Jaume Salinas - Señales

Здесь есть возможность читать онлайн «Jaume Salinas - Señales» — ознакомительный отрывок электронной книги совершенно бесплатно, а после прочтения отрывка купить полную версию. В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: unrecognised, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Señales: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Señales»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Con frecuencia pensamos que nuestra realidad diaria está formada sólo por aquellas situaciones que obedecen a una lógica racional y que todo hecho que no se ajuste a los parámetros establecidos cae dentro de la imaginación de la persona o de su capacidad para admitir la superstición. En este libro se recogen un total de treinta historias personales, de gente normal y corriente que nos hace pensar que lo de la lógica racional no se cumple en todos los ámbitos de la vida.

Señales — читать онлайн ознакомительный отрывок

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Señales», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

—¡Caramba con R., parece que para ella no pasa el tiempo! Mi primer impulso fue ir a saludarla, sobre todo después de que me hubiese visto, pero no me reconoció, cosa normal por otro lado, porque la última imagen que debía tener de mí era la de un joven de poco más de treinta años, con bastante pelo en la cabeza, barba y vestimenta propia de los años setenta. Ahora, en cambio, que acabo de cumplir los cincuenta, de mi cabeza ha desaparecido aquella pelambrera, ya no llevo barba y voy trajeado para ir a trabajar. En definitiva, era casi imposible que me reconociera.

En aquellos momentos tenía mucha prisa porque llegaba tarde a una firma de papeles, una gestión que no me había de ocupar más de diez minutos o un cuarto de hora, por lo cual opté por saludarla a la vuelta, con la creencia de que todavía los encontraría, teniendo en cuenta el cariz afable y distendido de la conversación que parecía que había entre ella y su sobrino.

No tardé ni los diez minutos inicialmente previstos, cuando estaba ya de vuelta por el mismo lugar donde creía que encontraría tía y sobrino. Lamentablemente ya no estaban y deduje que cada uno había tomado su camino.

—Lástima –pensé–, con las ganas que tenía de saludarla.

No me atreví a ponerme en contacto con el sobrino, porque si bien le conocía de vista y referencias, nunca nos habíamos tratado y, en aquella época, trabajábamos en departamentos distintos. No obstante, me prometí que más adelante le llamaría, me daría a conocer y le preguntaría por su tía. El hecho es que los días fueron pasando y me olvidé del tema.

Desde hace cosa de medio año, mi situación profesional ha cambiado y se ha producido la coincidencia de ser destinado al mismo departamento donde trabaja el sobrino, por lo cual recordé los hechos y le pregunté por su tía:

—Murió –me respondió.

—¡Caramba! ¿Cuándo? No debe hacer mucho, ya que hace cosa de tres o cuatro años os vi charlando sentados en un sofá del vestíbulo y estuve a punto de saludarla.

—¿Cómo? ¿Estás seguro de lo que dices? Mi tía R. murió hace más de diez años.

—¡Hostia! –exclamé–, pues sí que tengo buena percepción del tiempo transcurrido. ¡Un hecho que ha sucedido hace más de diez años y creo que sólo han pasado tres!

—Es más –añadió– estoy seguro de que aquí nunca ha venido a verme, porque los últimos años de su vida los pasó en una silla de ruedas, ya que poco después de la jubilación sufrió una embolia que la dejó medio paralizada.

Callé y volví a recordar la escena. Es más, cuanto más pensaba en ello más fresco tenía el recuerdo y la extraña sensación que tuve aquel día cuando los “vi charlando tan amigablemente”, y cómo me miró durante unos instantes.

Le quité importancia al hecho, hasta que hace cosa de una semana, revolviendo unos papeles personales que tenía en una carpeta, aparecieron unos resguardos firmados por mí, con fecha octubre de 1997, en medio de los que había un papel, de estos que se pegan y despegan, en donde había escrito:

“Localizar el teléfono del sobrino de R. y preguntar por ella.”

Mayo de 2001

Las tías de Arantxa

Arantxa y yo éramos compañeras y amigas de la escuela, un internado de Bilbao, del cual no merece la pena dar su nombre. Si bien ella y yo compartíamos habitación, juntamente con dos chicas más, se puede decir que Arantxa era una niña solitaria, pero nunca estuvo sola. De toda la pandilla, yo era la más pequeña. Arantxa tenía seis años más que yo; de las otras dos no me acuerdo ni de su cara. La suya es una historia de magia y encantamiento que se diluye con el transcurso del tiempo, cuando sólo nos queda el recuerdo de una época mágica, la de la infancia y la primera juventud, que parece que se la haya tragado la tierra, porque no ha quedado ni el más mínimo rastro.

Arantxa tenía un don que la hacía el centro de atracción de los que la conocíamos y tratábamos diariamente: Tenía el poder o la facultad de materializar aquello que se propusiera y que nos gustaba a las que estábamos con ella, pero sólo para las de su círculo ‘íntimo’. Caramelos, chicles, golosinas, lápices, medallas, etc., aparecían en su mano por arte de magia. Nadie sabía cómo lo hacía, pero el hecho es que cuando estábamos con ella nos decía:

—Tengo unas cosas para vosotras.

Acto seguido se ponía la mano abierta, con la palma tocando la parte izquierda del pecho, por delante del delantal, un poco más arriba del corazón, cerraba la mano y la extendía hacia la persona objeto del obsequio y cuando la abría aparecía una golosina.

Al principio nos pensábamos que se trataba de un truco de magia aprendido en un juguete muy famoso en aquella época (Magia Borrás), pero nunca conseguimos atraparla y averiguar cómo lo hacía. Cuando le preguntábamos ella siempre nos contestaba lo mismo:

—Es muy sencillo, me limito a pensar en lo que quieroy aparece en mi mano.

Como he dicho, esto sólo lo hacía con las que consideraba que eran sus amigas de confianza, incluso llegó a obligarnos a jurar que nunca lo divulgaríamos.

Al principio nos hizo gracia a todas, porque creíamos que se trataba de un simple truco de magia, pero a medida que pasaba el tiempo y no averiguábamos cómo lo hacía, un cierto aire misterioso la fue rodeando, de tal forma que incluso le teníamos un poco de miedo. Es preciso reconocer que todas menos yo. No sé por qué, pero Arantxa me fascinaba, sobre todo cuando me hablaba de su familia. Una familia que se reducía a dos tías mayores, hermanas de su padre, solteras y que vivían en una casa antigua de la Alameda Recalde. Los padres de Arantxa habían muerto en la guerra civil, a consecuencia de un bombardeo de las tropas franquistas, justo cuando ella todavía no había cumplido un año de vida. Desde un primer momento, tal como nos había explicado, sus tías se hicieron cargo de ella, pero como que eran bastante mayores, optaron por ponerla en aquel internado, del que salía cada fin de semana para ir a su casa.

Un día me invitó a ir a su casa, un domingo por la tarde. Jugaríamos con sus juguetes, y sus tías nos prepararían una merienda muy buena, me dijo. Además, yo sería la primera niña del colegio que tendría el ‘privilegio’ de ir a su casa.

Mis padres no pusieron ningún impedimento, teniendo en cuenta que ella no vivía muy lejos de mi casa y que caminando no se tardaba más de veinte minutos en llegar. Aquella era una época en la que el tiempo se relativizaba y no había las prisas de hoy en día. Los domingos por la tarde, precisamente era cuando se aprovechaba para ir de visita a casa de familiares y conocidos. Aquel domingo por la tarde mis padres aprovecharían para ir a hablar con unos primos de mi madre sobre unos temas relacionados con la herencia de un familiar lejano, que había muerto sin hacer testamento. De esta forma yo estaría controlada mientras ellos hacían la gestión familiar.

Cuando se abrió la puerta de casa de Arantxa apareció una señora mayor, muy mayor, que más que su tía parecía su abuela. Eso sí, muy sonriente y amable. Me invito a pasar. Era la tía Aránzazu.

—¿Tú debes ser Lucía, verdad? –me preguntó al mismo tiempo que me sonreía y me hacía una caricia en la mejilla derecha–. Arantxa nos habla mucho de ti –continuó diciendo–. Dice que eres la única niña que la trata tal como le gusta, es decir, con naturalidad. Que la ayudas mucho en los estudios, que la escuchas y que nunca le has pedido nada, no como hacen las otras niñas de la clase. ¿Es así? –me preguntó.

—Pues, no sé qué decirle, señora –le contesté–. A mí me gusta como es Arantxa, las cosas que dice y también las cosas que hace. Las otras niñas quizá no están acostumbradas a ver las cosas que ella sabe hacer. Se creen que hace trucos de magia, peroyo sé que no es magia, si bien no sé cómo lo hace.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Señales»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Señales» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Señales»

Обсуждение, отзывы о книге «Señales» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x