Estaba en una posición difícil. Se recordó a sí misma que debía ser cautelosa. Adoraba su trabajo, pero se daba cuenta de que cada caso podía definir su carrera. Si llegaba a fallar con una violación en el campus, tendría que volver a conducir un coche patrulla. Si estropeaba una investigación de drogas o un robo con allanamiento de morada, en un departamento policial pequeño como el suyo, la mancha negra en su historial sería magnificada. En lugar de agitar su placa dorada ante rateros y estudiantes que habían bebido tanto como para cometer un delito, estaría respondiendo llamadas telefónicas.
Una parte de ella estalló en cólera contra Jennifer. ¡Maldita sea! ¿Por qué no podías simplemente fumar marihuana y quedarte toda la noche fuera de casa como hace cualquier adolescente con problemas? ¿Por qué no ponerte a beber y a practicar sexo demasiado pronto y sin protección y pasar de ese modo la adolescencia? ¿Por qué tenías que huir?
Estaba exhausta. Ya se habría quedado dormida si no fuera por las imágenes combinadas de dos asesinos muertos hacía medio siglo y de Jennifer. Quería prometer que la iba a encontrar, pero sabía que eso todavía era poco probable.
* * *
El jefe de su departamento estaba sentado detrás de su mesa. Había una fotografía sobre la pared detrás de él: el jefe con uniforme de béisbol rodeado de niños. Una temporada de campeonato de la Liga Menor. No muy lejos había un trofeo barato pero brillante y un diploma enmarcado que lo declaraba «el mejor entrenador de todos los tiempos» rubricado por muchas firmas apenas definidas. El resto de la pared estaba dedicado a diplomas de numerosos cursos de entrenamiento, un programa de desarrollo profesional del FBI del
Fitchburg State College y un título de postgrado del John Jay College en Nueva York. Ella sabía que este último era bastante prestigioso.
Al jefe le gustaba llevar uniforme para trabajar, pero aquel día vestía un traje que parecía demasiado ajustado para su vientre expandido y para sus brazos de levantador de pesas. Ella tuvo la impresión de que estaba a punto de reventar en varias direcciones, como un personaje de dibujos animados que estuviera siendo inflado como un globo. Estaba tomando lentamente el café y tamborileando con un lápiz sobre el escueto informe que ella había presentado.
– Terri -le dijo lentamente-, aquí hay más preguntas que respuestas.
– Sí, señor.
– ¿Estás sugiriendo que llamemos a los tipos de la policía del Estado o al FBI?
Terri había previsto esta pregunta.
– Creo que debemos informar de la situación, hasta donde podemos saber. Pero sin ninguna prueba firme, sólo van a estar tan frustrados como yo.
El usaba gafas. Tenía el hábito de ponérselas y luego quitárselas -se las quitaba cuando hablaba, se las volvía a poner cuando leía- de modo que estaba constantemente en movimiento.
– Entonces lo que estás diciendo…
– Una adolescente con una historia confirmada de fugas se escapa por tercera vez. Un testigo poco fiable dice que vio que era raptada en una calle. Investigación adicional revela que un vehículo robado similar al que él vio podría haber sido incendiado horas después de la desaparición.
– Sí, ¿y?
– Sí, y eso es todo. No hay una petición de rescate. Ningún contacto con la muchacha desaparecida ni con nadie más. En otras palabras…: si hubo un delito, ahí termina todo.
– Jesús. ¿Qué piensas tú?
– Yo pienso… -Terri vaciló. Estaba dispuesta a precipitarse con su respuesta, pero se dio cuenta de pronto de que lo que dijera podía ser peligroso. Quería asegurarse de proteger cautelosamente su puesto-. Pienso que debemos proceder con cautela.
– ¿Cómo?
– Bien, el testigo, el profesor Thomas, emérito de la universidad, pongo sus antecedentes en el informe, piensa que debemos revisar casos de posibles secuestros con abuso sexual. Analizar a todos los potenciales delincuentes sexuales. Tratar de encontrar por ahí algún camino a seguir. Al mismo tiempo, debemos aumentar los requerimientos sobre personas desaparecidas. Si usted quiere informar a su enlace con la oficina del FBI de Springfield, eso podría ayudar. Mire a ver si quieren involucrarse.
– Lo dudo -dijo el jefe-. No sin algo más concreto para empezar. -Terri no continuó. Sabía que el jefe lo haría-. Está bien, sigue trabajando en el caso. Mantenlo en el primer lugar de tu bandeja. Sabes que la mayoría de estos adolescentes fugados al final aparecen. Esperemos que con suerte las personas a quienes el profesor vio sean unos amigos que la madre no conoce. Sigamos reuniendo información mientras esperamos una llamada del tipo Se me acabó el dinero y quiero volver a casa.
Terri asintió con la cabeza. El jefe veía los mismos problemas que ella. Quería asegurarse de que nunca tuviera que ponerse de pie delante de un montón de cámaras y periodistas para decir: Bien, no pudimos aprovechar las oportunidades que tuvimos… Ella había visto a policías en otras jurisdicciones enfrentarse a esa situación y ver cómo sus carreras se desvanecían. Dudaba de que su jefe -aun con el sólido apoyo del alcalde y del ayuntamiento- quisiera ser el próximo en enfrentar la dura mirada de la publicidad negativa.
Era fácil para ella suponer que tampoco querría levantarse delante del concejo municipal, ni siquiera en sesión secreta, y decir: Bueno, tal vez tenemos un violador o asesino en serie en nuestro agradable, tranquilo y pequeño pueblo universitario…, porque eso sería igualmente explosivo. Así que, tal como lo sospechaba, lo que le estaba diciendo realmente era: Haz todo lo posible. Cubre todas las bases. Sigue todos los procedimientos. Pero no corras riesgos. No te vuelvas loca. Sólo sé firme y prudente…, porque si algo sale mal, tú serás la culpable.
Ella asintió con la cabeza.
– Lo mantendré informado si logro desarrollar algo que sea de interés.
– Hazlo -replicó él. Se arregló el nudo de la corbata. Un discurso, supuso Terri, tal vez con los masones o en el Club de Leones local. El tipo de público dispuesto a escuchar detalles estadísticos sobre delincuencia y sobre cómo el Departamento de Policía había manejado cada caso con destreza y profesionalidad. Esa era una impresión que al jefe le gustaba dar, y era bueno en eso.
Terri decidió que iba a hacer dos cosas. En primer lugar, revisar casos sin resolver. Tal vez había otra Jennifer de la que no estaba al tanto. Y luego planeaba identificar a cada delincuente sexual fichado que estuviera a su alcance. Muchas visitas, pensó. Pero necesarias.
Se levantó y salió de la oficina del jefe. No había dicho una sola palabra sobre las teorías del profesor Thomas. La mayoría de los crímenes se ajustan a patrones, se ajustan a normas estadísticas, se ajustan a esquemas que pueden ser enseñados en las aulas para luego ser aplicados en situaciones de la vida real. El quería salirse de esos parámetros, pensó ella.
También pensó que no tenía sentido hacerlo realmente. Pero tampoco lo tenía no hacerlo.
Michael estaba contento. Las respuestas para Serie # 4 estaban llenas de ideas, sugerencias y peticiones. Éstas iban desde un sutil «Necesito ver sus ojos», hasta el considerablemente más predecible «Penetradla-penetradla-penetradla-penetradla» o el complejo «Matadla. ¡Matadla ya!».
Michael sabía que sus respuestas eran importantes y dedicó un tiempo a elaborar cada una. Estaba siempre alerta ante las necesidades de los abonados enganchados a whatcomes next.com. Le gustaba imaginarse como un escritor de la nueva era, un poeta del futuro. Pensaba que los escritores tradicionales que dedicaban meses y años a desarrollar historias en papel eran dinosaurios y evidentemente estaban en vías de extinción. Él hablaba una lengua diferente, una que no estaba limitada al inglés, al ruso o al japonés. No era un pintor confinado a las barreras de un lienzo. Sus pinceladas cambiaban y se modificaban constantemente. A diferencia de un director de cine, que trabajaba dentro de un presupuesto estricto, él elaboraba imágenes llenas de incertidumbre y sorpresa. No estaba atado a ningún dialecto ni a ningún medio. Era un artista que combinaba cine y vídeo con Internet, palabras y actuación en una mezcla de medios que hablaba de los tiempos venideros, no de los tiempos antiguos que ya habían pasado. Se pensaba a sí mismo en parte como un documentalista, en parte productor y totalmente perteneciente al futuro. El suyo era el diseño de la espontaneidad.
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