Mary sonrió amablemente.
Bal se volvió hacia su mujer-compañera.
—¿Qué está retrasando a ese hijo tuyo?
—¿Quién sabe? —respondió Yabla, con amable reproche—. Desde luego, sale a ti.
—Aquí viene —gritó Jasmel, todavía cargada con su pesada mochila.
Mary miró en la dirección que señalaba la muchacha. Una figura emergía en la distancia, corriendo hacia ellos, con algo grande cruzado sobre los hombros. Sin embargo, parecía que tardaría varios minutos en alcanzarlos. Mary se inclinó hacia Ponter.
—¿Cual es el apellido del pretendiente de tu hija?
Ponter frunció el ceño un instante, evidentemente escuchando a Hak tratando de sacar sentido a la pregunta.
—Oh —dijo por fin—. Tryon Rugal.
—No entiendo vuestros nombres —dijo Mary—. Quiero decir, «Vaughan» es el apellido de mi familia: mis padres, mis hermanos y mi hermana lo comparten.
Se protegió los ojos con una mano para ver al muchacho acercarse. Ponter miraba también hacia allí, pero su arco ciliar era toda la protección que necesitaba.
—El último nombre, el que se usa por el mundo exterior, lo elige el padre. El primero, el que se usa por aquellos que uno conoce bien, lo elige la madre. ¿Ves? Los padres viven en la Periferia, las madres en el Centro. Mi padre escogió Boddit para mí, que significa «maravillosamente guapo», y mi madre escogió Ponter, que significa «enormemente inteligente».
—Estás bromeando.
Ponter mostró su gigantesca sonrisa.
—Claro que sí. Lo siento, sólo quería que creyeras que es tan impresionante como el tuyo: «madre de Dios». Ponter significa «luna llena», y Boddit es el nombre de una ciudad de Evsoy, conocida por sus grandes pintores.
—Ah —dijo Mary—. Entonces… ¡Dios mío!
—Bueno —dijo Ponter, todavía de broma—, desde luego no como el mío.
—¡No, mira! —señaló a Tryon.
—¿Sí?
—¡Lleva a cuestas el cadáver de un ciervo!
—¿Has visto? —Ponter sonrió—. Es su ofrenda de caza a Jasmel y en su mochila, ella tiene su ofrenda para él.
En efecto, Jasmel abría por fin su mochila. Tal vez, pensó Mary, era tradicional esperar hasta que el hombre hubiera visto que la mujer había traído sus cosas. Mientras Tryon se acercaba, Ponter avanzó hacia él y le ayudó a quitarse el ciervo de los hombros.
El estómago de Mary dio un vuelco. La piel del ciervo estaba ensangrentada y media docena de heridas penetraban su torso. Y, mientras Tryon se agachaba, vio que tenía la espalda cubierta de sangre de ciervo.
—¿Tiene que oficiar alguien la ceremonia? —preguntó Mary.
Ponter parecía confuso.
—No.
—Nosotros tenemos a un juez o un representante de la Iglesia que se encarga de eso.
—Los juramentos que se hagan Jasmel y Tryon mutuamente quedarán registrados de modo automático en los archivos de coartadas —dijo Ponter.
Mary asintió. Naturalmente.
Ahora que Tryon se había librado del ciervo, corrió hacia su amada. Jasmel la atrapó con los brazos abiertos y se fundieron en un fuerte abrazo, y se lamieron el rostro, de manera bastante apasionada. Mary desvió la mirada.
—Vamos —dijo el padre de Tryon, Bal—. Harán falta décimos para asar ese ciervo. Tendríamos que empezar ya.
Los dos se separaron. Mary vio que las manos de Jasmel estaban ahora manchadas de rojo tras acariciar la espalda de Tryon. Eso le repugnó, pero Jasmel se echó a reír cuando se dio cuenta, sin más.
Y, sin más preámbulos, la ceremonia aparentemente empezó.
—Muy bien —dijo Jasmel—. Allá vamos.
Se volvió hacia Tryon.
—Prometo llevarte en mi corazón veintinueve días al mes, y tenerte en mis brazos cada vez que Dos se conviertan en Uno.
Mary miró a Ponter. Los músculos de su ancha mandíbula abultaban: evidentemente, estaba emocionado.
—Prometo ——continuó Jasmel—, que tu salud y tu felicidad serán tan importantes para mí como las mías propias.
Daklar estaba también indudablemente emocionada. Después de todo, según había entendido Mary, Jasmel y ella habían vivido juntas toda la vida de la muchacha.
Jasmel volvió a hablar;
—Si, en cualquier momento, te cansas de mí, prometo liberarte sin acritud, y con los mejores intereses de nuestros hijos como mi mayor prioridad.
Mary se sintió impresionada por eso. Cuánto más simple hubiese sido su propia vida si Colm y ella hubieran hecho un juramento similar. Miró de nuevo a Ponter y…
«¡Jesús!»
Daklar se había situado junto a él y (Mary apenas podía creerlo), ¡los dos estaban tomados de la mano!
Al parecer ahora le tocaba a Tryon el turno de hablar.
—Prometo llevarte en mi corazón veintinueve días al mes, y tenerte en mis brazos cada vez que Dos se conviertan en Uno.
«Dos que se convierten en Uno», pensó Mary. Sin duda eso ya había sucedido una vez desde el primer regreso de Ponter a casa y su reaparición en la Tierra de Mary. Ella había supuesto que había pasado ese tiempo solo, pero…
—Prometo —dijo Tryon— que tu salud y tu felicidad serán tan importantes para mí como las mías propias.
»Si, en cualquier momento, te cansas de mí —continuó—, prometo liberarte sin dolor, y con los mejores intereses de nuestros hijos como mi mayor prioridad.
Normalmente, a Mary le hubiese encantado oír unos votos matrimoniales tan equitativos: Colm había dicho una vez que era una lástima que el ceremonial católico no incluyera «y obedecer». Pero la idea quedó completamente subordinada a su sorpresa al ver que Ponter y Daklar se mostraban afectuosos el uno con el otro… ¡Y después de lo que ella le había hecho a Adikor!
La pequeña Megameg sobresaltó a Mary al dar una palmada.
—¡Están unidos! —chilló.
Durante medio segundo, Mary pensó que la niña se refería a Ponter y Daklar, pero, no, no, eso era ridículo.
Bal se dio una palmada en el estómago.
—¡Ahora que hemos terminado con esto, pongámonos a trabajar en la preparación del festín!
—¿Qué es usted? ¿Idiota? —preguntó Selgan, sacudiendo la cabeza asombrado.
—¡Daklar no tenía que estar allí! —dijo Ponter—. Una ceremonia de unión implica sólo a los padres y a los dos hijos que se unen. No hay ninguna función para los compañeros del mismo sexo de los padres.
—Pero Daklar era tabant de sus hijas.
—De Jasmel no. Jasmel había alcanzado la mayoría de edad. Ya no tenía una tutora legal.
—Pero usted llevó a Mary —dijo Selgan.
—Sí. Y no pido disculpas por eso: era mi derecho llevar a alguien en lugar de Klast. —Ponter frunció el ceño—. Daklar no debería haber estado allí.
Selgan se rascó la cabeza, donde mostraba menos pelo.
—Ustedes los de las ciencias físicas —dijo, sacudiendo de nuevo la cabeza—, esperan que los humanos se comporten de manera predecible, que sigan leyes inmutables. Pero no lo hacen.
Ponter hizo una mueca.
—A mí me lo va a decir.
Para horror de Mary, se suponía que todos tenían que participar en el despiece del ciervo. Bal y Yabla, como padres del… del «novio» (Mary no podía dejar de utilizar el término), habían traído afilados cuchillos de metal, y Bal abrió al ciervo de la garganta a la cola. Mary no estaba preparada para la visión de tanta sangre y se excusó, apartándose un poco.
Hacía frío allí, en el mundo neanderthal, y la temperatura seguía bajando. El sol está a punto de ponerse.
Mary estaba de espaldas al grupo, pero al cabo de unos momentos oyó pisadas sobre las primeras hojas de otoño. Supuso que era Ponter, que venía a ofrecerle consuelo… y una explicación. Pero el corazón de Mary dio un brinco cuando oyó la grave voz de Daklal.
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