Brad Meltzer - Los Pasadizos Del Poder

Здесь есть возможность читать онлайн «Brad Meltzer - Los Pasadizos Del Poder» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Los Pasadizos Del Poder: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Los Pasadizos Del Poder»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Sombra es el nombre en clave que el Servicio Secreto ha dado a Nora Hartson, la hija del Presidente de Estados Unidos, una de las mujeres más vigiladas del mundo. Michael Garrick, un joven abogado del Departamento de Presidencia, empieza a salir con Nora sin tener en cuenta que ella también es Sombra y que mil ojos se posan sobre ambos. Una noche presencian algo que no deberían haber visto y quedan atrapados en una trama secreta urdida por alguien muy poderoso. Ambos jóvenes se convierten en un estorbo para quienes han hecho de la corrupción política el medio habitual para conseguir sus fines.

Los Pasadizos Del Poder — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Los Pasadizos Del Poder», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– Creí que no tenías con qué…

– Vendí el coche, fui haciendo de morosa con el préstamo, y saqué el máximo de efectivo autorizado de todas las tarjetas de crédito que conseguí. Mejor ser poco solvente que no tener futuro profesional.

Dice algo más, pero ya no la escucho. Una oleada de ira rompe contra la base de mi cráneo. Hasta los dedos de los pies se me tensan.

– ¿Qué? -me pregunta al ver la rabia en mi rostro.

– ¡Tú lo sabías! -rujo-. ¡Sabías todo el tiempo que era ella la del chantaje!

– Pero eso no…

– ¡Y me mandaste directamente a verla! Cuando vine el primer día y te pregunté si Caroline era de fiar, ¡me dijiste que sí! ¿Qué coño estabas pensando?

– Tranquilízate, Michael.

– ¿Por qué? ¿Para que así puedas seguir con más medias verdades? ¿O para servirme a Inez en bandeja? ¡Me has mentido, Pam! ¡Me mentiste con lo del teléfono, me mentiste en lo del expediente y me mentiste en lo de Caroline! Piénsalo por una vez: si yo no hubiera ido a verla aquel día, nada de esto… -Una vez más me interrumpo y miro atentamente a Pam. Inclinando la cabeza veo cambiar el prisma. Ella sabe lo que pasa por mi mente.

– Espera un momento -me interrumpe-. ¿Tú piensas que yo…?

– ¿Me estás diciendo que me equivoco?

– ¡Estás como una cabra, Michael! ¡Yo no la maté!

– Tú lo has dicho, no yo.

– ¡Nunca le hice nada! ¡Nunca! -insiste-. Lo juro, ¡yo creía que era mi amiga!

– ¿De verdad? ¿Así que todos tus amigos te sacan grandes cantidades de dinero por chantaje? Porque si ése es el caso, me vendrían bien unos miles extra. En billetes pequeños, por supuesto.

– Eres un gilipollas.

– Llámame lo que quieras, por lo menos yo no te estoy exprimiendo para sacarte dinero. Quiero decir, que si eso es un amigo, no resistiría ver a tus enemigos.

– Nunca tuve enemigos. Por lo menos hasta ahora.

– ¿Y qué me dices de…?

– ¿No lo entiendes, Michael? ¿Ni siquiera me has escuchado? Todo lo que yo tenía era una nota y un lugar. Nunca supe quién era.

– Pero tú sabías que Caroline tenía acceso a los expedientes.

– Eso no importaba, era… -se interrumpe-. Era como de mi familia.

Me lleva un segundo procesar esa información.

– ¿Así que nunca sospechaste de ella?

– Sospeché de ti antes que de ella.

No estoy muy seguro de cómo debo reaccionar ante esto.

– Además -continúa Pam-, no hacen falta los archivos del FBI para descubrir que Inez y yo fuimos juntas a la escuela. Imaginé que alguna otra persona había sumado dos y dos y entonces investigó por su cuenta.

– Pero bueno, ¿no te pareció raro cuando Caroline apareció muerta con treinta mil billetes en la caja fuerte y todos nuestros expedientes sobre la mesa? Es decir, que si andas buscando a un chantajista…

– Te juro que fue lo primero que pensé. Pero hasta ese momento yo no había ni alzado una ceja de interrogación.

– ¿Alzar una ceja? ¡Si es como una huella de ADN, lo único que le faltaba era sangre en la punta de los dedos y un tatuaje en la frente que dijera «matamos por dinero»!

– ¡No hagas chistes con esto!

– ¡Entonces deja de hacer el tonto! Una vez muerta Caroline, tú sabías que ella era la chantajista. Yo llevo todo este tiempo husmeando como un loco y tú no me das ni una pista. ¡Ni una!

– Tú ya lo sabías, Michael.

– Yo no…

– ¡Lo sabías! -exclama con rabia renovada-. Lo dijiste la noche que cenamos comida tailandesa. Te preguntabas si a Simon le estarían haciendo chantaje.

– Y tú podrías haberme respondido: «¡Sí! ¡Probablemente, sí! ¡Igual que a mí!» Y en vez de eso dejaste que me reconcomiera.

– ¿Cómo te atreves a decir eso? ¡He estado de tu parte desde el mismo momento en que empezó todo!

– ¿Entonces por qué no me contaste lo que había pasado con Inez?

– ¡Porque no quería que lo supieras! -grita con voz que retumba por todo el despacho-. ¡Ya está! ¿Esto es lo que quieres? Yo me sentía mortificada cuando sucedió, me daba náuseas.

Y entonces, como si aquello solo no fuera lo bastante malo, Caroline se aprovechó de mi peor momento y me humilló con ello.

Y tú tendrías que ser el que mejor lo entendiera de todos; es mejor guardar la ropa sucia en el armario.

– Sigo sin…

– Eso es lo único que te he ocultado, Michael. Mi ojo morado particular. De lo demás te dije la verdad. Y si tú no te hubieras olido el chantaje por tu cuenta, yo te lo hubiera puesto delante de los ojos.

– Pero aun así, echaste a Inez sobre mí.

– Eso no te lo crees ni por un momento.

Tiene razón. Era un farol para ver cómo reaccionaba. Por lo que veo, pasa.

– ¿Entonces nunca has hablado de esto con Inez?

– Me llamó el día después de que ocurrió. Y le conté menos incluso que a los del FBI. Puedes creerme, si hubiera querido joderte, hubiera hecho lo más fácil de todo.

– ¿Como qué?

– Les hubiera contado lo tuyo -dice clavándome la mirada en los ojos-. Con Nora. De eso podría haber sacado por lo menos veinte mil.

Ya estamos. Sinceridad guerrillera. Si no resultase tan desconcertante, probablemente me echaría a reír. Vuelvo a preguntar:

– ¿Entonces nunca supiste que era Caroline quien exigía dinero?

– No creo que lo pensara nadie. Repásalo, ¿por qué iba a dejar Simon aquel dinero en el bosque? Si hubiera sabido que era Caroline, le habría pagado cara a cara.

No es una mala teoría.

– Tal vez por eso la mató. Cuando fue a contarle a ella el cuento de su versión de la historia, Caroline le hizo algún comentario malicioso y se dio cuenta de que ella era la señorita Dineros.

– Pero ¿matarla por eso? No te ofendas, pero ¿y qué? Ella sabe que es gay. ¿Le importa a alguien?

– Seguro que a Simon, no. Si le importara, nunca hubiera aparecido sin disfraz en un bar gay. Que es por lo que creo que hay algo más que la cuestión gay, no te olvides que Simon tiene mujer y tres hijos. Cualquiera que sea tu opinión, eso no deja de destrozar una vida.

Nos quedamos los dos sentados en silencio, moviendo la cabeza con asentimiento. En un momento, dice Pam:

– Yo sigo pensando que Caroline sabía algo de Nora.

– No quiero hablar de eso.

Pam hace una pausa y continúa:

– Y si no hubiera muerto, apuesto a que te hubiera hecho chantaje a ti. Y que por eso tenía tu expediente.

– Eso nunca lo sabremos -digo, alegrándome de cambiar de tema-. Era su secreto.

– Hablando de secretos, ¿qué pasa con el mío? -pregunta Pam, saltando sobre su propio tema-. ¿Tienes previsto delatarme?

– Tú ahora eres la nueva Reina de la Ética. ¿Tienes pensado trasladar a mi padre?

Nos miramos durante un buen rato y luego bajamos las cabezas con una torpe inclinación de alivio.

– ¿Puedo hacerte una última pregunta? -añado al ver que se gira para marcharse-. ¿Qué ha pasado con el expediente de Vaughn del FBI? Dijiste que nos lo ibas a conseguir.

– Creí que lo habías conseguido a través de Lamb.

– Pues sí. Sólo quería saber por qué no lo conseguí gracias a ti.

Su sonrisa desaparece tal cual. Su entrecejo se tensa y la boca se entreabre de dolor. No, no dolor. Tristeza. Decepción.

– Sigues pensando que yo… después de lo que acabamos de… -la voz vuelve a arrastrarse.

– ¿Qué? ¿Qué ibas a decir?

Ha terminado de darme respuestas. Se precipita hacia la puerta principal de la oficina, tapándose la boca con la mano y conteniendo las lágrimas.

– He hecho cuanto he podido, Michael.

Estoy a punto de seguirla cuando me interrumpe el timbre del teléfono. Resuena simultáneamente en mi despacho y en la antesala. Miro el identificador de llamadas. Llamada exterior. A unos pocos metros, Pam coge la puerta y la abre. Dentro de un segundo se habrá ido. Es difícil, pero elijo esto.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Los Pasadizos Del Poder»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Los Pasadizos Del Poder» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Los Pasadizos Del Poder»

Обсуждение, отзывы о книге «Los Pasadizos Del Poder» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.