El fin de año se acercaba, cuando recibieron una llamada de Paulo Fontes, dueño de la S&M Records. Les informó que los había recomendado Miguel Marques y estaba interesado en agendar una reunión para oír la maqueta de los Lazy Mayhem. Ellos creían que entrarían al mundo de la música por la puerta grande, pero después de tantos esfuerzos la única invitación que recibieron fue de una disquera pequeña. La realidad era como un balde de agua fría lanzado sobre sus expectativas, aunque también se dieron cuenta de que aquella podía ser la única posibilidad de éxito que tenían. Quedaron de verse dos días después. Paulo Fontes era una persona afable, con el cuerpo cubierto de tatuajes, que mantenía a flote la S&M Records con dosis iguales de creatividad financiera y mucha pasión.
Cuando escucharon la maqueta en la oficina de Fontes, ellos se retorcieron en las sillas. Entre más escuchaban, más se notaba la precaria calidad de la grabación. Si la decisión hubiera dependido de aquel sonido, no habrían tenido posibilidad alguna, sin embargo el dueño de la disquera había hecho la tarea y eso les ayudó. Las críticas que recabó de las presentaciones en vivo de los Lazy Mayhem eran muy favorables, y eso le daba confianza suficiente para ofrecerles un contrato. Tiago se acuerda que no lograron ocultar su alegría:
Tan pronto como oímos aquellas palabras nos pusimos eufóricos. Todo aquello por lo que habíamos batallado valdría la pena. Nuestra reacción fue tan exagerada, aunque sincera, que temí que Fontes se arrepintiera y se retractara. Parecíamos demasiado desesperados…
Lo peor vino después, cuando vieron lo que estaba sobre el escritorio. La S&M Records estaba dispuesta a cederles tiempo de estudio ilimitado para grabar un álbum. Paulo Fontes asumiría el trabajo de producción. La disquera les entregaría cien mil escudos por cabeza y otros cien cada que el disco vendiera quinientas copias. La mitad de los derechos de representación y promoción de los Lazy Mayhem pasarían a las manos de la disquera. Cuando Paulo Fontes terminó de presentar su propuesta, comenzaron a reírse. La cantidad que recibirían por la grabación era irrisoria, y todavía tendrían que renunciar a una parte sustancial del ingreso base de la banda: las ganancias de los conciertos. De inmediato le dijeron que no. El empresario no se mostró muy preocupado. Se limitó a pedirles que lo pensaran mejor y que le dieran una respuesta definitiva de ahí a unos días.
Susy y Lafitte esperaban noticias de la reunión en la Woodstock. Cuando los vieron entrar notaron los rostros apesadumbrados, evidencia de que las cosas no habían salido bien. Resumieron lo sucedido, acusando a Paulo Fontes de charlatán. No valía la pena aceptar un regalo envenenado como aquel, concluyeron.
Lafitte se quedó callado durante un rato, de brazos cruzados, con los ojos cerrados, como si estuviera rumiando la situación, pensando los pros y los contras. En esos casos era mejor no interrumpirlo. Por fin, abrió los ojos, volteó hacia ellos y defendió la propuesta. Les dijo que era una oportunidad única que no podían despreciar. Esa declaración fue el inició de una discusión determinante para el futuro de The Empire. Los músicos no se esperaban una respuesta como aquella, y al principio el silencio se impuso en el salón. El primero en articular un argumento fue Mário, el más impulsivo del grupo. Comparó las condiciones puestas sobre la mesa con trabajo esclavo y añadió que sería una vergüenza aceptar aquella oferta. El extremismo de ambas posturas que siguió es descrito por Susy Gomes:
Tengo grabado en la memoria ese momento. Me acuerdo de que Lafitte volteó hacia Mário y le soltó un sermón tremendo: «Mírate en el espejo, por favor… —le pidió—. Ustedes no existen, son un sueño megalómano de cuatro pendejos que saben tocar tres acordes. Se ganan la vida como changuitos, imitando a bandas famosas, en bares de segunda y de tercera categoría. Viven en un salón prestado por un viejo que tiene el cerebro frito por la droga y que no sabe qué hacer con el tiempo que le queda de vida. ¿Y piensan que van a tener oportunidades mejores que esta?». Lafitte hizo una pausa y bajó el tono de voz antes de añadir: «Si son tan buenos como creen, ¿dónde está su mánager? ¿Dónde está el A&R de una disquera grande que les dé un contrato para firma? ¿Saben por qué nadie les llama? ¡Porque no valen nada!».
Lafitte era así. Daba sus opiniones de forma brusca, sin medir las consecuencias de sus palabras. Demostraba poca sensatez al decirlo de aquella manera, en un momento en el que todos se sentían derrotados. Mário reaccionó de forma impetuosa y amenazó con irse de la Woodstock para nunca más volver. El viejo todavía trató de retractarse y explicarle que, por mucho que los quisiera, tenía que ser realista con respecto al futuro. Pero era demasiado tarde. Mário se levantó y, antes de azotar la puerta, soltó un sonoro: «¡Chingas a tu puta madre!». Se hizo un silencio sepulcral. El vocalista y Lafitte tenían una relación especial, mucho más importante que la firma de un contrato con una disquera. Aquella discusión los angustió, y Ricardo fue detrás de Mário para tratar de calmarlo, asumiendo su papel de mediador. Susy cuenta como el vocalista se mostró inflexible:
Ricardo trato de convencerlo, pero Mário no quiso volver al Dramático. Se pasaba los días en cafeterías o bares, bebiendo solo. Dormía en bancas de parque. No estaba escondido, sabíamos dónde encontrarlo, sin embargo era mejor dejarlo en paz. Era difícil para todos. Ricardo y Tiago habían abandonado la casa de sus padres y no tenían grandes perspectivas de vivir bien, pero para Mário era una cuestión de supervivencia. Ricardo estaba seguro de que si la banda no tenía éxito, su amigo se mataba o se dejaba morir. Lafitte, por otro lado, estaba arrepentido de lo que había dicho. Habló con los otros tres y les explicó lo que pensaba de los Lazy Mayhem. Estaba de acuerdo con que no era el mejor contrato del mundo, pero era la única alternativa que tenían. Por lo menos en ese momento. Sería un escalón más. Dos días después de la discusión, Ricardo volvió a encontrarse con Mário. Se sentaron a platicar y llegaron a la conclusión de que no tenían alternativa. Aceptarían la oferta. Mário también estaba arrepentido de lo que le había dicho a Lafitte y quería hacer las paces. Acordaron firmar el contrato con Paulo y celebrar con bombo y platillo en el Dramático el álbum de debut de la banda y la reconciliación. Al mismo tiempo, darían una noticia de primera mano: invitar a Lafitte para que fuera el mánager oficial de los Lazy Mayhem.
Ese día, después de la comida se dirigieron a la S&M Records. Aceptaron los términos del contrato, programaron las fechas para comenzar con las grabaciones y sellaron el acuerdo con un apretón de manos y una botella de vino. Cuando salieron de la disquera, Ricardo recibió una llamada de Susy. Tenía un celular nuevo, regalo de su madre para estar siempre en contacto, ahora que estaba fuera de casa. Le extrañó la llamada de Susy porque ella había quedado de ir a la Woodstock para preparar la cena de la celebración.
—Ricardo… Acabo de llegar al Dramático —dijo llorando, muy alterada— Es Lafitte… Está muerto.
Notas:
*El padre de Ricardo Gomes. [N. del A.]
**Canción de cumpleaños en portugués. [N. de la T.]
***Nombre del supermercado local. [N. de la T.]
****El A&R (Artist & Repertoire) de una disquera es el responsable del scout de talentos y de la supervisión de su desarrollo artístico. [N. del A.]
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