Esto presenta una ventaja clave: que la cooperación se inserta de manera coherente dentro de la dinámica de tus clases, con lo cual resulta útil y, en consecuencia, se utiliza de manera habitual. Todo ello deriva en que las estrategias y dinámicas cooperativas se convierten en algo habitual para tus alumnas y tus alumnos, que van desarrollando las destrezas necesarias para cooperar con eficacia a medida que van teniendo experiencia. La ciencia es hija de la experiencia, suelen decir y, en este caso, creo que no se equivocan: solo trabajarán bien en equipo si trabajan en equipo habitualmente.
• Muy relacionada con el punto anterior, podría citar una segunda cuestión que me parece clave a la hora de hacer aprendizaje cooperativo en Infantil: debes entender la cooperación como un medio y como un fin…
La idea fundamental del aprendizaje cooperativo es conseguir que los estudiantes, trabajando juntos, aprendan a trabajar solos. Es evidente, en este sentido, que la finalidad de las dinámicas cooperativas no es que los alumnos se pongan el babi, hagan una serie o resuelvan un problema juntos, sino que poniéndose el babi juntos o resolviendo problemas juntos, aprendan a ponerse el babi y a resolver problemas solos. Ahora bien, para que esto ocurra, es indispensable que aprendan a trabajar juntos. Seamos claros: no todo lo que ocurre cuando se juntan unos cuantos alumnos conduce al aprendizaje. Si los estudiantes se juntan para que uno monopolice la palabra y no deje hablar a los demás o para que uno de los estudiantes le coja el lápiz al compañero que no sabe y le haga el trabajo, el trabajo cooperativo no tiene mucho valor. De hecho, este tipo de situaciones pueden derivar en el “desaprendizaje” de algunos miembros del grupo que no tienen la oportunidad de desarrollar los procesos necesarios para aprender.
Por tanto, para que aprendan juntos a hacer las cosas solos, los niños y las niñas deben desarrollar destrezas como respetar el turno de palabra o ayudar dando pistas, que, junto con otro buen montón de habilidades, procedimientos y actitudes, van a conformar la competencia para cooperar del alumnado. Una competencia que no solo va a resultar muy importante dentro del ámbito escolar, de cara a potenciar las oportunidades de aprendizaje de todos los estudiantes independientemente de su nivel de desempeño, sino que resultará clave para que los alumnos se desenvuelvan en los distintos ámbitos sociales en los que les tocará vivir.
Por todo lo anterior, resulta indispensable que tengamos claro que la competencia para cooperar del alumnado constituye un medio y un fin en sí mismo, lo que implica no solo cooperar para aprender, sino también aprender a cooperar. Esto puede ayudarnos, además, a mantenernos en un estado zen cuando las cosas no nos salen todo lo bien que pretendíamos. En estos momentos no debes olvidar que no venimos de fábrica sabiendo trabajar en equipo y que, para aprender a hacerlo bien, es necesario que en ocasiones lo hagamos mal y que aprendamos de dicha experiencia.
• Dentro de esa búsqueda del estado zen durante el proceso de implantación del aprendizaje cooperativo, podría añadir una tercera idea que me parece fundamental: debes mantener unas expectativas realistas y ajustadas con respecto al desarrollo de esa competencia para cooperar de tus alumnos.
Si como hemos dicho, no venimos de fábrica sabiendo trabajar en equipo —y de hecho en Infantil la tendencia hacia el egocentrismo de nuestros alumnos puede complicar especialmente la interacción entre iguales—, no podemos esperar que, tras unos meses de experiencia cooperativa, los alumnos de 3 años sean capaces de gestionarse dentro de un turno de palabra, resolver un conflicto de forma negociada o construir una respuesta que recoja las aportaciones y propuestas de todos los miembros del grupo. Este es el tipo de cosas que acaban desanimando a las profesoras y los profesores de Infantil. Unas expectativas fuera de la realidad derivan en el desánimo y, con el tiempo, pueden derivar en el abandono.
Si no eres capaz de ver lo importante que es que los niños permanezcan al lado de sus parejas cuando realicen una técnica cooperativa en las asambleas o que no se sienten a pintar con el pincel hasta que ambos no se han puesto el babi, te vas a perder la oportunidad de disfrutar y celebrar los pequeños avances que van teniendo tus alumnos. Por este motivo, debes secuenciar la implantación del aprendizaje cooperativo partiendo del sentido común y teniendo la capacidad para valorar todos esos pequeños avances que van configurando ese “pokémon cooperativo” que pretendemos educar.
Y en ese proceso, debes recordar que mucho de lo que tú haces en Infantil servirá para sostener las dinámicas cooperativas que desarrollarán los alumnos en el futuro. Porque, aunque tú no puedas hacer tutorías entre iguales con 3 años, en las que unos alumnos enseñan a sus compañeros a desarrollar las tareas propuestas, el hecho de que hayas conseguido que los estudiantes esperen a su pareja para sentarse en la asamblea o que vayan con ellos en la fila, será la base sobre la que articularemos una dinámica en la que no se puede pasar al ejercicio dos hasta que todos hayan terminado el uno.
En este sentido, y poniéndonos cinematográficos, debes considerarte como ese maestro Miyagi de Karate Kid que dotó a “Daniel San” de las destrezas necesarias para hacer kárate a través de actividades menos karatecas como pintar una verja, lijar el suelo o dar cera al coche. Así que no olvides nunca ese “dar cera, pulir cera”. He ahí una parte importante de nuestra lucha. Y es que, si eres capaz de valorar los pequeños progresos, tendrás la suficiente motivación para seguir cooperando y si lo sigues haciendo los alumnos irán adquiriendo una mayor experiencia y, con ella, irán desarrollando las destrezas necesarias para cooperar con niveles de eficacia mayores. Y un día no muy lejano te encontrarás haciendo tutorías entre iguales.
Para facilitarte este trabajo, hemos intentado que este libro recoja una propuesta de aprendizaje cooperativo pensada para la Educación Infantil, que es fruto de muchos años de experiencia poniéndolo en práctica en el aula. Todas y cada una de las propuestas que encontrarás en estas páginas han sido probadas y contrastadas en muchas aulas de Infantil, por lo que pueden constituir la base sobre la que puedas construir tu propia propuesta de cooperación.
Olga Manso Baeza
Capítulo uno

Empecemos por el principio… Si queremos que nuestras niñas y niños trabajen juntos, tendremos que ponerlos juntos. Solo podrán cooperar si coinciden en el espacio y en el tiempo, y forman parte de un equipo, lo que, como verás en este primer capítulo, es bastante más que hacer que se sienten en la misma mesa.
Si has abierto este libro es porque tienes muy claro que quieres embarcarte en la aventura del aprendizaje cooperativo en tu aula de Infantil y eso —no te lo vamos a negar— nos alegra mucho. Cuantos más seamos, menos explicaciones tendremos que dar.
A partir de estas páginas, comenzaremos juntos un viaje que seguro va a ser muy enriquecedor; eso sí, debes tener una cosa muy presente: cooperar está muy bien, pero es más difícil que no hacerlo.
Poco a poco, irás comprobando que, aunque esto del aprendizaje cooperativo tiene muchas ventajas, es una empresa que exige paciencia y perseverancia (sí, por ese orden). No basta con creérselo, hay que establecer unas condiciones mínimas para que pueda ocurrir la magia. Ahora bien, no te agobies, estamos aquí para ir guiándote y, por supuesto, animando en cada etapa de este proceso que vamos a vivir a lo largo de varios capítulos.
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