– ¿Dónde está el Marrok? -preguntó.
– Te está esperando en su estudio -le dijo ella.
Dio un paso atrás e hizo ademán de irse, pero Heather dijo su nombre suavemente.
Y él se detuvo.
– Jack es un buen hombre -susurró Heather.
Charles miró por encima del hombro y vio que le estaba mirando fijamente. Podría haberle preguntado a qué se refería, pero antes quería hablar con su padre.
Aunque Anna no dijo nada, percibió por su creciente tensión que había captado parte del trasfondo. A menos que su instinto le engañara, tenía serias dudas sobre la supervivencia del amigo de Heather, Jack.
De modo que se limitó a asentir y se dirigió al estudio con Anna pegada a sus talones.
El fuego estaba encendido: una mala señal. Papá solo lo encendía cuando algo le preocupaba. Su padre estaba sentado con las piernas cruzadas en el suelo frente al hogar y con la vista fija en las llamas.
Charles se detuvo en el umbral pero Anna pasó junto a él y acercó las manos al fuego. Ninguno de los tres habló durante un rato.
Finalmente, Bran suspiró, se puso en pie y caminó lentamente alrededor de Charles.
– ¿Cómo te sientes? -le preguntó cuando volvió a situarse frente a él.
Le ardía la pierna, y aún estaba demasiado débil para poder correr. Pese a que no quería mentirle a su padre, tampoco le apetecía enumerar sus dolores y achaques.
– Mejor. ¿Qué necesitas?
Bran se cruzó de brazos.
– Esta semana ya he matado a alguien contra mi voluntad; no quiero volver a hacerlo.
– ¿Jack tiene que morir?
¿Quería su padre que lo hiciera él? Miró a Anna con cierta ansiedad mientras esta se acercaba más al fuego y se encorvaba, dándole la espalda a ambos. Él tampoco quería matar a nadie más aquella semana.
Bran se encogió de hombros.
– No. Si debe hacerse, yo me encargaré. Espero poder evitarlo. Es uno de los compañeros de Heather. Estaban trabajando en el bosque, haciendo un trabajo para los Servicios de Emergencia. Buscaban a otro cazador desaparecido cuando fueron atacados por un hombre lobo. No hay ninguna duda de lo que era. Heather lo vio claramente. Le disparó y lo espantó; ha estado llevando balas de plata desde que identificó al asesino del otro cazador. Me ha dicho que su amigo Jack hizo la conexión entre su atacante y el cazador muerto mientras perdía y recuperaba la conciencia de camino hacia aquí.
– ¿Lo ha traído aquí porque se ha Transformado?
– Ella dice que podría haberlo hecho, pero Samuel no está de acuerdo. Los daños no son masivos, y no se cura lo suficientemente rápido. -Hizo uno de aquellos gestos que le salían tan bien; aquel decía: Soy solo un amateur, eso se lo dejo a los expertos-. Según parece, su problema tiene más que ver con la pérdida de sangre que con la herida en sí. Y nuestra Heather se arrepiente de haberlo traído desde que Samuel hizo su declaración.
– ¿En qué estás pensando?
Charles no podía evitar pensar que Anna lo estaba escuchando todo. Una parte de él quería ocultárselo, protegerla del lado desagradable de su vida. Sin embargo, se negaba a tener una relación con su pareja basada en medias verdades y secretos. Además, ella ya sabía mucho sobre lo desagradable que podían llegar a ser ciertas cosas. Bran se recostó en su silla y suspiró.
– Si un guarda forestal afirma que fue atacado por un hombre lobo, un hombre tan experimentado y respetado como Jack, la gente le creerá. Y, antes de ponerse poco comunicativa, Heather me dijo que Jack es un hombre sincero. Si cree que otros pueden correr peligro, difundirá la noticia tanto como pueda, por muy absurda que pueda parecer la verdad.
Charles sostuvo la mirada que le dirigió su padre. En otras circunstancias podrían dejarlo pasar. Si mataban al lobo problemático y no se producían más muertes, el incendio que pudiera provocar el guarda se consumiría por falta de combustible. No obstante, su padre creía que no tardarían mucho en salir a la luz pública. En cuestión de meses. No podían permitirse la mala publicidad.
Para ganar algo de tiempo y pensar si existía alguna salida a aquel dilema, Charles preguntó:
– ¿Cómo consiguió sacarlo de allí?
Charles conocía las Cabinets. En aquella época del año, la mayor parte de aquellas montañas solo podían recorrerse con raquetas o a cuatro patas. Heather no era una mujer lobo y, por tanto, no podía cargar con alguien que pesara más que ella.
– Llamó a su tío. Tag lo sacó de allí.
Ah. De modo que aquella era la razón por la que Bran parecía meramente pensativo y no completamente encerrado en sí mismo, su estado habitual cuando debía resolver algún asunto desagradable.
Charles miró a su padre con una sonrisa de alivio.
– Vaya con la mocosa -dijo Charles. Aunque Heather tenía cuarenta y tres años, Charles la había visto nacer y aún la consideraba una niña pequeña, y, lo que era aún más importante, su imponente tío, Colin Taggart, también-. Así que si haces lo que deberías hacer y eliminas a este aparentemente respetable y responsable inocente, ¿te enfrentarías a un levantamiento?
Tag era extremadamente protector con aquellos que consideraba suyos, y el hecho de rescatar a aquel guarda, lo convertía automáticamente en suyo. Si Bran decidía eliminar al guarda de Heather, tendría que recurrir a Tag para que lo llevara a cabo. Gracias a Dios.
Bran emitió un suspiro que quería expresar que estaba siendo utilizado.
– Me sentiría más tranquilo si no tuviera que enviarte malherido a perseguir a un lobo solitario. Estoy bastante seguro de que si eliminamos la amenaza, y demostramos a Jack que su atacante era un criminal además de un monstruo, lo único que deseará será conservar la paz y la tranquilidad. Necesito a ese lobo muerto antes de que Jack se recupere y exija que le dejemos marchar.
– ¿No puedes enviar a nadie más? -preguntó Anna en voz baja.
Bran negó con la cabeza.
– Esto debe realizarse de forma rápida y silenciosa, y permanente. Charles es el único en quien puedo confiar para mantener a las autoridades humanas alejadas si las cosas se ponen feas. -Sonrió ligeramente-. Y sé que no se unirá al asesino en este carnaval de carne humana.
Charles observó a su padre brevemente: no podría haberlo expresado en menos palabras… ni de un modo más desesperado.
– No es probable que el lobo sea más dominante que yo, de modo que no podrá embaucarme ni reclutarme -le explicó a Anna-. Y si las cosas se ponen «feas», mi magia puede encubrir las pruebas. No soy tan bueno como una bruja de verdad, pero no creo que envíen a un grupo de forenses de primera clase a las montañas.
– Además, no existe ningún otro lobo en Aspen Springs que pueda enfrentarse a un asesino de estas características sin perder su rastro. -Bran se dio la vuelta para mirar a Anna, quien seguía con la vista clavada en el fuego-. Matar a un ser sensible es mucho más adictivo que cazar conejos bajo la luz de la luna. Entre otras cosas, Aspen Creek es un santuario para los lobos problemáticos, o para quienes están en vías de serlo. Los lobos que podrían cazar a otro hombre lobo ya están lo suficientemente recuperados para regresar al mundo. Normalmente no los retengo más de lo necesario.
– ¿De modo que todos los lobos de tu manada son psicóticos? -preguntó Anna.
Charles no supo si lo había dicho en broma o no. Tal vez, pensó, ahora que reflexionaba en ello con mayor detenimiento, no estaba tan lejos de la verdad.
Bran echó la cabeza para atrás y estalló en carcajadas.
– En absoluto, querida. Pero no están preparados para esto. Si creyera estar poniendo la vida de Charles en peligro, enviaría a otro. Será incómodo, y complicado, pero no existe otro lobo en todo el país que conozca las Cabinets tan bien como mi hijo. Y pese a estar herido, puede dominar a cualquier lobo que exista.
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