La propuesta de moratoria desencadenó una guerra política. En su redactado original, pedía suspender todas las ejecuciones durante dos años, plazo en el que se estudiaría la pena de muerte desde todos los ángulos posibles, y por todo tipo de comisiones y de expertos. Las sesiones del comité fueron televisadas. Entre los testigos había jueces jubilados, activistas radicales, investigadores conocidos y hasta tres hombres absueltos después de varios años en el corredor de la muerte. Las bulliciosas manifestaciones frente al Capitolio eran prácticamente diarias. Hubo varios brotes de violencia, porque los defensores de la pena de muerte se acercaban demasiado a sus adversarios. El circo que tanto temía el gobernador había llegado a la ciudad.
Desde el principio de la polémica sobre la moratoria en el Senado, la Cámara de Representantes empezó a trabajar en lo que al principio se llamó Comisión Donté Drumm sobre la Inocencia. Se concibió como una comisión a tiempo completo, con nueve miembros que estudiarían las raíces de las condenas injustas y se esforzarían por subsanar los problemas. En aquel momento, el número de absoluciones en Texas ascendía a treinta y tres, casi todas por pruebas de ADN, con una proporción alarmante en el condado de Dallas. Hubo otra serie de sesiones del comité, en las que no faltaron testigos entusiastas.
Tras instalarse a fines de enero en su nueva casa, Keith y Dana fueron a menudo al Capitolio, para asistir a los debates. Participaron en varias manifestaciones, y vieron cómo la asamblea legislativa se resentía del complejísimo proceso de abordar un problema importante. Como la mayoría de los observadores, pronto tuvieron la impresión de que nada cambiaría.
Mientras se eternizaba la sesión especial, empezó a aparecer en las noticias el nombre de Adam Flores. Tras veintisiete años en el corredor de la muerte, su ejecución estaba programada para el 1 de julio. Antaño, Flores había sido un traficante de drogas de poca monta que, en una mala noche, había matado a otro tan insignificante como él. Sus apelaciones eran historia. No tenía abogado.
La asamblea legislativa suspendió sus actividades a finales de marzo, y volvió a reunirse durante la primera semana de mayo. Tras varios meses de feroces luchas intestinas, lo obvio prevaleció. Había llegado el momento de olvidarse de aquella pequeña guerra y de volver a casa. En la votación final, la moratoria quedó descartada por diecinueve votos contra doce, sin ningún voto tránsfuga. Dos horas más tarde, la Cámara de Representantes arrojó setenta y siete votos en contra y setenta y tres a favor de crear la comisión de inocencia.
El 1 de julio, Adam Flores fue acompañado a Huntsville y recibido por el director, Ben Jeter. Lo pusieron en la celda de detención, donde habló con el capellán de la cárcel. Comió por última vez (bagre frito), y rezó su última oración. A las seis en punto de la tarde hizo el corto recorrido hasta la cámara de ejecuciones, y veinte minutos más tarde lo declararon muerto. No hubo testigos, ni de su lado ni del de la víctima. Como nadie reclamaba su cadáver, Adam Flores fue enterrado en el cementerio de la cárcel, junto a otros muchos reclusos del corredor de la muerte a quienes no reclamaba nadie.
Mi más sentida gratitud a David Dow, del Texas Defender Service, por su tiempo, sus consejos y conocimientos, y por el duro trabajo de leer el manuscrito y ofrecerme sus sugerencias. David es un abogado de prestigio, experto en la pena de muerte, pero también es profesor de Derecho y escritor de éxito. Sin su ayuda me habría visto obligado a investigar por mi cuenta, perspectiva que me sigue asustando y que debería asustar a mis lectores.
El director de la Unidad de las Paredes de Huntsville es C. T. O'Reilly, un texano pintoresco que me enseñó aquella cárcel y contestó a todas las preguntas habidas y por haber. A él y a su ayudante de confianza, Michelle Lyons, les agradezco su hospitalidad y su buena disposición.
Doy también las gracias a Neal Kassell, Tom Leland, Renee, Ty y Gail.
Es posible que algunos lectores más observadores de la cuenta encuentren un par de datos que les parezcan erróneos y se planteen escribirme para señalar mis deficiencias. Mejor que se guarden el papel. En este libro hay errores, como siempre, y mientras siga odiando la investigación y me guste adornar algún que otro dato, me temo que seguirá habiéndolos. Tengo la esperanza de que sean realmente insignificantes.
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[1]Término coloquial para referirse a una persona excéntrica. (N. del T.)
[2]Es decir, «Robbie Petaca». (N. del T.)
[3]En Estados Unidos y otros países anglosajones existen diversas asociaciones que pugnan por demostrar la inocencia de determinados condenados a muerte, sobre todo mediante pruebas de ADN. (N. del. T.)
[4]American Civil Liberties Union, asociación sin ánimo de lucro cuya actividad se centra en la defensa de los derechos civiles. (N. del T.)
[5]La National Association for the Advancement of Colored People (Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color), fundada en 1909, cuyo activismo se centra en la lucha contra la discriminación de los ciudadanos de raza negra. (N. del T.)
[6]Este histórico juicio (1954) fue decisivo para el final de la segregación educativa en Estados Unidos. (N. del T.)
[7]En inglés, «Ratón». (N. del T.)
[8]Juego de palabras entre drumstick (muslo de pollo) y el apellido de Donté Drum ( N. de T .)
[9] Hairspray significa «laca de pelo». (N. del T.)
[10]Americanos Contra la Pena de Muerte. (N. del T.)
[11]Observatorio de Ejecuciones, Estudiantes Contra la Pena de Muerte, Moratoria en Red de Texas, Texanos Contra el Asesinato Legalizado, Texanos a Favor de la Alternativa a la Pena de Muerte. (N. del T.)
[12]Foco en la Pena de Muerte. (N. del T.)
[13]Abolid las Ejecuciones en Texas. (N. del T.)