Laura Esquivel - La Ley Del Amor

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La historia de una pasión que sobrevive desde la caída del Imperio de Moctezuma, hasta el Siglo 23 en la Ciudad de México.
Azucena es una astroanalista,na especie de psicoterapeuta altamente evolucionada que trata a los que sufren de problemas de karma.Como alma iluminada, Azucena finalmente alcanzó la recompensa de la eencarnación: encontrarse con su alma gemela,su verdadero amor, Rodrigo.
Pero luego de una noche de suprema pasión, los amantes se ven separados, y Azucena debe emprender la búsqueda de Rodrigo a través de la galaxia y de 14,000 vidas.

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Tal vez si Rodrigo no se hubiera ido con Citlali, Azucena estaría menos sensible al dolor que le causaban las piedrecitas que se le enterraban en las rodillas. Llevaba un buen rato hincada, avanzando de rodillas entre los miles de peregrinos que trataban de entrar en la Basílica de Guadalupe. Seguía aparentando ser una más del grupo. Habían decidido esperar hasta después de la misa para separarse de los creyentes. No querían despertar sospechas. Los únicos que habían tomado el riesgo de irse fueron Rodrigo y Citlali. Citlali porque tenía urgencia de regresar a su casa, y Rodrigo por seguirla. Por otro lado, Citlali no encontraba justificación alguna para permanecer al lado de un grupo tan riesgoso, ya que ni Rodrigo en el cuerpo del ex marido de Cuquita, ni ella eran buscados por la policía. Se fueron en cuanto la nave aterrizó. Azucena se había despedido de ellos brevemente, aparentando indiferencia, pero Teo sabía a la perfección que por dentro estaba deshecha. Solidario como siempre, no se había separado de su lado proporcionándole un gran soporte físico y espiritual. De no ser por él, quién sabe cómo se habría sobrepuesto Azucena a la pérdida. Podía soportar muy bien la infidelidad de Rodrigo mientras lo tuviera a la vista. Pero no toleraba el saberlo lejano.

Con gran ternura, Teo trataba de suplir la presencia de Rodrigo y de llevar a Azucena por el camino menos accidentado hacia el Pocito. La gente del pueblo llamaba así a un pozo en donde desde tiempos inmemoriables los aztecas acostumbraban purificarse antes de rendir tributo a la Diosa Tonantzin. A partir de la conquista y hasta los días presentes, el ritual se había seguido practicando, pero ahora en honor a la Virgen de Guadalupe. El objetivo de esta ceremonia era quitar del cuerpo las impurezas de pensamiento, palabra y obra antes de entrar en el templo. La manera de hacerlo era lavando cara, pies y manos. Teo condujo a Azucena como el mejor lazarillo del mundo evitándole todo tipo de obstáculos hasta que la depositó en la orilla del Pocito. Ella se inclinó para tomar agua entre sus manos y purificarse la cara. Cuando estaba a punto de echársela en el rostro, Cuquita se acercó a ella y le dijo al oído:

– No vaya a voltear, pero aquí junto está el guarura que trae su ex cuerpo.

A Azucena le brincó el corazón. ¡Eso quería decir que ya los habían descubierto!

En un santiamén Cuquita, Azucena y Teo se encontraban huyendo, seguidos muy de cerca por Ex Azucena.

Era muy difícil moverse entre tanta gente, sobre todo para la ciega de Azucena. Teo decidió tomarla entre sus brazos después de que ya había pisado como a seis personas que avanzaban de rodillas. Al poco tiempo de ir contra corriente habían perdido de vista a Ex Azucena, pero se toparon con dos policías que los observaron sospechosamente y los comenzaron a seguir. Teo, con Azucena en brazos, apuró el paso y guió a Cuquita entre la multitud por infinidad de atajos. Teo se manejaba muy bien entre esos rumbos, pues había pasado toda su niñez en aquella colonia. Al llegar a una esquina jaló a Cuquita hacia el interior de una vecindad en ruinas. Depositó a Azucena sobre el piso y con delicadeza empezó a besarle la frente. Azucena recobró el conocimiento. Teo le cubrió la boca para que no fuera a pronunciar palabra alguna que los pudiera delatar, pues en la puerta de la vecindad se habían detenido los policías. Cuquita, muy a su pesar, también tuvo que guardar silencio. Lo único que se escuchaba era el latido de sus corazones, el altavoz de una nave espacial anunciando el debate televirtuado entre el candidato europeo y la candidata americana a la Presidencia Mundial… y los sollozos de Ex Azucena. Teo y Cuquita voltearon y lo descubrieron escondido en la penumbra de la ruinosa vecindad. Ex Azucena se había descompuesto y aterrorizado. En cuanto vio que lo habían descubierto les hizo señas de que guardaran silencio. Teo le informó a Azucena al oído lo que estaba sucediendo. Ella se sorprendió mucho de que, al igual que ellos, el guarura estuviera escondido.

En cuanto la policía se fue, Cuquita soltó la lengua contra Ex Azucena.

– 'Ora sí muy chillón, ¿no? Pero ¿qué tal cuando andaba de matón…? ¿Pues que nunca creyó que la policía lo iba a descubrir…? Pero espéreme tantito, si ya saben que usté es quien mató al señor Bush y luego cambió de cuerpo, la policía ya sabe que nosotras somos inocentes… ¡'Ora verá, lo voy a acusar!

Cuquita trató de salir de su escondite para llamar a la policía, pero Ex Azucena se lo impidió con un jalón.

– No, no lo haga, la policía sigue pensando que ustedes son las asesinas del señor Bush, y si las ven aquí las van a entambar, se lo aseguro… En serio que no les conviene denunciarme, no es de la policía de quien me ando escondiendo.

– ¿De quién, entonces? -le preguntó Azucena.

– De Isabel González…

– ¿Pos no que era su patrona? -preguntó Cuquita.

– Sí, «era», pero me corrió… ¡Ay, fue horrible de veras…! Y nomás porque estoy embarazado…

Azucena enfureció. ¡El guarura ex bailarina, gracias a que había estado usufructuando su cuerpo estaba esperando un hijo! ¡La muy puta! La envidia le sacudió el alma. ¡Cómo le gustaría poder recuperar su cuerpo! ¡Y experimentar la maternidad que mientras estuviera en el cuerpo de la abuelita de Cuquita tenía negada! La furia se le fue a la cabeza, y sin que Teo la pudiera detener se le echó encima a manotazos.

– ¡Cusco desgraciado! ¡Cómo te atreviste a embarazar un cuerpo que no te correspondía!

Ex Azucena se protegió el vientre. Era lo único que podía hacer. Le daba pena contestarle los golpes a esa anciana enloquecida.

– ¡Yo no lo embaracé, ya estaba embarazado!

Azucena suspendió la golpiza.

– ¿Ya estaba embarazado?

– Sí.

A Azucena se le agolpó la sangre en la cabeza. Por un momento se quedó sorda además de ciega. Si ese cuerpo ya estaba embarazado antes de que el guarura lo ocupara, el niño que ese hombre estaba esperando era suyo, el hijo que había concebido con Rodrigo en su maravillosa noche de luna de miel, la única que habían tenido. Azucena se acercó a Ex Azucena y le tomó el vientre con la mano con fuerza, como tratando de arrebatarle a ese niño que no le pertenecía y sentir a través de la piel el menor signo de movimiento, de vida… de amor. Como tratando de decirle a ese hijo que ella era su madre, de escarbar en el pasado para traer al presente el recuerdo de Rodrigo el día en que la quiso, de pedirle mil perdones a ese hijo que ella abandonó sin saber. Porque si hubiera sabido que estaba embarazada nunca habría cambiado de cuerpo. ¡Nunca! ¡Lo que ella daría por poder guardar a su hijo dentro de su vientre, por sentirlo crecer, por amamantarlo, por verlo! Pero era demasiado tarde para todo. Ahora estaba dentro del cuerpo de una anciana ciega, de pechos secos y brazos artríticos, que no podía ofrecerle más que su amor. El abrazo de Teo cubriéndole los hombros la trajo a la realidad. Se hundió en su tórax y lloró desoladoramente. Sus sollozos se confundieron con los de Ex Azucena.

– Ustedes no saben lo que significa para mí tener a este niño… No me denuncien, ¡no sean cabronas…! Ayúdenme por favor, me quieren matar…

– Pero ¿por qué? -preguntó Azucena suspendiendo el llanto y muy preocupada por el futuro de su hijo.

– ¿Por estar embarazado? -preguntó Cuquita.

– ¡No, qué va! Por eso sólo me corrieron, me quieren matar porque la Chabela es una ingrata… ¡En serio! ¡Miren que hacerme esto a mí, que he sido su mano derecha por tantos años! Lo que no hice por ella. Le velaba el pensamiento. Trabajé miles de horas extras. No hubo tarea que me encargara que yo no le hiciera al instante… Bueno, lo único que nunca tuve corazón de hacer fue matar a su hijita…

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