Entre la marcha y el éxodo
La creación de la ACVC se dio entre 1996 y 1998, en medio de dos grandes movilizaciones de carácter regional: la marcha de los parques (1996) y el éxodo campesino (1998). En ambas, juntas de acción comunal rurales y urbanas, comunidades campesinas, mineras, pescadoras y cocaleras de los municipios de Yondó, Remedios (Antioquia) y Cantagallo (sur de Bolívar) marcharon hacia Barrancabermeja. Esta gama de actores sociales en ámbitos local y regional buscaba soluciones y el cumplimiento de acuerdos sobre las necesidades veredales de infraestructura, salud y educación en toda la región, que ya habían sido firmados con el Gobierno nacional. Además, formulaban nuevas demandas respecto a los derechos humanos, las políticas agrarias, las condiciones de vida y el control de grupos armados.6
La marcha de los parques reunió aproximadamente a tres mil campesinos y surgió en respuesta al Decreto 1956 de 1995, «Compromiso de Colombia frente al problema de las drogas», con el cual el gobierno del presidente Ernesto Samper tomó medidas coercitivas que se hicieron sentir en las zonas con cultivos de coca, al afectar la agricultura familiar y la comercialización con fines lícitos de mercancías como el cemento y los combustibles. La marcha, además, fue una reacción a la definición de los municipios de Remedios y Segovia como zonas especiales de orden público7 y al incumplimiento de los acuerdos firmados con anterioridad. Por último, la marcha hizo evidentes las preocupaciones por la expansión de las «Convivir»8 y la intensificación de las acciones violentas de los paramilitares y el ejército contra la guerrilla y la población civil en sus territorios. En esta ocasión los campesinos se reunieron con una comisión de la Presidencia de la República y representantes de las alcaldías de Barrancabermeja, Yondó y Cantagallo, y se crearon cinco áreas de trabajos: orden público y derechos humanos; infraestructura; inversión social; desarrollo agropecuario, y división administrativa. Esta dinámica de trabajo fue la base para llegar a un acuerdo que fue firmado en el Parque Infantil de Barrancabermeja, el 28 de octubre de 1996 (Páez, 2016; Pedraza, A. Entrevista 26 con líder de la ACVC. 25 de febrero, 2018).
Dos años después, entre julio y octubre de 1998, se efectuó el éxodo campesino a Barrancabermeja. Esta movilización se dio ante el incumplimiento por parte del Gobierno de los acuerdos firmados en 1996, especialmente en relación con la violación de los derechos humanos, ya que el conflicto se había intensificado en las zonas rurales de Yondó, Remedios y Cantagallo, y se había extendido a las comunidades campesinas de San Pablo, Santa Rosa del Sur y Simití. El éxodo permaneció durante el cambio de gobierno de Ernesto Samper Pizano (1994-1998) al de Andrés Pastrana Arango (1998-2002). Este último, ante la fuerza de la movilización campesina, se hizo presente para la firma de los acuerdos en Barrancabermeja el 4 de octubre de 1998: un acto que será recordado como la primera vez en la historia de la región del Magdalena Medio que un presidente de la República firma directamente un acuerdo con los campesinos (León, D. Entrevista 20 con líder de la ACVC. 25 de febrero, 2017).
Retrospectivamente, estos acontecimientos fueron claves para la génesis de la ACVC, porque evidenciaron, al igual que en otras movilizaciones en distintas partes del país9, la falta de políticas y programas que atendieran en el largo plazo las necesidades básicas de la población rural en las zonas de colonización. Las marchas además ponían en evidencia las acciones violentas contra los campesinos realizadas por los paramilitares; entre ellas, la quema por segunda vez de la sede de la Cooperativa de Pequeños y Medianos Agricultores de Antioquia (Coopemantioquia), en el caserío Puerto Nuevo, a orillas del río Ité (1986-1996); la masacre paramilitar en Barrancabermeja, en mayo de 199810, y la estigmatización de los campesinos por parte de sectores castrenses señalándolos como «guerrilleros» o «auxiliadores de la guerrilla». Por último, las marchas dieron cuenta de los impactos de la política de fumigaciones sobre los territorios campesinos, el acceso y gestión de los bienes comunes: agua, suelo, bosques y biodiversidad.
Esta estrategia militar ejerció una fuerte presión sobre los campesinos y campesinas del valle del río Cimitarra, quienes recurrieron a diferentes estrategias para protegerse del conflicto armado y elaborar proyectos que contribuyeran al fortalecimiento del territorio y la economía campesina. Por ello, los campesinos se organizaron en juntas de acción comunal desde donde lideraron y organizaron la movilización de las dos marchas y la creación de una organización de segundo nivel que denominaron Asociación Campesina del valle del río Cimitarra. Es así como, en medio de las movilizaciones, realizaron un fuerte trabajo de base, trazaron un plan de acción con énfasis en la formación y amparo de los derechos humanos11, y formularon además una propuesta, siguiendo la Ley 164 de 1994, de una zona de reserva campesina. Por cierto, para la memoria de los campesinos que hacen parte de la asociación, las movilizaciones campesinas de 1996 y 1998 no pueden entenderse desligadas de otras movilizaciones y acciones colectivas. En esa perspectiva, están presentes otras coyunturas de orden regional y nacional que jugaron un papel fundamental en la formación de líderes y la creación de una organización que acogiera y dirigiera el interés colectivo de las juntas. Así lo recuerdan sus dirigentes:
… es importante echarnos un poquito para atrás ¿no?, en 1985 fue cuando se consolida el proceso de Belisario Betancur de la UP. Ya ahí pues hay líderes que hoy hacen parte de la ACVC haciendo un papel importante. Está lo de la marcha que hubo en Cartagena, que acá desde el sur de Bolívar fue en 1984, la toma de Cartagena. De ahí parte mucho lo del tema organizativo: que es importante organizarnos acá en las veredas para seguirle saliendo al Gobierno nacional, y por eso de ahí nacen entonces unos acuerdos con el Gobierno nacional que son incumplidos, y entonces se siguen programando movilizaciones de personas del Magdalena Medio, que termina esa fase en 1996, cuando las grandes movilizaciones, y entonces se decide buscar una organización interlocutora entre el Gobierno nacional y las comunidades, y de ahí es donde se decide que entonces se crea la ACVC (GPAD, Taller colectivo1, sur de Bolívar, ACVC, 2017).
La ACVC se constituyó, en ese momento, en una de las organizaciones campesinas de la región cuya territorialidad se fue extendiendo de norte a sur por el valle del río Cimitarra. En ese sentido, la realización de las dos movilizaciones antes mencionadas (1996-1998) y la creación de la asociación fueron parte de los desafíos que los campesinos venían encarando desde finales de la década de los setenta, como una forma de ejercer la demanda de derechos sociales, cívicos, políticos y económicos, así como de reafirmar su condición de actor dentro de la ley y la lucha por sus derechos campesinos.
Río abajo y río arriba
Las tierras baldías en el valle del río Cimitarra fueron refugio y alternativa para muchos campesinos que migraron de antiguas zonas de poblamiento, en un proceso que empieza en 1950 y se fue intensificando en las tres últimas décadas del siglo XX. Esto se tradujo en la formación de diferentes focos de colonización campesina donde se reunieron conocidos y desconocidos sustentados en los recursos naturales, los conocimientos y la herencia cultural de sus lugares de origen. Con ello, boyacenses, tolimenses, santandereanos, antioqueños, chocoanos y caribeños, entre otros, llegaron para quedarse y, aún en medio de condiciones difíciles, se aferraron a una tierra con un gran potencial de producción, rica en madera y agua.
Читать дальше