y las tribulaciones de la comunidad judía antigua se han convertido en testimonio de fe para quienes sienten las marginaciones y los cautiverios políticos, sociales, económicos, religiosos y espirituales en la existencia humana.
Esos temas de esperanza y renovación tienen grandes repercusiones en la vida y las acciones de Jesús de Nazaret, que fue un joven judío de la Palestina del primer siglo, educado en las importantes tradiciones relacionadas con la Biblia hebrea. Este predicador galileo se destacó por sus interpretaciones transformadoras de los textos antiguos, pues se dedicó a hacer bienes a la comunidad que vivía en medio de una nueva cautividad y ocupación política y militar, la del poderoso imperio romano. Su proyecto de vida fue certero, firme y claro: Interpretar las antiguas Escrituras y tradiciones del pueblo judío, a la luz de las necesidades de la gente más angustiada y necesitada de la región galilea, popular y despectivamente conocida como la «Galilea de los gentiles».
La historia del Israel bíblico en las iglesias
Las iglesias cristianas siguieron el modelo de Jesús e hicieron de las Escrituras hebreas parte de sus Biblias. Sus lecturas de los textos antiguos, sin embargo, tomaban seriamente en consideración, no solo la historia antigua del pueblo judío, sino las actividades liberadoras y transformadoras de Jesús de Nazaret, y las implicaciones de esas acciones a través de la historia. Consideraban, además, el desarrollo de la incipiente comunidad cristiana a medida que el mensaje del Cristo resucitado se difundía en Palestina y el Oriente Medio, particularmente en el Asia Menor. Y esa particular comprensión de las Escrituras hebreas, es la que hace que el mensaje del Antiguo Testamento rompa los linderos del tiempo hasta llegar, entre las personas creyentes, hasta la sociedad contemporánea en el siglo XXI, con fuerza inusitada.
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