No sólo de deseo, se corrigió, sino de amor. Quería a Ty con todo su corazón y su alma.
– Podemos empezar a mirar casas cuando quieras -él le dio un beso en los labios-. ¿Contenta? -preguntó.
Ella asintió con la cabeza.
– Mucho. Es sólo que me siento culpable por ser tan feliz cuando Hunter lo está pasando tan mal.
Ty echó la cabeza hacia atrás y la miró a los ojos, comprensivo.
– No podemos hacer gran cosa por él hasta que se recupere y supere lo de Molly.
Lacey levantó las cejas.
– ¿Tú me olvidarías tan fácilmente?
Él frunció el ceño y torció los labios hacia abajo.
– No es lo mismo.
– Eso no lo sabes. Yo los vi juntos. Hunter la quiere.
– Y ella lo traicionó. Hunter arriesgó su corazón y ella lo pisoteó -dijo Ty en defensa de su mejor amigo-. La gente se enamora de la persona equivocada y lo supera. Mira lo que os pasó a Alex y a ti.
El ex novio de Lacey la había llamado poco después de la llegada de Ty. Ty había contestado al teléfono y se lo había pasado a ella de mala gana, pero al menos no le había colgado. Lacey tuvo una breve conversación con él y, para su sorpresa, Alex se disculpó por su comportamiento cuando rompió con él. Había pasado el tiempo suficiente como para que superara la idea de que eran pareja, le dijo. Y, aunque ambos sabían que nunca serían amigos, al menos su relación no había acabado agriamente, cosa que Lacey agradecía. Alex había desempeñado un papel importante en su vida y estaba convencida de que, gracias a él, había cobrado conciencia de cuánto amaba y echaba de menos a Ty.
Lacey suspiró.
– Alex y yo tuvimos una relación importante -dijo con cuidado-. Pero yo nunca le quise y él reconoció que estaba más enamorado de la idea de casarse que de mí.
– Eso lo convierte en un idiota y a mí en un hombre afortunado -contestó Ty-. En cuanto a Hunter, deja que sea él quien encuentre una solución. Tú no puedes arreglarlo por él.
Ella frunció los labios en un mohín.
– Pero…
– Pero nada. Ya has hecho todo lo que podías por Hunter, empezando por saldar los préstamos de sus estudios.
Lacey hizo una mueca al recordar el airado sermón que le había dedicado Hunter. Pero, bajo su orgullo, ella sabía que agradecía el gesto. Era lo menos que podía hacer por el hombre que tanto había hecho por ella.
– Sigue trabajando demasiado y yendo de flor en flor. Es…
– No es asunto tuyo -insistió Ty. Mientras hablaba, deslizó las manos bajo la camiseta de Lacey.
Tenía las palmas de las manos calientes y su deseo era muy evidente: su miembro erecto se apretaba contra el muslo de Lacey, distrayéndola. Que era lo que pretendía, ella lo sabía. Hizo lo que pudo por no gemir y que, al oírla, Digger corriera a interrumpirlos.
– Hunter solucionará su futuro -dijo Ty con una decisión que parecía ordenarle que no se metiera en la vida de su amigo-. Entre tanto, nosotros vamos a empezar a trabajar en el nuestro.
¿Y cómo iba Lacey a llevarle la contraria en eso?
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