Tras oír a los discípulos hablar
Quién es el más grande entre ellos.
Quien está en primer lugar
Más venerado de aquellos,
Así les Cristo narra:
«Los reyes establecen orden,
Con su poder lo bien agarran,
Reprimen el desorden.
Es un benefactor
Así la gente elogia.
El rey es siempre superior,
Y no hay otra demagogia.
Si quieres ser mayor de fila,
Trabaja como cautivo.
Debes ser el más tranquilo,
Para todos efectivo.
Es una creencia común,
Que el que está más alto,
Y el menor, no hay razón ningún,
Obsequio no le falta.
Y yo estoy en medio de la gente,
Me erijo como un criado,
De Dios aquí soy procedente,
Con su amor llegado.
Os doy mi mandamiento,
Amaos todos juntos,
Os reconocerán, lo cuento,
Por su futuro soy difunto.
De la fe es fundamento,
Aquí se basa el derecho,
Estoy en medio del argumento,
Vosotros – su buen techo.
Os doy amor sincero,
Para vos será legado,
Es la razón por la que muero,
Y es así fue pensado.
Será mi pena, mi calvario,
Y para las generaciones,
Muere mi amor en santuario
Y resucitará por todas las regiones.
Soy víctima, al poco rato
El fin de vida.
El día de mi asesinato
Será dolor perenne.
Por vosotros lo hago todo,
Guardad mi mandamiento,
Pues que todo este lodo
Se quede ya sangriento».
Le acompañaba Judas
Con gente exultada.
Con espadas ya agudas
Lo traicionó por madrugada.
El diablo terminó su red
De corazones venenosos.
No sabía su merced —
Con actos maliciosos
A sí mismo red prepara
Y este accidente.
Su ruta propia declara —
Su fin se divisa frente.
I
Cada mente, tarde o temprano,
Busca el sentido de vida terrenal.
Y con bondad todo el humano,
Anhela la verdad eventual.
Es muy valioso para corazón y mente,
Conocer la esencia de todas cosas,
Abrir la puerta del conocimiento,
Elegir verdad, saltando materias ansiosas.
Hay infinidad de caminos terrestrales,
Y sólo uno que lleva a la verdad.
Muchos irán sin objetivos como tales,
Pese a que el camino sin oscuridad.
Cada día, como si fuera un combate,
Tomando decisión más fuerte…
Con la verdad que una vez te mate,
O con mentira que te salve de la muerte.
Tiempo pasa, superando las tormentas,
Saludamos la edad de la sabiduría cana.
Ya no esperamos vidas opulentas,
Porque desconocemos que será mañana.
II – Mentira
Mentira es una serpiente venenosa,
Como el ron que embriaga a la mente,
Parece a la evocación tan poderosa,
Que tiene su hogar en mucha gente.
La mentira siempre esconde primacía
Y lucha por el poder, sin brega,
Oculta cara tan sombría,
Nos vela con mirada ciega.
Esa siempre difama la verdad,
Y a ella misma: «¡Mira, soy un santo!»
Es el actor en cualquier fatalidad,
Por tal «verdad» matará a un infante.
Lanza las palabras más melosas.
Cada mentira – señor de elocuencia.
Con su voz teje red maravillosa,
Pues, la gente pierde su conciencia.
De igual, fluirán arroyos sangrientos,
Destruirán la mente y razón,
Y otra vez nos matan sufrimientos,
¿Quiénes somos? No hay versión.
III–Verdad
Verdad no tiene ni color ni gusto,
Como el agua del manantial.
Así es curativa y robusta,
Y tiene un sanativo potencial.
Verdad es muy humilde y modesta,
Solo puro corazón la bien entiende,
De buena fe es compuesta,
Jamás un embustero la pretende.
No le hacen falta las cruzadas —
Sangre y fuego son ajenos.
Murmura: «Esconded armada,
Sed con verdad serenos».
La verdad no pega, ni humilla,
En ella se refugian los amores,
Vive como en horrible pesadilla,
Y toma sobre sí todos los temores.
La verdad no arde, no envejece,
A veces sólo duerme par de días,
Al tercer día, de nuevo ya florece
A los creyentes regalando alegrías.
IV – Objetivo
Mentira tiene el mismo objetivo,
Un día, buscar humano en el paraíso,
Accionada por el mal motivo,
Quiere que sea su sumiso.
Desde entonces y hasta este día,
Borracho de sueños vanos,
Pues a Dios sustituiría,
Siguiendo fines sus paganos.
Con espejismos, humo y fuego,
Embriaga con ficticia belleza,
Lo hace al pueblo ciego,
A los rastreros encabeza.
Deshereda a los hijos santos,
El buen padrastro sabe lo que hace:
Les arroja al abismo, por lo tanto,
Prisión eterna les amenace.
V
Verdad tiene el mismo objetivo,
Al paraíso lo coloca a Adán
Para mantener el buen motivo,
Guardar fidelidad y buen afán.
A pesar de múltiples caídas,
Agravios, calumnia y vanidad,
Dios desea lo mejor a todas vidas,
A todos habla con igualdad.
Para que la gente instructada
Con la verdad, amor y sencillez,
Revele el ardor en su mirada,
Y refleje la divina lucidez.
En tal unión bendita con Señor,
Del alma renovando la armonía,
El hombre encuentra el Creador
Y toda su divina poesía.
Para saborear el don eterno,
Conocer la filiación de Cristo,
Hacer un paso fuera del infierno
Hacia lo que fue previsto.
Muy a menudo razonamos,
¿Qué salvará al mundo?
Con abstracción consideramos:
Lo salvará el amor fecundo.
Quizás lo salve del dolor.
¿Pero a qué nos referimos?
De los benditos el pastor.
Sin duda, todos resumimos.
Al olvidar al creador del universo
Y leyes que allí existen,
Los hombres con el cor perverso
En esta tierra coexisten.
Y a pesar de todo esto,
Dios se apiada de la gente,
Así nos manda el manifiesto
Que nos cambiemos finalmente.
Desterremos la ceguera y el sueño,
Salgamos del letargo execrable,
Por la verdad, por nuestro dueño,
Tomemos decisión más aceptable.
Como la madre cuida a su niño,
Dios se preocupa por cada uno.
Nos alimenta, nos trata con cariño,
Cada día nos trae desayuno.
Pero habrá alguien que tenga duda:
«Yo mismo busco la comida,
Si por la mañana necesitaré ayuda,
¿Entonces quién salvará mi vida?»
Por supuesto que es correcto,
Pero mira a tu alrededor,
Al mundo hecho sin defecto,
Desde aquí tomamos lo mejor.
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