Y no obstante…
Sus manos temblaron mientras salía de la bañera. Abrió el armario del baño y buscó entre el champú y otras cosas la prueba del embarazo.
Miró la fecha de caducidad. Estaba vigente. Luego siguió las instrucciones y se puso a esperar.
Cuando pasó el tiempo, se acercó. Dos lineas. Elizabeth pestañeó.
Había dos líneas. Estaba embarazada. Lucas iba a tener un hermanito o hermanita. Reed y ella iban a tener un bebé.
Se sentó en el borde de la bañera. Le temblaban las piernas y sintió frío en todo el cuerpo. Cuando se le pasó se envolvió con los brazos y pensó que tenía un bebé en su interior. Un pequeño dentro de ella.
Un resplandor la iluminó.
Se puso de pie, se envolvió con el albornoz y fue a darle la noticia a Reed.
– Hierro, calcio, vitamina A y fibra -estaba leyendo en voz alta él la caja de los cereales.
– Tiene buena pinta. Hasta yo me lo comería -dijo Hanna.
Elizabeth se detuvo al ver a Reed. Joe y Hanna estaban al lado de la trona de Lucas.
Todos se dieron la vuelta para mirarla. Ella tenía el albornoz medio abierto y el pelo despeinado. Hasta Joe sonrió.
– ¿Estás de servicio? -le preguntó a Joe.
Si iba a aparecer por allí con tanta frecuencia, sería mejor que se acostumbrase a verla en albornoz.
– Estoy de visita -dijo Joe, su mano rozó la de Hanna, y ésta agarró sus dedos un instante.
– Ahh…
– He olvidado decirte que Selina y Collin solucionaron el problema del Organismo regulador del mercado de valores -dijo Reed.
Elizabeth se dio la vuelta para mirarlo.
– ¿Está resuelto?
– Sí.
– ¿Estás fuera de peligro?
Reed asintió.
– Fue uno de los ayudantes de Kendrick. Te contaré todos los detalles, si quieres.
– ¿Ya no necesito un guadaespaldas entonces?
– Ya no más.
Lucas golpeó con sus manitas en la trona y gorjeó.
– Entonces… Hay algo que tengo que decir.
Todos esperaron.
– Estoy embarazada.
Tardaron un momento en darse cuenta de lo que acababa de decir.
Hanna gritó de alegría y Joe la felicitó.
Reed la miró en estado de shock.
Luego, finalmente dijo:
– ¿Cómo diablos…?
– En Biarritz, supongo -dijo Elizabeth.
Había sido científicamente posible, pero dada la historia de Reed y ella, el quedar embarazada les había parecido imposible.
– ¿Hiciste algo diferente? -preguntó Hanna.
Joe le dio un codazo.
– No me refiero a eso -agregó Hanna.
– Me ató a las columnas de la cama -dijo Elizabeth.
Hanna se rió. Joe hizo un ruido ininteligible.
– No puedo creer que hayas dicho eso -dijo Reed.
Elizabeth se encogió de hombros.
– Sólo intento ser sincera, y mira, funciona.
Reed la envolvió con sus brazos y la estrechó contra sí.
– De aquí en adelante -le dijo él al oído-, este asunto de la sinceridad sólo es entre tú y yo.
Elizabeth se rió al escucharlo, y lo abrazó fuertemente.
Y el mundo para ellos se transformó en un lugar de permanente felicidad.
***