John Darnton - Ánima
Здесь есть возможность читать онлайн «John Darnton - Ánima» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Фантастика и фэнтези, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:Ánima
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:5 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 100
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
Ánima: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Ánima»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
Ánima — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Ánima», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
Tuvo la sensación de haber roto una especie de encantamiento, una invocación. Y cuanto más tiempo pasaba sin que recibiera una respuesta, más se convencía de que había cometido un error y el pánico aumentaba. ¿Debería teclear una pregunta? ¿Preguntar quién estaba haciendo eso, cómo estaba sucediendo?
Pero entonces, para su alivio y su horror, comenzaron a formarse más palabras, lentamente, como si procedieran de un lugar muy profundo. Cuando las leyó, sintió que le arrancaban el corazón del pecho.
PAPÁ. AYÚDAME. AYÚDAME, PAPÁ
Scott se abalanzó sobre el teclado. Golpeó las teclas con furia.
TYLER, HIJO. ¿ERES TÚ?
No hubo respuesta. Esperó varios minutos, tratando de silenciar los latidos en sus oídos, tratando de pensar. ¿Debería volver a intentarlo, afectaría eso la respuesta de donde… de dondequiera que viniese? Volvió a intentarlo.
¿TYLER, DÓNDE ESTÁS?
Esta vez la respuesta llegó incluso más lentamente que antes, cada letra necesitaba cinco, diez segundos, de modo que antes de que la palabra estuviese completamente formada, él supo lo que diría. Y también supo que estaría con él para siempre y que su vida nunca volvería a ser la misma.
La respuesta decía:
EN TODAS PARTES.
Saramaggio entró en la cafetería del St. Catherine con la bandeja en las manos, buscando un rostro amigo con quien compartir la mesa. Vio que algunas de las personas lo miraban e imaginó que estaban hablando de él, o lo harían tan pronto como volviese la espalda. Examinó la sala casi con desesperación.
Después de aquellas semanas alejado del hospital, se sentía un tanto nervioso ante el regreso a su actividad habitual y mucho más ante la perspectiva de volver a operar. En una ocasión había oído una historia acerca de los obreros de la construcción que caminaban por las vigas de acero a medida que el edificio iba ganando altura, que no sentían miedo cuando se elevaban desde el nivel del suelo hasta una altura de vértigo piso a piso, pero dejaban que se marcharan durante tres semanas de vacaciones y regresaban a un edificio que, durante su ausencia, había aumentado su altura en cinco o seis pisos y entonces enfrentraban los temblores. Así era como se sentía en ese momento.
Después de la horrible noche en fa que Tyler había muerto, necesitaba esas semanas de descanso. Se había sentido alentado por el discurso que había pronunciado el padre del muchacho en el funeral, sus palabras acerca de los avances médicos y la necesidad de aliviar el sufrimiento humano a largo plazo mostraban un espíritu de generosidad y perdón que estuvo a punto de hacerlo llorar. Sintió que iban dirigidas a él y las tomó personalmente.
Pero no podía convencerse de que las mereciera. Y tampoco aliviaron la enorme carga de culpa que sentía. Porque era lo bastante honesto para reconocer que su cuota de culpa en todo lo que había ocurrido era muy grande. Había ignorado las implicaciones del dolor de Scott y había presionado para seguir adelante con la operación de Tyler, en parte porque quería ensanchar las fronteras de la medicina, pero también porque deseaba satisfacer su propia ambición. Y había cruzado la línea y superado el juramento hipocrático al depositar tanta confianza en las máquinas de Cleaver. Una voz en lo profundo de su ser le había dicho que confiar en un ordenador para que dirigiera el funcionamiento del sistema nervioso autónomo era una cuestión tan complicada que las probabilidades de que el experimento fracasara eran enormes. Siempre se había sentido orgulloso de la clarividencia del cirujano y, esta vez, la había descuidado.
Y había algo más. Aquella noche había mostrado un juicio equivocado; se había doblegado ante las presiones, haciendo algo cuyas implicaciones sólo ahora comenzaba a discernir. Como consecuencia se sentía bajo el pie de Cleaver, lo cual le resultaba insoportable. Ese individuo siempre le había desagradado -a nadie le caía bien-, pero antes había sido capaz de acomodar ese sentimiento menospreciándole. Ahora, después de su confabulación secreta, tenía la impresión de que el poder se deslizaba hacia las manos de ese hombre. Su relación era como un balancín, y súbitamente, Cleaver era quien tenía ambos pies apoyados fuertemente en el suelo, mientras que Saramaggio se mecía, indefenso, en el aire.
Después de una semana de deambular abatido por su casa en Greenwich, paseando ocasionalmente por los senderos del Audubon Center mientras las primeras hojas del otoño se amontonaban a su alrededor, había decidido buscar ayuda profesional. Había elegido a un psiquiatra llamado Bill Swenson, a quien había conocido en sociedad pero no demasiado bien. Ambos pertenecían al club de campo de Round Hill y se saludaban en el campo de golf con un respeto distante, miembros en extremos opuestos de la fraternidad médica.
Swenson accedió en ver a Saramaggio de inmediato -casi con alegría, pensó él-, e inicialmente sin cobrarle, con un acuerdo casi implícito (contenido en la expresión «usted haría lo mismo por mí») de que quizá en el futuro él podría requerir su ayuda. Pero ese acuerdo inicial se rompió cuando se hizo evidente que necesitaría más sesiones, y Saramaggio extendió su breve licencia añadiendo tiempo de sus vacaciones.
En la primera sesión, el cirujano se mostró cauteloso y permaneció en silencio la mayor parte del tiempo. Swenson le dijo que se estaba mostrando hostil y Saramaggio replicó, con un esbozo de sonrisa, que estaba actuando normalmente, como lo hacía siempre. En las sesiones siguientes, fue capaz de mantener ese aire de indiferencia defensiva, si bien en una o dos ocasiones, al hablar de Tyler, sintió que estaba al borde de las lágrimas.
En un momento dado miró fijamente a Swenson y le preguntó:
– Dígame, ¿es cierta esta cuestión de la confidencialidad del paciente?
– ¿A qué se refiere? -preguntó Swenson.
– Si yo le dijera que había hecho algo… poco ético… tal vez incluso ilegal, algo que sería suficiente como para perder el derecho a seguir ejerciendo mi profesión… ¿Estaría obligado a mantenerlo en secreto?
– Por supuesto. Siempre que no esté en peligro la vida de alguien. ¿Por qué lo pregunta?
– Sólo preguntaba.. -Vamos, vamos. Hay algo que le preocupa.
Y Saramaggio le dijo que, efectivamente, había algo que le preocupaba, pero lanzó una cortina de humo, diciendo que estaba preocupado ante la posibilidad de no poder volver a operar nunca más. Con un gesto dramático, alzó la mano derecha a la altura del brazo y la hizo girar de modo que sus finos dedos formaran órbitas en el aire. Cuando hizo explícito su miedo, en él había tanta verdad oculta que Swenson lo creyó y siguió la pista falsa.
Pero, en otros aspectos, Swenson era un buen profesional -no era casualidad que pudiese permitirse el lujo de tener una casa en Greenwich-, y después de varias semanas de sesiones intensivas, y con la ayuda de unas pequeñas píldoras blancas, consiguió que Saramaggio volviese a ponerse en pie, aunque un ojo experto podía ver claramente que la antigua seguridad del cirujano ya no era lo que había sido. La mañana en que Saramaggio regresó al St. Catherine, saludó a los médicos e incluso a los internos con los que se cruzaba en los pasillos.
Kate lo vio cuando entraba en la cafetería y bajó la vista a su bandeja, pero, ante su consternación, cuando volvió a alzarla, Saramaggio estaba junto a su mesa.
– ¿Le molesta si me siento con usted?
Ella no sabía cómo decirle que no, pero tampoco podía resignarse a acceder a su petición, de modo que movió ligeramente la cabeza y él lo tomó como una muestra de asentimiento. Al principio permanecieron en silencio y luego comenzaron a hablar de fruslerías. Pero finalmente, Kate, quien había comenzado a mostrarse menos dura aun a su pesar, descubrió que le quemaba la curiosidad. Lo miró con sus ojos azules y penetrantes y dijo:
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «Ánima»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Ánima» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «Ánima» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.
