– ¿Podría estar interfiriendo con el Marrok en busca de poder, como hace Leah? -preguntó Anna.
Los dos hombres se dieron la vuelta. Era evidente que Charles se sentía incómodo por no haber reparado en ellos antes. Asil, quien tenía las perneras de sus téjanos empapadas, parecía más preocupado de Walter, quien mantenía las orejas alerta y mostraba los colmillos.
Anna apoyó una mano en su cuello mientras hacía las presentaciones.
– Asil, este es Walter. Walter, este es Asil, el lobo del que te hablamos.
Asil miró al lobo con el ceño fruncido, quien le devolvió la mirada y asomó aún más los colmillos.
– Basta ya -le dijo Anna a Walter, confiando en que le escuchara. Lo que menos necesitaban ahora era una lucha por el dominio. A los lobos nuevos siempre les costaba un poco establecer su lugar en la manada. Resultaba interesante que Walter no asumiera inmediatamente que Asil era el de mayor rango-. Todos debemos estar en las mejores condiciones para el combate.
– Walter protegió a una de las víctimas del lobo y este acabó Transformándole -dijo Charles-. Ha aceptado ayudarnos.
Podría haberlo expresado de un modo completamente distinto, pensó Anna. Acarició la parte superior de la cabeza de Walter de forma protectora. Con aquello, en lugar de desestimar al nuevo lobo, Charles pretendía dejar claro que Walter estaba bajo su protección y que era un elemento valioso en su intento de capturar a la bruja.
Aquello llenó de satisfacción a Anna, y como además no quería que Charles y Asil volvieran a discutir, dijo:
– ¿Podría estar Mary… Mariposa recurriendo al poder del Marrok a través del vínculo de la manada?
Charles dejó de fruncirle el ceño a Asil para contestar:
– Es indudable que se parecía mucho al poder de mi padre. Pero él no podría controlarme de ese modo.
Asil parecía desolado. Una bruja lo suficientemente poderosa puede controlar a cualquier hombre lobo sin una manada que pueda protegerle. Está prohibido por la ley de brujería, pero es posible.
– Uno de los problemas que Sarai y yo tuvimos con Mariposa fue su tendencia a obligar a la gente a hacer cosas contra su voluntad, como matar a sus animales de compañía. Y ha tenido tiempo de hacerse aún más poderosa. Ahora, gracias a mí, se ha convertido en un miembro de facto de la manada. Puede que haya logrado combinar los poderes de tu padre con los suyos propios.
Anna no estaba segura de las implicaciones de aquello, pero era obvio que Charles no estaba muy satisfecho.
– ¿El plan sigue siendo bajar de las montañas para hablar con el Marrok? -preguntó Anna-. Aunque no pueda venir, ¿no deberíamos alertarlo?
Charles se quedó completamente inmóvil.
– ¿Qué crees que hará tu padre cuando le contemos lo que ocurre? -preguntó Asil.
Charles no respondió.
– Exacto -corroboró Asil-. Lo mismo que creo yo. Vendría él mismo en persona… después de obligarnos a todos a regresar a casa. No importa que sea una estupidez, el Marrok protege a los suyos y tiene tanta confianza en la reputación de su invulnerabilidad como el resto de lobos. La muerte de Doc Wallace fue un duro golpe para él, y no se arriesgará a perder a otro de los suyos. Sobre todo si es su hijo.
– Ninguna bruja puede controlar a mi padre -dijo Charles. Aunque Anna percibió cierta duda en su voz. Quizá él también se dio cuenta, ya que giró la cabeza y dijo, más suavemente-: tendremos que hacerlo nosotros.
Asil irguió la cabeza de repente y olfateó el aire con los ojos cerrados. Entonces se quedó inmóvil.
Charles se dio la vuelta hacia el refugio. Anna hizo lo mismo pero no vio nada. Al principio.
Parecía fundirse con el viento y la nieve. Su pelaje brillaba con tonos grises, dorados y tenebrosos. Todos se quedaron petrificados, contemplando cómo la loba observaba a Asil. Tras unos segundos, saltó por encima del tocón y se aproximó lentamente sin dejar de gimotear y agitar ligeramente el rabo.
Asil hizo ademán de aproximarse a la loba, pero Charles le agarró por el hombro, impidiéndole avanzar.
– ¿Sarai? -dijo Asil con voz ronca mientras Charles continuaba sujetándole.
La loba inclinó la cabeza y bajó la cola adoptando la posición clásica de sumisión. Volvió a gemir. Junto a Anna, Walter gruñó y se colocó entre ella y la otra loba. Sin embargo, la mujer lobo solo tenía ojos para Asil.
La loba emitió un sonido suplicante, afligido. A continuación, se dio la vuelta y salió corriendo. Anna la estaba mirando, de modo que no vio lo que hizo Asil, tan solo que, de repente, se había liberado de la mano de Charles y corría detrás de la loba que tanto se parecía a su pareja.
Charles no le persiguió. Se limitó a observar cómo los dos desaparecían en la oscuridad.
– Eso no es muy bueno, ¿verdad? -musitó Anna.
– No -dijo Charles con severidad. -¿Qué hacemos? ¿Los seguimos?
– No. -Charles miró a Walter-. Aunque no creo que sea necesario, ¿no crees? La bruja continúa en la vieja cabaña del servicio forestal.
Walter ladró para demostrar su conformidad.
– ¿No se lo contaremos al Marrok? -El viento volvió a soplar con fuerza y Anna empezó a temblar-. ¿Estás seguro de que es lo más inteligente? ¿Tu padre no tiene una bruja a sueldo que pueda ayudarnos? Mi vieja manada compartía una con la otra manada de Chicago.
– La bruja de Asil ha encontrado el modo de controlar a un hombre lobo que tiene la protección de la manada -dijo Charles-. Es la primera vez que oigo algo semejante, de modo que su intención no parece ser hacerlo público. Afortunadamente, las brujas mantienen bien ocultos sus poderes. Pero si esta es la única que sabe cómo hacerlo, hemos de procurar que siga siendo así. No podemos involucrar a otra bruja.
Charles continuaba con la vista fija en el lugar por donde había desaparecido la mascota de la bruja.
– Asil tiene razón. Mi padre querría encargarse él solo de la bruja.
– ¿Y podría hacerlo?
Charles empezó a encogerse de hombros pero se detuvo a medio camino, como si le doliera.
– No tuvo ningún problema conmigo. Lo que no significa que mi padre no pueda rechazarla, pero si no lo consiguiera… mi padre controla a todos los hombres lobo de Norteamérica, Anna. Si lo capturara, podría controlarlos a todos.
– ¿Es eso lo que quiere?
Anna se dio cuenta de que Charles se balanceaba ligeramente.
– No lo sé. Lleva mucho tiempo buscando a Asil, pero mi padre es una pieza más valiosa.
Anna dio un paso hacia Charles y le rodeó la cintura con el brazo para calmarlo.
– ¿Estaremos a salvo el resto de la noche? ¿O vendrá a por nosotros?
Charles la miró desde arriba y suspiró.
– No más que en cualquier otro lugar; espero. Asil la mantendrá ocupada. Pobre Moro. Si estuviera en mejores condiciones, habría ido tras ellos. Pero esta noche está solo. -Una sonrisa amarga cruzó por su rostro-. No nos queda más remedio que pasar el resto de la noche aquí -le dijo-. Necesito comer y descansar antes de poder recorrer un kilómetro más.
Anna lo acompañó hasta uno de los árboles caídos, un lugar protegido del viento, y volvió a encender la fogata. Walter bloqueó el viento mientras ella usaba una gotita de Sterno y el mechero para hacer prender las ramas más secas que había podido encontrar en los alrededores. Mientras el agua se calentaba, Anna le cambió a Charles el vendaje de las costillas utilizando una camiseta limpia que previamente había hecho jirones. Durante todo el proceso, él se mostró dócil como un niño.
Le obligó a comer dos sobres de comida liofilizada, le dio otro a Walter y ella comió otro. Cuando terminaron, cubrió la fogata con nieve hasta extinguirla completamente y acompañó a Charles al refugio. Se sentía demasiado cansada para volver a transformarse, y Charles aún estaba en peores condiciones. Walter se acurrucó frente a ambos, bloqueando de forma electiva el viento y la nieve que intentaban golpearles.
Читать дальше