Jodi Compton - Indicio de culpa

Здесь есть возможность читать онлайн «Jodi Compton - Indicio de culpa» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Indicio de culpa: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Indicio de culpa»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Sarah Pribek, una detective de Mineápolis especializada en desapariciones, protege la identidad de una amiga suya, Genevieve. Ambas persiguieron, encontraron y mataron a Royce Stewart, violador y asesino de la hija de Genevieve, en una trama en la que se vio involucrado el marido de Sarah, que se encuentra en la carcel. Nadie del departamento de policía entiende el extraño proceder de la detective, que está protegiendo a una criminal, y un inspector llega a la ciudad para investigarla… Una historia donde las cosas no tienen las motivaciones correctas, o al menos las que se presume que deberian ser.

Indicio de culpa — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Indicio de culpa», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– Ya sabes que esos datos son públicos -señaló Kilander-. No tienes por qué pedir ningún favor. Si llamas y preguntas, te los darán.

– Eso, con mucha suerte.

Las bases del datos del gobierno: partidas de nacimiento y de defunción, actas de matrimonio y sentencias de divorcio, registros de la propiedad, matriculaciones en las escuelas, etcétera, son documentos de dominio público. Pero a menudo se archivan incorrectamente, o los apellidos están mal escritos. O el sistema informático está caído. Es preferible que una busque lo que necesita en persona, tomándose todo el tiempo necesario tiempo y recurriendo a toda su paciencia.

Pero si no puedes presentarte allí, necesitas a alguien que pueda echarte una mano, alguien que reconozca tu voz al teléfono. De otro modo, estarás condenada a escuchar una sucesión de voces incorpóreas: «Lo siento, señor. Lo siento, señora. No disponemos de esta información. No puedo hacer nada».

En resumen: si te vale con decir que al menos lo has intentado, ponte a llamar a esos funcionarios anónimos. Si realmente quieres obtener la información, busca un contacto personal.

– Muy bien, jovencita -concedió Kilander-. ¿Qué buscas, exactamente?

– Partidas de nacimiento, matriculaciones en escuelas, cambios de nombre. No sé qué necesito exactamente.

– O sea que lo tuyo es más la pesca de arrastre que con arpón -dijo-. De acuerdo, rescataré un par de números de teléfono. En realidad, voy a hacer algunas llamadas para facilitarte las gestiones. -Se sentó al escritorio y consultó su agenda-.¿Una jornada monótona, la de hoy, en la división de detectives? -preguntó sin alzar los ojos de la libreta.

– No -repliqué-. Tengo el día libre.

Ocupé una sala de reuniones vacía y dediqué todo el día a hacer y devolver llamadas telefónicas a Rockford. Cuando sonó el móvil a las cuatro y veinticinco de la tarde, esperaba otra llamada de Illinois. Precisamente por eso, no reconocí la voz masculina al otro lado del hilo.

– ¿Detective Pribek?

– Al habla -dije.

– Soy Gray Diaz. Ya sé que es su día libre, pero me preguntaba si podría dedicarme unos minutos. Necesito que venga al centro.

El Gabinete de Investigación Criminal. Ya tenían los resultados.

– Muy bien -asentí despacio-. ¿Dónde está? Yo, ahora mismo, estoy en la central.

Diaz se había instalado cómodamente en el despacho de la fiscal Jane O'Malley, que estaba de vacaciones. Había cubierto la mesa de papeles, de modo que las fotos de los dos hijos y los sobrinos de la mujer presidían el caso de Roy ce Stewart.

– Gracias por venir -dijo-. Siéntese, por favor.

O'Malley tenía unos amplios sillones, bajos y mullidos, que había pagado de su bolsillo y en los que se hundían sus visitas. Yo los conocía bien y sabía que eran demasiado cómodos para resultarlo de verdad, sobre todo si Diaz continuaba de pie, cerniéndose sobre mí. Por eso preferí apoyar el trasero en el brazo de uno de ellos, en una postura a medio camino entre estar sentada y de pie.

Transcurrieron unos segundos hasta que Diaz aceptó que me quedara en aquella posición. Luego, se dirigió a la ventana y miró al exterior, aunque yo dudaba de que estuviera realmente observando algo.

– Permíteme que te tutee, Sarah -dijo-. No te he contado nada de mí. -Hizo una pausa-. Vine a trabajar a Blue Earth porque mi suegro está enfermo. Ha vivido en ese pueblo casi toda su vida y a su edad, mi mujer no quiere que tenga que trasladarse a otro sitio. Pensar en una mudanza y en marcharse de su granja le causaría tanto estrés que podría sufrir un ataque, ¿sabes?

– Sí -respondí.

– Yo preferiría estar aquí, en Hennepin, trabajando con vosotros. -Una nueva pausa-. Si trabajara aquí, tú y yo seríamos colegas, Sarah. Podríamos investigar casos juntos. -Se volvió hacia mí-. Me gustaría que las cosas fuesen así y no tener que encontrarme contigo en estas circunstancias.

– Lo mismo digo -murmuré.

– Por eso, porque somos colegas -prosiguió Diaz-, quiero darte una oportunidad. Estoy a punto de concluir mi trabajo en el caso.

Yo permanecí en silencio. Diaz se acercó y se detuvo entre el escritorio de O'Malley y yo.

– La primera vez que te entrevisté, Sarah, te pregunté si había alguna razón por la que hubieras podido estar en la puerta de la casa de Stewart la noche que murió. Contestaste que no.

– Lo recuerdo -asentí.

Diaz se sentó en el borde de la mesa, como un profesor que mantuviera una charla informal como una alumna después de la clase.

– Bien; ahora la pregunta es: ¿quieres modificar esa respuesta?

«Ahora no dudes», pensé.

– No -respondí-. No es necesario, no.

Diaz desvió los ojos hacia la ventana y luego me miró.

– Hemos encontrado sangre en la alfombrilla de tu coche -anunció-. También hay una muesca diagonal en el neumático trasero de la derecha, causado por algo sobre lo cual pasaste. Es tan característica como una huella dactilar.

Seguí callada, pero noté que los músculos de la garganta se me tensaban involuntariamente y tragué saliva.

– Sé lo que le hizo Roy ce Stewart a la hija de tu compañera, Sarah. Sé que, la noche en que murió Stewart, tú creías que tu marido había muerto y que Shorty había tenido la oportunidad de ayudarlo pero no lo había hecho. Se trata de unas circunstancias atenuantes en grado sumo. -Se inclinó hacia delante hasta que sus manos medio dobladas casi tocaron las mías-. Conozco tu historial, sé que eres una buena policía, Sarah, y deseo ayudarte. Pero, llegado este punto, deberías contarme qué ocurrió aquella noche. Si tú no das un paso y nos encontramos a mitad de camino, no podré ayudarte.

– Lo siento, Gray. -Carraspeé-. No tengo nada que añadir a lo que ya he dicho.

– Yo también lo siento, detective Pribek -dijo Diaz con un suspiro, al tiempo que se ponía en pie-. Seguiremos en contacto.

Al volver a la sala de reuniones, no podía recordar lo que estaba haciendo justo antes de marcharme. Consulté mis notas, pero no me proporcionaron ninguna pista.

– ¿Estás bien?

Era Christian Kilander. No lo había oído entrar.

– Estoy bien -respondí, alzando la cabeza.

No mentía. La calma se había apoderado de mí inesperadamente y enseguida comprendí por qué. Gray Diaz había dejado claro que aquélla era la última oportunidad que me brindaba para sincerarme con él. Tal vez debería haberla aceptado, pero a esas alturas ya era demasiado tarde. Los paracaidistas, cuando se tiran del avión por primera vez, pueden vacilar en el momento del salto pero, una vez están en el aire, ya no está en su mano hacer nada. Suceda lo que suceda, un aterrizaje seguro o un impacto con heridas, se han quitado de la espalda el peso de la decisión. Yo había tomado la mía, como ellos, y lo que ocurriera en adelante ya no dependía de mí.

– Ha llegado esto para ti -dijo Kilander, presentándome un fax-. De Rockford.

Lo agarré. «Partida de nacimiento», rezaba el encabezamiento.

– No había nada más, lo lamento -añadió Kilander.

– No, está bien -aseguré, sin dejar de leer el texto-. A veces, sólo necesitas una cosa.

Vistas las cosas en retrospectiva, tal vez habría sido mejor que me hubiese tomado un tiempo para pensar en lo que había averiguado y que hubiera dejado reposar la información mientras dormía, pero no lo hice. Aquella tarde, a las cinco y media, monté en el coche y me dirigí al lago.

El tiempo era espléndido, un día soleado sin el menor asomo del lienzo gris de humedad que tan a menudo empaña las jornadas estivales de Minnesota. No me sorprendió encontrar a los hermanos Hennessy en el jardín, disfrutando de la magnífica tarde.

Los cuatro chicos se habían dividido en dos equipos y jugaban a fútbol junto al lago. Las parejas resultantes no estaban muy igualadas pero, probablemente, era la mejor solución: Aidan y Liam contra Colm y Donal. Más arriba, en el porche, Marlinchen se dedicaba a untar con salsa unas pechugas y unas alas de pollo antes de ponerlas en la barbacoa. Llevaba una camiseta blanca sin mangas, un pantalón corto, unas gafas de sol con la montura metálica y cristales de espejo verde plateado y un lector de cedés en la cadera. Al verme, se quitó los auriculares y se los dejó colgados del cuello.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Indicio de culpa»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Indicio de culpa» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Ivy Compton-Burnett - The Last and the First
Ivy Compton-Burnett
Ivy Compton-Burnett - Elders and Betters
Ivy Compton-Burnett
Ivy Compton-Burnett - A God and His Gifts
Ivy Compton-Burnett
Ivy Compton-Burnett - A Family and a Fortune
Ivy Compton-Burnett
Jodi Compton - Hailey's War
Jodi Compton
Jodi Compton - 37 horas
Jodi Compton
Jodi Compton - The 37th Hour
Jodi Compton
Jodi Thomas - Indigo Lake
Jodi Thomas
Отзывы о книге «Indicio de culpa»

Обсуждение, отзывы о книге «Indicio de culpa» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.