Jack Vance - La Polilla Lunar
Здесь есть возможность читать онлайн «Jack Vance - La Polilla Lunar» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Фантастика и фэнтези, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:La Polilla Lunar
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:4 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 80
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
La Polilla Lunar: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La Polilla Lunar»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
La Polilla Lunar — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La Polilla Lunar», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
El Duende del Bosque le miró sin comprender, y siguió caminando por el sendero.
Thissell se interpuso en su camino. Buscó su ganga , recordó la reacción previa del caballerizo, y arrancó un acorde del zachinko .
— Usted viene del espaciopuerto — cantó —. ¿Qué ha visto allí?
El Duende del Bosque tomó su clarín de mano — un instrumento utilizado para escarnecer al adversario en el campo de batalla, para reunir los rebaños y, eventualmente, para demostrar una instantánea ferocidad — y repuso:
— De dónde vengo y qué he visto, son cosas que sólo a mí me conciernen. Apártese o le pisaré la cara.
Avanzó, y si Thissell no se hubiese apartado, el Duende del Bosque hubiera sido muy capaz de cumplir su amenaza.
Thissell se quedó mirando la espalda que se alejaba. ¿Angmark? No era probable que tocara con tal perfección el clarín de mano. El representante consular vaciló, se volvió y continuó su camino.
Al llegar al espaciopuerto, fue directamente al despacho. La pesada puerta estaba abierta de par en par. Cuando Thissell se acercó, apareció un hombre, con una máscara de escamas verde oscuro, placas de mica, madera pintada de azul y plumas negras: el Pájaro del Lago.
— Ser Rolver — dijo ansioso Thissell —, ¿quién llegó en el Carina Cruzeiro?
Rolver miró con detenimiento a Thissell.
— ¿Por qué me lo pregunta?
— ¿Por qué? Usted debe haber visto el espaciograma de Castel Cromartin que he recibido.
— Ah, sí…, desde luego.
— Me lo entregaron hace apenas media hora — dijo con amargura Thissell —. He venido lo más aprisa que he podido. ¿Dónde está Angmark?
— Supongo que en Fan.
Thissell maldijo en voz baja.
— ¿Por qué no le ha detenido o le ha entretenido de algún modo?
Rolver se encogió de hombros.
— Porque no tenía autoridad, deseo ni capacidad para hacerlo.
Thissell luchó contra su fastidio. Con voz deliberadamente serena agregó:
— Me encontré en el camino con un hombre que llevaba una máscara horrenda: ojos como platos, y barbas rojas.
— Un Duende del Bosque. Angmark llevaba consigo una máscara así.
— Pero si tocaba el clarín de mano — protestó Thissell —. ¿Cómo podía ser Angmark?
— Conoce bien Sirene; ha vivido cinco años aquí, en Fan.
— Cromartin no dice nada de eso — gruñó Thissell, molesto.
— Todo el mundo lo sabe. Era representante comercial antes de Welibus.
— ¿Welibus y él se conocen?
Rolver se rió.
— Naturalmente. Pero no vaya a imaginar que el pobre Welibus es culpable de otra cosa que no sea falsear sus libros; le aseguro que no es cómplice de ningún asesino.
— Hablando de asesinos, ¿podría prestarme un arma?
Rolver le miró, incrédulo.
— ¿Ha venido a capturar a Angmark con las manos desnudas?
— No tenía otra opción. Cuando Cromartin da una orden espera resultados. Y de todos modos, aquí estaba usted con sus esclavos.
— No cuente conmigo para nada — repuso con impertinencia Rolver —. Llevo el Pájaro del Lago y no pretendo tener valor. Pero puedo prestarle una pistola de energía. Hace tiempo que no la uso, y no puedo garantizar su carga.
— Es mejor que nada.
Rolver entró en su despacho y regresó con el arma.
— Y ahora, ¿qué piensa hacer?
Thissell movió la cabeza con fastidio.
— Trataré de encontrar a Angmark en Fan. ¿O puede que se dirija a Zundar?
Rolver reflexionó.
— Angmark podría sobrevivir en Zundar. Pero antes deberá poner a punto sus dotes musicales. Me figuro que se quedará unos días en Fan.
— ¿Y cómo puedo encontrarle? ¿Dónde debo buscar?
— Eso no se lo puedo decir. Quizá sea más seguro que no le encuentre. Angmark es un hombre peligroso.
Thissell regresó a Fan por el mismo camino que había llegado.
Allí donde el sendero salía de las colinas a la llanura, se elevaba un edificio de gruesas paredes de adobe, pisé de terre. La puerta era una sólida plancha de madera negra de una sola pieza; las ventanas estaban protegidas por una reja de hierro. Era el despacho de Cornely Welibus, agente comercial, importador y exportador. Thissell halló a Welibus cómodamente instalado en la galería embaldosada, con una modesta adaptación de la máscara Waldemar. Parecía sumido en sus pensamientos, o quizá no reconoció la Polilla Lunar de Thissell. Fuera como fuese, no dio ninguna señal de bienvenida.
Thissell se aproximó.
— Buenos días, Ser Welibus.
Welibus, abstraído, movió la cabeza y dijo con voz monocorde, pulsando su krodatch .
— Buenos días.
Thissell se quedó perplejo. No era ése el instrumento apropiado para saludar a un amigo, aunque llevase la Polilla Lunar. Fríamente, dijo:
— ¿Puedo preguntarle cuánto tiempo hace que está sentado aquí?
Welibus reflexionó medio minuto, y cuando habló se acompañó con el crebarin, más cordial. Pero el recuerdo del acorde de krodatch continuaba resonando en la mente de Thissell.
— Unos quince o veinte minutos. ¿Por qué me lo pregunta?
— ¿No habrá visto pasar a un Duende del Bosque?
Welibus asintió.
— Bajó a la explanada y creo que entró en la primera tienda de máscaras.
Thissell silbó entre dientes. Ése debía ser, naturalmente, el primer movimiento de Angmark.
— Si cambia de máscara, no lo encontraré jamás — murmuró.
— ¿Quién es ese Duende del Bosque? — preguntó Welibus, sin mayor interés.
Thissell no vio razón para ocultar el nombre.
— Un conocido criminal: Haxo Angmark.
— ¡Haxo Angmark! ¿Está seguro que se encuentra aquí?
— Razonablemente seguro.
Welibus se frotó las manos temblorosas.
— Es una mala noticia… ¡Muy mala noticia! Es un canalla sin escrúpulos.
— ¿Le conocía usted bien?
— Muy bien. — Welibus se acompañaba ahora con el kiv —. Tenía el cargo que ahora ocupo yo. Llegué aquí como inspector, y descubrí que se embolsaba cuatro mil UMIs mensuales… Estoy seguro que no siente la menor gratitud hacia mí. — Welibus miró nerviosamente hacia la explanada —. Espero que lo atrape.
— Haré lo posible. ¿Dice usted que entró en la tienda de máscaras?
— Así es.
Thissell se alejó, y oyó que la puerta negra se cerraba con violencia a sus espaldas.
Caminó por la explanada hasta la tienda del fabricante de máscaras, y se detuvo en el exterior como admirando lo que se exhibía en el escaparate: un centenar de máscaras en miniatura hechas de madera y minerales raros, y adornadas con escamas de esmeralda, con sedas finísimas, alas de avispa, escamas de pez petrificadas y otros materiales por el estilo. No había nadie en la tienda aparte del artesano, un hombre nudoso y encorvado, vestido de amarillo, que llevaba una máscara engañosamente simple de Experto Universal, hecha con más de dos mil elementos de madera articulados.
Thissell pensó lo que diría y cómo se acompañaría, y entró. El creador de máscaras advirtió su timidez y su Polilla Lunar y continuó con su tarea.
Thissell optó por el más sencillo de sus instrumentos, y pulsó su strapan , aunque no era la elección más feliz porque suponía cierto grado de condescendencia. Thissell intentó corregir ese matiz cantando en tono cálido y casi efusivo, y sacudiendo alegremente el strapan cuando tocaba una nota falsa:
— Es interesante conversar con un extranjero; sus costumbres no son familiares, y excita la curiosidad. Hace menos de veinte minutos un extranjero penetró en esta fascinante tienda para cambiar su pardusca máscara de Duende del Bosque por una de las maravillosas e imaginativas creaciones aquí reunidas.
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «La Polilla Lunar»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La Polilla Lunar» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «La Polilla Lunar» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.