Además de las que se han citado, que son obligatorias, las revisiones presenciales de los sistemas de seguridad deberán incrementarse cuando sea conveniente porque las características del entorno (climatología, contaminación ambiental y acústica, y otras análogas) pudieran incidir en el funcionamiento del sistema.
Un sistema de alarma que se pretenda conectar con una central de alarmas deberá reunir, como mínimo, las siguientes características:
1 Tendrá un número suficiente de elementos de protección que permitan a la central de alarmas diferenciar qué señales son producidas por una intrusión o ataque y qué otras proceden de otras causas distintas.
2 Contar con una tecnología que permita acceder desde la central de alarmas de modo bidireccional a los sistemas que están conectados a ella. Con ello se posibilitará la identificación y el tratamiento individualizado de las señales que provengan de distintas zonas o elementos que integran el sistema, permitiendo así conocer el estado de alerta o de desconexión de cada uno de estos elementos o zonas. De igual modo, estos medios técnicos facilitan la comprobación de la alarma y, en su caso, también la desactivación, desde la propia central, al ser la comunicación bidireccional, de los dispositivos acústicos que hayan saltado.
Los sistemas de control y alarmas pueden clasificarse en función de cuatro grados de seguridad,atendiendo a los riesgos cubiertos y determinando también la obligación o no de estar conectados a una central de alarmas o centro de control. Se pueden, así, diferenciar los siguientes grados:
1 Grado 1, o de bajo riesgo: es el que se asigna para sistemas de alarma dotados de señalización acústica, que no se vayan a conectar a una central de alarmas o a un centro de control.
2 Grado 2, de riesgo bajo a medio: dedicado a viviendas y pequeños establecimientos, comercios e industrias en general, que pretendan conectarse a una central de alarmas o, en su caso, a un centro de control.
3 Grado 3, de riesgo medio/alto: es el asignado para establecimientos obligados a disponer de medidas de seguridad, así como para otras instalaciones comerciales o industriales a las que, por su actividad u otras circunstancias, se les exija disponer de conexión a central de alarmas o, en su caso, a un centro de control.
4 Grado 4, de alto riesgo: está reservado a las denominadas infraestructuras críticas, instalaciones militares, establecimientos que almacenen material explosivo reglamentado y empresas de seguridad de depósito de efectivo, valores, metales preciosos, materias peligrosas o explosivos, requeridas, o no, de conexión con central de alarmas o, en su caso, a centros de control.
Actividades
1. ¿Qué grado de seguridad asignaría a un sistema destinado a proteger una vivienda unifamiliar que tiene señales acústicas pero que no se va a conectar a una central receptora?
2. ¿Qué grado de seguridad debe alcanzar el sistema de protección de una refinería de petróleo?
2.4. Concepto de alarma falsa y alarma real
En términos generales, la alarma puede definirse como aquella señal de peligro que avisa sobre la posible existencia de un riesgo o sobre la consumación de un peligro. La situación de alerta que produce dicho aviso dará lugar al despliegue de unos determinados protocolos de emergencia que habrán sido previamente establecidos para tal eventualidad. Tales protocolos se irán desarrollando progresivamente en función de las distintas etapas en que el sistema de emergencia se encuentre: una primera, será de prealerta,en la que los responsables del sistema de emergencia recibirán un aviso sobre el riesgo o incidente; la segunda etapa, denominada propiamente de alerta,exigirá la adopción de las medidas previstas para tal caso; la tercera y última, la etapa de alarma,exige la acción propiamente dicha con el despliegue de las medidas adecuadas para paliar o hacer desaparecer los efectos del incidente.
Llegados a la tercera etapa, es necesario establecer una distinción entre la denominada “alarma real” y la “alarma falsa”.
En una primera aproximación al término, se entiende por alarma falsaaquella que no está ocasionada por hechos susceptibles de producir la intervención policial. Esta clase de alarma se identifica con aquella alarma que no ha sido confirmada, conforme a los criterios establecidos en la normativa vigente. Por el contrario, la alarma reales la que está basada en hechos que pueden dar lugar a la intervención policial.
Dado que la transmisión y repetición de una alarma falsa a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad conlleva graves consecuencias (su transmisión puede dar lugar a una denuncia para la imposición de una sanción, y la repetición en un plazo de sesenta días provocará efectivamente tal denuncia) debe aclararse que no se considerará alarma falsa la mera repetición de una señal de alarma que sea causada por una avería en el sistema, siempre que aquella se ocasione dentro de las veinticuatro horas siguientes a la de la primera señal producida. Por el contrario, si se produjese una alarma real y no se comunicase, o se diese noticia de ella con un retraso injustificado al servicio policial correspondiente, ello dará lugar siempre a la formulación de una denuncia para su correspondiente sanción. En todo caso, conviene aclarar que el servicio policial correspondiente podrá requerir de la central de alarmas, antes de formular la denuncia, que le remita un informe explicativo de las causas que originaron todas las alarmas falsas, hayan sido o no confirmadas, exponiendo igualmente qué gestiones se realizaron para la verificación de las señales de alarma antes de su transmisión a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. La no remisión del informe en el plazo de diez días dará lugar también la imposición de la correspondiente sanción.
Ya se ha señalado que, en el caso de comunicación o reiteración de alarmas falsas, la autoridad competente deberá seguir un procedimiento normativamente establecido. Así, cuando un sistema conectado a una central de alarmas ocasione dos o más falsas alarmas en el plazo de un mes, el Jefe Superior de Policía o el Comisario Provincial (o, en su caso, la autoridad competente de la correspondiente Comunidad Autónoma) requerirá al titular de los bienes protegidos para que en un plazo no superior a 72 horas proceda a subsanar los defectos que pudieran haber causado tales alarmas falsas, pudiendo estas autoridades acordar la suspensión del servicio, bien ordenando su desconexión o bien disponiendo tan solo la obligación de silenciar las señales acústicas. Todo ello por el tiempo que se estime conveniente.
Si el requerimiento de subsanación se atendiese y el sistema estuviese conectado a una central de alarmas, se ordenará a la empresa que explote dicha central que proceda inmediatamente a desconectar el sistema con la propia central. Esta desconexión puede prolongarse hasta el plazo de un año, pero podrá durar entre uno, seis y doce meses según se trate de la primera, segunda o tercera propuesta de suspensión o desconexión. A partir de la tercera propuesta, la desconexión se acordará con carácter definitivo.
Mientras dure la situación de suspensión o de desconexión temporal, el titular no podrá contratar el servicio de centralización de alarmas con ninguna otra empresa de seguridad y tampoco podrá transmitir ningún aviso a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. No obstante, como hay establecimientos que están obligados a disponer de esta medida, y dado que en estos no podrá acordarse la desconexión del sistema, por el periodo de tiempo que estuviese prevista la desconexión, la verificación deberá realizarse a través de un servicio de vigilantes de seguridad que deberán reunir las características que se expondrán en el apartado siguiente.
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