La extrema derecha 2.0 se ofrece como administradora de la ira y como tecnóloga del miedo en un mundo ilegible. Un mundo muy difícil de entender, puesto que la confusión es el precio que pagamos para no ir a la guerra. Por ahora.
Enric Juliana
«El fascismo, como el comunismo, es una idea muerta. Son fenómenos que se deben estudiar, pero ninguno de los dos volverá. […] Creo que las etiquetas de izquierda, derecha, fascista y comunista están superadas. Me defino italiano, ni de derecha, ni de izquierda. […] Estoy fascinado por los pensadores y los políticos del pasado, más allá de cuál fue su afiliación política: Gramsci, Einaudi, D’Annunzio… Gramsci contestó la indiferencia, la falta de participación y además subrayó la importancia de la cultura, la presencia en las escuelas, las fábricas y los tribunales. Es un modelo de presencia y penetración política.»
Matteo Salvini, entrevista en el periódico francés Le Point,octubre de 2019
«Soy un leninista. Lenin quería destruir el Estado y ese es mi objetivo también. Quiero llevar todo a derrumbarse y destruir todo lo establecido hoy.»
Steve Bannon, declaración recogida por Ronald Radosh,abril de 2017
«No seas demasiado dramático sobre eso, Chuck. Lo que […] estás diciendo es que es una mentira. […] Sean Spicer, nuestro secretario de prensa, dio hechos alternativos sobre eso.»
Kellyanne Conway, consejera del presidente Donald Trump,contesta al periodista de NBC Chuck Todd, 22 de enero de 2017
«En consecuencia, lo que está ocurriendo hoy en Hungría puede interpretarse como un intento de los respectivos dirigentes políticos de armonizar la relación entre los intereses y los logros de los individuos […] con los intereses y los logros de la comunidad, y de la nación. Es decir, que la nación húngara no es una simple suma de individuos, sino una comunidad que necesita organizarse, fortalecerse y desarrollarse, y en este sentido, el nuevo Estado que estamos construyendo es uno iliberal, un Estado no liberal. No niega los valores fundacionales del liberalismo, como la libertad, etc. Pero no hace de esta ideología un elemento central de la organización del Estado, sino que aplica en su lugar un enfoque específico, nacional, particular.
Viktor Orbán, discurso en el XXV Bálványos Free Summer University and Youth Camp, 26 de julio de 2014
INTRODUCCIÓN[1]
Las distopías representan los miedos presentes en una sociedad y los trasladan al futuro. En Metrópolis (1927) Fritz Lang convertía las angustias sobre las transformaciones del capitalismo y la introducción del sistema taylorista en una ciudad-Estado de 2026 en que una elite de propietarios y pensadores vive separada de la casta de los trabajadores encerrada en unos subterráneos. El control de los cuerpos y de las mentes de los totalitarismos se transformaban en las distopías dibujadas por Aldous Huxley en Un mundo feliz (1932) y George Orwell en 1984 (1948). La paranoia anticomunista del maccartismo era personificada en La invasión de los ladrones de cuerpos (1956), la película dirigida por Don Siegel, en unos extraterrestres, ocultos e invisibles, que reemplazaban a los humanos. Los cambios anunciados por el Concilio Vaticano II se convertían en el escenario apocalíptico dibujado por el escritor Guido Morselli en la Roma senza papa (1974) en una Iglesia católica que a finales del siglo XX tenía un papa turco que abandonaba la ciudad eterna para mudarse al pueblo de Zagarolo. El mundo posterior a la Guerra Fría, la globalización y los avances tecnológicos de la década de los noventa se mostraban en el futuro de Matrix (1999) donde la tetra realidad era escondida a los humanos que vivían en un estado de cautiverio y explotación.
Ahora bien, ¿cuáles son los miedos de nuestra época? Black Mirror (2011) nos ofrece toda una serie de relatos futuristas centrados en los riesgos ante los que nos sitúa la tecnología. El cuento de la criada (2017), basado en la homónima novela de Margaret Atwood, pinta un futuro oscuro en que la crisis de la natalidad y el auge de una especie de fascismo teocrático se unen al intento de controlar la sexualidad femenina. Years & Years (2019) dibuja un futuro distópico para Gran Bretaña en que la política ultraderechista Vivienne Rook, interpretada por Emma Thompson, se hace con el gobierno del país, tras sus primeros pinitos como tertuliana populista sin pelos en la lengua. En los mismos meses en que salía la serie dirigida por Russell T. Davies, en Italia se publicaban dos novelas, 02.02.2020. La notte che uscimmo dall’euro (2018) de Sergio Rizzo e Il censimento dei radical chic (2019) de Giacomo Papi. En la primera se imagina que en febrero de 2020 el gobierno del Partido Soberanista Italiano sacaba el país del euro provocando un cataclismo económico, mientras que en la segunda se describe un futuro en que extranjeros, gitanos, homosexuales e intelectuales acaban linchados en las calles, instigados por un gobierno nacionalpopulista. Podríamos seguir.
No cabe duda, pues, que uno de los miedos recurrentes en los últimos años en el mundo occidental es el de un futuro marcado por gobiernos autoritarios y populistas, el declive de las democracias liberales, el fin del Estado de derecho e, incluso, el regreso del fascismo. En realidad, si contemplamos el panorama existente no debería extrañarnos: el populismo se ha convertido en una marca de nuestra época, la extrema derecha avanza por doquier y gobierna o ha gobernado en diferentes países, mientras que en otras latitudes el autoritarismo es ya un modelo de gobierno aceptado, desde Rusia a India, pasando por Filipinas, China o Turquía. Las distopías del futuro son, en buena medida, una parte de la realidad que nos ha tocado vivir.
Este libro no habla de literatura, ni de cine, ni de series. Tampoco trata sobre distopías: habla del pasado y del presente. Y, sí, de nuestros miedos. Es un libro que se mueve entre la historia y la ciencia política, y que intenta explicar qué es y de dónde viene la nueva extrema derecha, cuáles son sus relaciones con el populismo, qué diferencias tiene con el fascismo de la época de entreguerras y cuáles son sus tácticas, estrategias y objetivos. Alguien se preguntará, quizá, porque le doy supuestamente tanta importancia a la ultraderecha de las dos primeras décadas del siglo XXI. La respuesta es doble. Por un lado, porque la percepción que tengo es que en muchos casos no hemos aún entendido bien qué es. Fijémonos en las citas que preceden a esta introducción: no parecerían de líderes de extrema derecha, ¿verdad? En síntesis, si no sabemos qué es esta nueva extrema derecha va a ser imposible tomar medidas para frenarla y combatirla. Y evitar esos futuros distópicos que dibujan Rizzo, Papi, Atwood o Davies. Por otro lado, porque, por mal que nos pese, los Salvini, las Le Pen, los Trump, los Bolsonaro, los Orbán y los Abascal han venido para quedarse. La ultraderecha, en suma, no desaparecerá de un día para otro porque las razones que explican su surgimiento y avance dependen de los cambios profundos que han vivido, están viviendo y vivirán nuestras sociedades.
El libro que el lector tiene entre sus manos está estructurado en cuatro capítulos. En los dos primeros se explicará qué es la nueva extrema derecha. Será necesario, por tanto, afrontar la cuestión de cómo definir este fenómeno, teniendo en cuenta el debate que se ha dado en los últimos tiempos a nivel académico y en la opinión pública. Consecuentemente, en el primero, se intentarán superar los dos principales escollos que dificultan su comprensión: el del populismo y el del fascismo. Para realizar esta operación, es imprescindible no solo analizar las principales interpretaciones que se han ofrecido hasta ahora, sino también volver a los orígenes; es decir, entender el populismo y el fascismo como fenómenos históricos.
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