PANDENOMICS
JAVIER MILEI
PANDENOMICS
La economía que viene en tiempos de megarrecesión, inflación y crisis global
Milei, Javier
Pandenomics / Javier Milei. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Galerna, 2020
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga
ISBN 978-950-556-780-5
1. Economía. I. Título.
CDD 330.09
Ilustración de portada: Donai De La Zerda, editor en jefe de Radio Libertaria.
Diagramación de portada e interior: B de vaca [diseño]
© 2020, Javier Milei
© 2020, Queleer S.A.
Lambaré 893, Buenos Aires, Argentina.
Hecho el depósito que dispone la ley 11.723.
Digitalización: Proyecto451
Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna, ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopias, sin permiso previo del editor y/o autor.
El presente libro está dedicado a mi hermosísima familia de cuatro patas compuesta por Conan, Murray, Milton, Robert y Lucas, como así también al ser humano más maravilloso de todo el universo, mi hermana Karina.
PRÓLOGO
COVID-19(84) Leonardo Facco
Vivo en Treviglio, provincia de Bérgamo. En un radio de 50 km de mi casa, han muerto la mitad de las personas oficialmente fallecidas por COVID-19 en toda Italia. Entre ellos, hay dos primos míos y cuatro amigos de la familia. A pesar de todo esto, nunca he creído en la narración que el Estado ha utilizado desde finales de enero, cuando comenzó oficialmente la pandemia, aunque el documento del gobierno sólo lo hemos descubierto mes y medio después.
La provincia de Bérgamo (sobre todo la Val Seriana, un área muy productiva) se considera el epicentro mundial de las muertes por Coronavirus. Si en Italia, a finales de mayo, el porcentaje entre muertos e infectados era de más del 13%, en la zona donde vivo era por lo menos el doble.
Sin embargo, la historia oficial de la pandemia no se corresponde con la realidad, que por fin comienza a emerger con fuerza. Durante más de dos meses, el Estado italiano ha aterrorizado y encerrado a 60 millones de personas. Que haya habido muertos no está en duda, pero que la mayoría de ellos no hayan fallecido por el virus, sino por las terapias equivocadas que se han utilizado, es ahora una certeza.
Lo que sucedió en Bérgamo en particular, pero me temo que también en otros lugares del mundo (como escribí en la investigación de mi último libro dedicado al Coronavirus), es que estamos frente a una verdadera masacre estatal, no causada por la incompetencia de los médicos (los han dejado sin informaciones por mucho tiempo), sino inducida por la profilaxis y las decisiones equivocadas del servicio de salud pública y los diagnósticos aproximativos de virólogos politizados.
Como explica detalladamente Javier Milei en este libro (entre aquellos que han mantenido la cabeza fría, evitando ser afectados por el pánico), los números de esta “nueva Peste Negra” ¡no dan! Y que algo no tenía sentido en toda esta historia aterradora a mi –y a mi grupo de investigación– me pareció tan claro desde la mitad del mes de marzo.
La certeza que hoy tengo es que las cifras dadas –especialmente durante la emergencia– están bien lejos de ser exactas. Habrá que volver a analizarlas a finales de año y sólo entonces, tal vez, sabremos lo que realmente ocurrió y por qué se han atribuido muchas muertes al COVID-19 que, en realidad, deberían atribuirse a muchas otras enfermedades.
El 14 de mayo pasado, a confirmación de que el número de infectados (además del número de muertos) estaba absolutamente fuera de control y casi inventado, llegaron tres encuestas de la agencia estadística “Doxa”, realizadas en toda Italia sobre los síntomas relacionados con el COVID-19 y coordinadas por la Universidad Estatal de Milán.
Siempre en mayo, el Presidente del Colegio de Médicos de la región Liguria, en una entrevista a una pequeña emisora de televisión, hizo algunas declaraciones lapidarias: “Hay un problema que concierne a todo nuestro país –dijo Alessandro Bonsignore– relacionado con el hecho de que se ha decidido incluir en el número de muertes por Coronavirus todos los casos de aquellos que fueron encontrados positivos por COVID-19, durante su vida o incluso post-mortem ”. Y continúa: “Estamos prácticamente reduciendo a cero la tasa de mortalidad por cualquier patología natural que se hubiera producido incluso en ausencia del virus. Les digo esto con pleno conocimiento de causa, trabajando en lo que es el Instituto de Medicina Forense de la Universidad de Génova donde contamos que las muertes por patologías ‘no-covid’ han prácticamente desaparecido en la morgue de nuestra ciudad”.
¿Les parece normal que en esa Región, según lo que dice el doctor Bonsignore, nadie haya muerto por infarto, cardiopatía isquémica y accidentes cerebrovascular, cáncer, diabetes mellitus, enfermedades diarreicas, enfermedad de Alzheimer y otros tipos de demencia, cuando –cada año– estas se consideran entre la diez primeras causas de muerte en el mundo?
Además, la pregunta que ningún periodista italiano, entre los que se han dedicado a aterrorizar a la gente, se ha hecho es esta: ¿Por qué no se hicieron autopsias en Italia desde el principio? ¿Por qué se enviaron los cadáveres inmediatamente a las cremaciones, privando así a los expertos de los elementos cognitivos fundamentales?
Simple: ¡las autopsias no se realizaron porque así fue dispuesto y comunicado desde el Ministerio de Salud (sólo un juez podría haberlas solicitado)!
Una decisión que suena increíble y que condujo directamente a la catástrofe, con anexos varios.
Si en Bérgamo los muertos han empezado a reducirse, es sólo porque algunos anatomopatólogos, yendo en contra de las indicaciones del gobierno, han decidido hacer autopsias para buscar las razones por las que el virus había llevado a la muerte tanta gente hospitalizada en terapia intensiva y tratada con oxígeno.
“Decidimos empezar a hacer autopsias en dos, la primera el 23 de marzo, yo y mi colega Aurelio Sonzogni, dejando fuera al resto del personal, por razones de procedimiento”. Así explicó el doctor Andrea Gianatti. Los exámenes de las autopsias se sucedieron uno tras otro, con una cifra que comenzó a ser constante: “Más pacientes habían muerto de trombosis, un evento que a menudo ocurría después de la fase más aguda de la neumonía, es decir, después de los síntomas más típicos causados por el Coronavirus. La teoría más creíble, hoy en día, vinculada a este descubrimiento, es que el virus ataca ciertos receptores que se encuentran a lo largo de los vasos sanguíneos y ponen en marcha una serie de efectos que a partir de cierto momento pueden ser letales”.
Prácticamente, hasta aquel entonces lo que pasaba era que entubar a los pacientes hospitalizados en terapia intensiva significaba llevarlos hacia la muerte en lugar de aliviar el problema y curarlos.
Sin embargo, ¡la cura existía!
Más de un científico, de los que la prensa ha dejado voluntariamente al margen del debate mediático, ha tratado de desmantelar, con calma y argumentos, las catastróficas y apocalípticas tesis a favor de el Lock down (cuarentena), tan amada por los fanáticos y partidarios de la hipótesis que el Coronavirus representaba la “reencarnación de la Peste Negra de los años Treinta del siglo XIV” o de la tremenda “Fiebre Española” de 1918-1920. Entre ellos Giulio Tarro (alumno de Sabin), Didier Raoult (según el índice Hirsch el mejor virólogo del mundo), el Dr. Samuele Ceruti (jefe de reanimación del hospital de Lugano), pero también médicos generales de buen sentido común como Carlo Alberto Zaccagna, Riccardo Szumski y muchos otros con los cuales he personalmente hablado, tanto en Italia como en Europa y en América.
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