Ello los hizo profundamente solidarios de los impulsos filosóficos y estéticos del Barroco: mientras Benjamin se adentró tempranamente en sus laberintos dramáticos para encontrar como una joya olvidada la refulgencia de la alegoría, con su capacidad de resistencia en la más que centenaria contienda por imponer los referentes icónicos en Occidente, dentro de una nunca agotada fascinación por dicha época, Deleuze encontraría en el penúltimo de sus grandes textos, explorando los alambicamientos de una razón desaforada en las exigencias de Leibniz, la potencia iluminadora del pliegue como categoría filosófica para superar las limitaciones binarias de las identidades y las separaciones generalizadoras. Resta el desafío por articular la potencia del pasaje y del pliegue como herramientas para descifrar los misterios de nuestra contemporaneidad en esta aurora o medianoche posmilenaria donde el revisionismo y el languidecimiento del pensar emancipatorio son los ejes reales de la globalización biopolítica. Ambos también, en una secreta afinidad electiva, compartieron una profunda admiración por la figura de Charles Péguy —ese poeta y filósofo caído en las trincheras de la Gran Guerra—, un semejante deleite por la brillantez de su prosa y una común intención de escribir sobre su obra y vida, que jamás llegaría a materializarse.
Es imposible renunciar a la fantasía retrospectiva de un encuentro aleatorio, mutuamente ignorado por sus protagonistas, en la primavera de 1940. El exiliado y apátrida alemán de poblado bigote y raída indumentaria que deambula, parsimoniosa y dignamente, por las calles de una París ad portas de la ocupación por los nazis y que intenta poner a salvo sus escritos se cruza con el joven estudiante de bachillerato, que recorre parajes similares en la gran urbe con su irrenunciable cigarrillo encendido. Sus miradas se cruzan sin reconocerse, anunciando, sin embargo, el profundo parentesco de sus respectivas trayectorias vitales y de pensamiento. En esa esquina imposible pero real donde los dos se entrecruzaron como habitantes anónimos inmersos en la matrix de la multitud, desembocaban, como los ríos, dos calles singulares cuyos nombres, cuidadosamente asignados en el planeamiento urbanístico de su nomenclatura por una administración que, desde Haussman, se había propuesto impedir el desencadenamiento de la revuelta, pero, sin embargo, no podía evitar el estallido alegórico del choque de sus respectivas denominaciones: Rue de la Révolte y la Rue de l’Avenir, en cuyo chisporroteo dialéctico conjunto estallaban otra vez los fulgores de nuevas resistencias. Mientras la barricada se unirá siempre al barroco —la barricada barroca, el barroquismo de la barricada—, el porvenir, como lo nuevo e inesperado, se vinculará a la emancipación y lo inusitado. Ese entrecruce, además, podía estar mecido por la melodía secreta de la célebre composición para arpa que el músico François Couperin escribiera justamente en uno de los momentos del esplendor barroco, Las barricadas misteriosas (1717).
En un gesto común, transido de grandeza filosófica y sobriedad heroica, quizá más propio de una época previa a la disociación de naturaleza y espíritu, ambos pusieron término a sus vidas voluntariamente: para escapar del aparato de captura nacionalsocialista, en el caso del primero, y de la mortecina máquina médico-industrial, en el caso de Deleuze.
Figura 1. Borradores iniciales del artículo de Passagen para la revista Der Cross
Fuente: Walter Benjamin / Franz Hessel: Frühe Entwürfe zum Passagen-Artikel für die Zeitschrift Der Querschnitt. Akademie der Künste, Berlin, WBA 348/14. Hamburger Stiftung zur Förderung von Wissenschaft und Kultur.
Notas
1Benjamin, “Kapitalismus als Religion”. En Gesammelte Schriften VI, 100-104.
2Deleuze, “De Cristo a la burguesía”, Artillería inmanente, abril del 2018. https://artilleriainmanente.noblogs.org/?p=705. Anteriormente publicado como “Du Christ à la bourgeoisie”, Espace, n. o1 (1946), 93-106.
3Deleuze, “De Cristo a la burguesía”, párr. 6.
4Deleuze, “De Cristo a la burguesía”, párr. 6.
5Deleuze, “De Cristo a la burguesía”, párr. 6.
6Deleuze, “De Cristo a la burguesía”, párr. 5, párr. 6.
7Deleuze, “De Cristo a la burguesía”, párr. 19.
8Benjamin, “Kapitalismus als Religion”, 525.
9Benjamin, “Kapitalismus als Religion”, 526.
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