La nada y el todo
Cuenta una leyenda taoísta que antes no había absolutamente nada, pero esa nada contenía absolutamente todo lo imaginable, y que nunca hubo caos porque el caos es imposible, todo tiene su orden, favorable para algunos y desfavorable para otros, pero en perfecto orden.
El orden de la nada parece que no favorece al todo, pero, al contenerlo, tarde o temprano le dará espacio y tiempo para que inunde el universo entero.
Así nació el mundo y el universo que lo rodea, como una emanación de la nada, abriéndose paso desde lo más pequeño hasta lo más grande, como una simple chispa en un principio rasgando la oscuridad de la nada y sacando de su negro manto todas y cada una de las cosas y seres que habitan y que habitarán el cosmos entero, a veces de una forma explosiva y violenta, y otras veces en paz y armonía creciente, unas veces con formas divinas o dioses que duran eternamente, y otras veces con formas sencillas que brotan y desaparecen en un instante.
Todo está formado de y a partir de la nada, incluso el todo, por lo que desaparecer no significa morir sino transformarse continuamente, porque en realidad no hay principio ni final, sino cambios y emanaciones de la nada.
El todo tiene tendencia a inundarlo todo, a coparlo todo, a que todo sea luz en el universo sin una mota de sombra o de oscuridad, pero tarde o temprano volverá a refugiarse en el regazo de la nada, apagando su luz hasta que la nada lo emane de nuevo y vuelva a recorrer el firmamento creando las estrellas y a los seres que habitan en ellas.
El mundo y las estrellas que lo rodean no son más que una pequeña manifestación de la vocación que tiene el todo de cubrir el espacio y el tiempo, con una presencia corta y limitada pero gigantesca en comparación con la de los seres que la habitan.
Todo cambia y todo se transforma, y donde antes había mares hoy hay montañas, donde antes había selvas hoy hay desiertos, porque todo crece y evoluciona hacia la plenitud del vacío, hacia la madre nada que es el padre de todas las cosas y todos los seres, de todo lo imaginable y de todo lo inimaginable.
Así se creó el mundo y todo lo que contiene, y así llegará el día en que todo en él sea luz de conciencia, cuerpo y alma sin dejar una sola sombra que lo opaque, para después explosionar y volver a la tibia y maternal oscuridad de la nada.
Yin-Yang.
La nada es el Yin, fuerza oscura que contiene al todo.
El todo es el Yang, fuerza luminosa que emana de la nada.
En el Yin brilla el Yang, y en el Yang da sombra el Yin.
Ambos son la plenitud y sin uno no existe el otro; por tanto no hay principio ni fin, caos ni cosmos, desorden ni orden, porque uno se enlaza con el otro para siempre en constante cambio y transformación.
Esta sería una visión acorde a los planteamientos del Tao y, más que una leyenda propiamente dicha, es una manifestación de intenciones filosóficas trascendentales que autores como Alan Watts recogen en El camino del Tao, unas ideas que por su profundidad bien merecen estar del lado de la mitología, aunque cualquiera que estudie física o física cuántica encontrará muchos puntos de enlace entre el pensamiento mítico taoísta y el pensamiento racional y científico.
II: Nacimiento de la humanidad
Los que nacen y mueren
creen que todo es así,
pero la vida es muy corta
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