[40]Una visión general en Comella, 2005a, Marcattili, 2005, Menichetti, 2005.
[41]Argento, Cherubini y Gusberti, 2010, p. 86.
[42]Véase Bomhard y Kerns, 1994, p. 530, n.o 381. Y también el nombre hitita de sonido similar para lar.
[43]Cfr. Matasović, 2010 para la formación inusual, que emplea una expresión procedente del campo semántico de «fuego» para «lar», mientras que normalmente encontramos una generalización en la dirección opuesta.
[44]Críticos con la investigación anterior, pero que siguen centrándose en el sacrificio: Ekroth, 2011, López-Ruiz, 2013 y Naiden, 2013.
[45]Bell, 1992, Humphrey y Laidlaw, 1994; Rüpke, 2013l.
[46]Véase Scheid, 1985, 1988, para la importancia de las comidas festivas romanas en el contexto de los estudios de orientación griega sobre el sacrificio.
[47]Para la Grecia antigua véase Coldstream, 2003, p. 332.
[48]Para el periodo anterior, esta última afirmación solamente puede extrapolarse a partir de evidencias de la República tardía y del Imperio: Rüpke, 2005d. Véase también Veyne, 2000. Para la importancia de la alteridad a la hora de crear un espacio ritual, véase Mol, 2015.
[49]Linke, 2003, Berg, 2008, Estienne, 2011.
[50]Coldstream, 2003, p. 321. La rapidez de la difusión dependía tanto de la forma del medio como del tema. Los temas de importancia habitual «viajaban» más rápido sobre cerámicas desde Grecia, por lo que dichos temas se popularizaron en la Magna Grecia en pocos años. Tendencias menos pertinentes políticamente venían después con un retraso de aproximadamente un cuarto de siglo (Giudice, 1998, p. 147).
[51]Greco, 1998, pp. 47-48. Sobre el yacimiento del Sele, también Greco, 2008 y Cipriani, 2008.
[52]Ibid., p. 58; paralelismos, p. 62.
[53]Breglia Pulci Doria, 1998, pp. 97 y 107.
[54]Gaultier, 2010, p. 121. Suscrito esta opinión en las páginas siguientes.
[55]Ibid., pp. 122-123. Sobre el Hércules, Plinio, HN 35.157.
[56]Gaultier, 2010, p. 125, con referencia a Etruskische Texte Ve 3.40, 37, 10, 9, 14. Vibenna: Etruskische Texte Ve 3.11; Thesaurus linguae Etruscae 35.
[57]Gaultier, 2010, pp. 127-128.
[58]Sobre la profundidad de los tejados etruscos en comparación con la arquitectura de piedra griega, véase Winter, 2006. Sobre el temprano desarrollo independiente de la arquitectura de terracota en Italia central véase también Winter, 1993. La combinación de vigas de madera y placas de terracota puede que fuera una invención corintia (Coarelli, 2011, p. 74).
[59]Warden, 2012, pp. 97-99.
[60]Gaultier, 2010, p. 132, sobre las formas procedentes de Falerii.
[61]Ibid., p. 126.
[62]Colonna 1985, p. 98.
[63]Colonna, 2002, p. 158.
[64]Gaultier, 2010, p. 135.
[65]Véase Colonna, 1985, pp. 67-68.
[66]Sobre la naturaleza del emplazamiento véase Holloway, 1994, pp. 166-167.
[67]Colonna, 1991.
[68]Para un completo debate sobre la datación de esta fase véase Sommella Mura, 1977b, especialmente p. 121, y Sommella Mura, 1977a, p. 11. En general: Ioppolo, 2000, Pisani Sartorio, 2000. Para una evaluación crítica de la reconstrucción histórica véase Brocato y Terrenato, 2012. La primera monumentalización del Templo de Apolo en Pompeya debería establecerse en este mismo periodo (Zevi, 1998, p. 6).
[69]Torelli, 1997, p. 116. Véase también Lulof, 1993.
[70]Livio, 5.19.6.
[71]La fecha de ca. el 509 a.C. para la expulsión de los reyes etruscos de Roma fue un constructo de la historiografía romana temprana y no proporciona ninguna base para explicaciones anteriores al tercer cuarto del siglo V a.C. (Bleicken, 1988, p. 18).
[72]Véase Livio, 1.56.1 para los trabajos forzados en el Templo Capitolino de Júpiter.
[73]A largo plazo, esto pedía unos rasgos decorativos específicos, cómo mínimo sobre una base aislada: Strazzulla, 2006, pp. 38-39.
[74]Véase (aunque él no emplea el término) Oakley, 2014, p. 4.
[75]Gaultier, 2010, p. 129.
[76]P.e., el del tal Iana (Année épigraphique = A E, 1995, p. 189).
[77]Bartoloni, 1989-1990. Véase también el catálogo (para toda la República) en Marroni, 2010, pp. 43-206.
[78]Véase Sciortino, 2005, p. 92: depósitos a partir del siglo VII a.C. en adelante.
[79]Zeggio, 2005, p. 69.
[80]Pensabene et al., 2005, p. 105.
[81]Bartoloni, 1989-1990, p. 758.
[82]Sommella Mura, 2000, p. 60.
[83]Ibid. y Sommella Mura, 2009. Para una historia condensada de su construcción, Perry, 2012.
[84]Hopkins, 2012, p. 124.
[85]Plinio, HN 35.154. Sobre mi caracterización de los plebeyos véase Oakley, 2014, p. 8.
[86]Livio 2.42.5; véase también 4.20.12 y Dioniso de Halicarnaso 6.13.
[87]Para una reconstrucción del edificio véase Nielsen y Poulsen, 1992, esp. pp. 75-79.
[88]Para esta observación véase Holloway, 1994, p. 169. Lo respaldan los hallazgos mencionados por Guzzo, 1998. Cfr. también el depósito de discos de peso graduados a mediados del siglo VI a.C., adelantándose al surgimiento de una economía monetaria (ibid., pp. 29-30).
[89]En Torelli, 1997, y en los tratados de Palombi, 2010 se encuentra un informe completo.
[90]Downey, 1993, pp. 243-245; exposición completa en Downey, 1995.
[91]Liou-Gille, 2004, pp. 249-251; Losehand, 2007, pp. 82-84; Coarelli, 2011, pp. 61-64.
[92]Véase supra, cap. II.2: «La transición de la Edad del Bronce a la Edad del Hierro en la región mediterránea».
[93]Filippi, 2007/8, pp. 626-628 y 636; cfr. Gallone, 2008, pp. 662-663.
[94]Véase supra, cap. II.5: «Dioses, imágenes y banquetes».
[95]Sobre este proceso véase Rüpke, 2012f, pp. 19-20. Sobre la historia de la institución véase Bianchi, 2010.
[96]Esta última hipótesis se encuentra en Zevi, 1993.
4. Prácticas religiosas. Del siglo VI al siglo III a.C.
1. EL USO DE LOS CUERPOS
No tenemos ninguna posibilidad de reconstruir la mayor parte de lo que constituía el rito a mediados del primer milenio a.C., especialmente en el ámbito de la práctica religiosa. Esto se aplica a las palabras, aún más a las palabras formuladas rítmicamente y, sobre todo, a las formulaciones melódicas; es decir, a las canciones y la música [1]. Ocasionalmente, un instrumento de viento depositado en alguna tumba nos recuerda el elemento sonoro. Las mismas limitaciones se aplican al olor, que solamente se apunta en alguna imagen (ya hemos visto el ejemplo de la figura oliendo una flor). Las formas especiales de movimiento, como el baile o los pasos, buscaban atraer la atención de los agentes sobrenaturales a los que se dirigían, mientras que, al mismo tiempo, representaban la forma especial que adoptaban sus comunicaciones con ellos. Pero están documentados únicamente en referencias e imágenes tardías, relacionadas con ritual [2]. El papel central que jugaba el cuerpo en la actividad religiosa se muestra una vez más mediante los objetos que llevaban al lugar los actores humanos, objetos con los que habían interaccionado y que finalmente habían dejado en un lugar religioso.
¿De quién es esta cabeza?
En una fecha tan temprana como inicios del siglo VII a.C., algunos habitantes de Trestina, en la cuenca alta del Tíber, arrojaban figurinas de bronce con forma humana a pozos y huecos como medio de comunicarse con lo no visible [3]. Esta práctica fue copiada en el siglo siguiente por un buen número de individuos en el norte de Etruria, a menudo en asentamientos pequeños y remotos, no muy diferentes a Trestina. Las personas que hacían el depósito usaban las figuras para representarse a sí mismas tal y como querían parecer. Ocasionalmente señalaban su estatus local mediante armas pero, con más frecuencia, mediante representaciones precisas de su propio vestuario [4]. También en Roma, en los pozos de Sant’Omobono, la gente empleaba este medio para señalar claramente su continuada y permanente, aunque no necesariamente visible, presencia en las localizaciones especiales.
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