Manuel Montalbán - La muchacha que pudo ser Emmanuelle

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Es un relato que fue publicado como feuilleton entre el 3 y el 30 de agosto de 1997 por EL PAÍS, con ilustraciones de Fernando Vicente.
Nació como guión para la serie televisiva sobre Carvalho que iba a producir la televisión argentina bajo la dirección de Luis Baroné y con Juan Diego en el papel de Carvalho.
La acción se desarrolla en Barcelona pero sirve de introito a Quinteto de Buenos Aires.

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Biscúter le abrió los brazos.

– ¡Gualterio!

El hombre se recostó en su sillón y detuvo el avance de Biscúter con un brazo.

– No me sacará ni un duro. Ya he dicho que mis acreedores no me molesten hasta que Argentina haya pagado la deuda externa y Barcelona sea la capital de Alemania. Si el Gobierno argentino debe dinero, yo también puedo deberlo.

– Las nieves del tiempo platearon mi sien, pero ¿tan irreconocible estoy? ¿No te acuerdas de Biscúter? ¿Las tortillas de patatas que te hacía en la cárcel de Lérida cuando tú estabas allí de contrabandista? ¿Las partidas de julepe en casa de Madame Victoria en Andorra? ¿El follador de las Pampas, como me llamabais porque la metía doblada y no la sacaba hasta el tercer polvo?

Gualterio pareció recordar. Lo consiguió. Pero no era muy bueno lo que recordaba.

– No es que la metieras doblada. Decía Madame Victoria que la tenías tan pequeña que en realidad la tenías inverosímil. El liante. Parecías un feto recién sacado con fórceps. Nunca he visto un presidiario menos consistente que tú. No sé cómo conseguiste sobrevivir. ¿Consiguió romperte el culo Antonio el cachas negras?

– No. Ni él ni nadie. A pesar de lo sórdido del ambiente recuerdo con amistad a mucha gente, a Antonio el cachas negras, que se negó a lavarse mientras no le sacaran de preventivo y llevaba ya diez años de preventivo.

– Mucha amistad, mucha farra, mucho haiga robado, mucha casa de putas, mucho julepe, pero no testificaste, no me sacaste de la trena cuando el asunto aquel de la menor.

– ¿Sacarte yo de la trena? Pero si estuve yo mismo a punto de ir a la trena sin haber hecho nada! Además, Gualterio, aquella niña tenía once años.

Gualterio dio un giro de ciento ochenta grados en su sillón móvil y sin dejar de dar la espalada a Biscúter se justificó:

– Tenía trece años, a los trece años una mujer es una mujer. ¿Qué cantabas?

– ¿Olvidaste que, cuando pasábamos la noche en casa de Madame Victoria, al día siguiente nos despertaba poniéndonos esta canción, era una zarzuela? ¿Olvidaste?

– Recuerdo. ¿Qué más quieres?

Biscúter contempló las paredes llenas de fotografías de muertos sin sepultura. Aspiró aire para animarse.

– Se nota que te han ido bien las cosas y que dejaste el contrabando de tabaco y duralex.

– Ya nadie usa duralex de contrabando y cada vez se fuma menos. ¿No habrás venido a recordar aquellos asquerosos tiempos?

Biscúter analizó la situación y derivó su discurso hacia un inventario concreto de las vivencias compartidas en la cárcel de Lérida y en Andorra, las bases de partida del contrabando de El Argentino y de las razas de coches prepotentes de Biscúter. Lo que le enternecía o le hacía llorar dejaba impasible a Gualterio, esencialmente aburrido de la situación primero, hastiado a continuación. Era el momento psicológico adecuado para sorprenderle, dedujo Biscúter.

– ¿Tu oíste hablar de Helga Singer, la Emmanuelle argentina? Era compatriota tuya. Quería ser artista y vino a Barcelona. Tú ejercías ya de agente artístico aquí.

Gualterio dio la vuelta a su sillón y se enfrentó a Biscúter con la gravedad en la cara. Ya no estaba aburrido, ni hastiado. Hasta las varices del rostro habían empalidecido y algo parecido a las lágrimas balsamizaron el fondo enrojecido de sus ojos.

– ¿Y tú me preguntas eso a mí? ¿No sabes que esa mujer destrozó mi vida?

7. ¿POR QUÉ LLAMAS PARADOJAS A LAS TETAS?

Biscúter está estupefacto y de una de sus manos cuelga el sombrero inmotivado. Contempla cómo su recuperado amigo coloca álbumes de fotografías sobre la mesa, las manos temblorosas cuando pasa sus hojas grandes, lentas, la voz rota cuando comenta algunas de las resurrecciones de vivos y muertos que sólo él recuerda.

– La Lobita Mora tenía un culito pequeño y respingón, parecía una naricilla. Pepe el Gatero era tan ágil en el escenario como robando con escalo y nocturnidad. Le salió más rentable robar, pero perdió facultades y acabó en la trena. ¡Mirá!, aquí está.

Siete fotografías de Helga Singer, dos como Emmanuelle argentina inmigrada en España pero aún sentada en el sillón de mimbre de la Kristel; el resto, las posturas habituales de catálogo fotográfico de artistas.

– Estas fotos tienen mas años que yo -dijo Biscúter.

– Que más quisieras. Yo representé a Helga hasta 1980. ¡Han pasado diecisiete años! ¿Qué son diecisiete años?

– ¿Cómo encajó no ser la Emmanuelle argentina?

Se tomó tanto tiempo Gualterio para respirar como para contar la historia.

– Fue todo un montaje del gerente de unos grandes almacenes de Buenos Aires, de la calle Corrientes, cuando Corrientes se encuentra con Callao. En parte para hacer publicidad, en parte para acostarse con las chicas que se presentaban. Helga me lo contó todo años después, cuando vino a parar a este despacho recién llegada a Barcelona. Helga era una mezcla de recelo y de sorna. Tenía miedo de no sé que y se reía de lo incauta que había sido. Había llegado a meterse en la cama con aquel tipo flaco, casi anoréxico. Todo en él era grande, menos la pinga, incluso la nuez de Adán, que Helga recordaba como un bulto móvil, excesivo. Cuando terminaron de cogerse, Helga se enroscó mimosa en el cuerpo del hombre. Le dijo: "¿De verdad vos crees que yo puedo conseguir el papel?". Contestó el muy borde: "Si no lo consigues tú, no lo consigue ninguna otra, esto puedo jurártelo". Helga le objetó que mal de muchos consuelo de tontos, y le enseñó las tetas: "¿Te gustan mis paradojas?". "¿Por qué llamás paradojas a las tetas?", le preguntó el lobo, y Caperucita le respondió: "Es una historia vieja. ¿Vendrá Silvia Kristel a presidir el jurado? ¿Vos creés que yo encajaré en la idea que ella tiene de Emmanuelle?". "Vos sos Emmanuelle. Si el productor te hubiera conocido antes que a Silvia, te hubiera escogido a vos". "¿Te gustan mis paradojas?", -preguntaba una y otra vez Helga con voz mimosa-. "Me gustan tanto que preferiría que tuvieras más. Sería un monstruo" -opuso caperucita al lobo. "De lujuria". Y aquí Helga se cabreó, porque era muy suya. Saltó de la cama y se puso una bata que reposaba en una silla. "¿Que te pasa?" "Yo no soy una lujuriosa. Yo no soy una puta. Sé lo que quiero, eso es todo. Llegará el día, como le llegó a Marilyn Monroe. ¿Sabes lo que dijo Marilyn cuando triunfó con su primer papel importante? Pues dijo: "Ahora no tendré que mamársela a los productores para conseguir papeles". Pobrecita, se ponía brava en estas situaciones, pero era interiormente frágil. Aquel sinvergüenza la estaba engañando. Ella lo recordaba aquí, donde estás sentado, vos, Plegamans o Biscúter o como quieras llamarte. Se reía de lo mucho que había llorado entonces, cuando aquel cabrón le propuso un papelito de consolación en una película que iba a rodarse en la Pampa, un papel secundario en una película que iba a protagonizar Mirtha Legrand. El sátiro se lo vendió bien: "La cámara sólo tendrá ojos para ti, Mirtha ya está muy vista". Pero Helga había leído el guión y su papel era una majadería, apenas cuatro frases. "¡Pero piba, si estás en pantalla un cuarto de hora!", insistía el sátiro flaco. Mira, Plegamans, aquí conservo el recorte de papel que me dio Helga donde consta lo que debía memorizar para decir ante las cámaras:

"No he querido ofenderla, pero su sobrino no es lo que parece… ni yo soy lo que parezco"… "¡Basta ya, Carlos! Han pasado los años en que estaba dispuesta a creer en ti y en todo lo que me dijeras. He crecido. Tú no". "¡Que sea la última vez que me pegas! Si vuelves a intentarlo… ¡te mataré!". "Si. He sido yo. Estoy cansada de fingir. Quererle era también un fingimiento. Matarle ha sido la única verdad de nuestras relaciones". "Adiós, doña Sole. Pero su sobrino no era lo que parecía. No le pido perdón, sino su… ¡da lo mismo! ¡Ya todo da lo mismo!".

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