Orhan Pamuk - Me Llamo Rojo
Здесь есть возможность читать онлайн «Orhan Pamuk - Me Llamo Rojo» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:Me Llamo Rojo
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:5 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 100
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
Me Llamo Rojo: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Me Llamo Rojo»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
Me Llamo Rojo — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Me Llamo Rojo», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
Y así fue como me pillaron desprevenida los insultos del pordiosero tártaro. Pero me recuperé enseguida y dejé muy despacio en su pañuelo una piedra que había recogido del suelo.
– Toma, tártaro tiñoso -le dije.
Contemplé sin reírme cómo alargaba la mano para coger la piedra creyendo que era dinero. Sin escuchar sus insultos, me fui a casa de una de mis hijas, a la que había casado después de encontrarle un buen novio.
Mi querida hija me sacó un hojaldre con espinacas que le había sobrado del día anterior pero que aún seguía estando crujiente; para el almuerzo estaba preparando un guisado de cordero con abundante salsa y ligeramente ácido por las ciruelas, tal y como a mí me gusta; para no romperle el corazón me esperé a que terminara y me comí dos cazos rebosantes con pan tierno. Había preparado también un estupendo jarabe de uvas y, sin dudarlo un segundo, le pedí mermelada de rosas, le añadí una cucharada al jarabe, me lo tomé para que me pasara bien la comida y le llevé sus cartas a mi triste Seküre.
26. Yo, Seküre
Cuando Hayriye me anunció que había llegado Ester, estaba colocando en el baúl la ropa que había lavado y tendido a secar ayer… Eso iba a decir, pero ¿para qué mentiros? Bueno, cuando llegó Ester estaba observando a mi padre y a Negro por el agujero del armario aunque no dejaba de pensar en ella ya que esperaba impaciente las cartas de Negro y de Hasan. Porque, de la misma manera que sentía que el miedo a la muerte de mi padre se debía a una sospecha razonable, también sabía que el interés de Negro por mí no le duraría toda la vida. El amor de Negro estaba en proporción directa a sus deseos de casarse y se había enamorado con facilidad precisamente porque quería casarse. Si no lo hacía conmigo lo haría con otra y también de ella se enamoraría antes de casarse.
Hayriye le ofreció un asiento a Ester en un rincón de la cocina y le puso en la mano un vaso de jarabe de rosas mientras me miraba acusadora. Me había dado cuenta de que desde que Hayriye había caído en brazos de mi padre podría estar contándole todo lo que veía y aquello me daba miedo.
– Ojos negros, desdichada mía, preciosa, he llegado tarde porque mi marido, ese cerdo de Nesim, no me dejaba salir de ninguna manera -dijo Ester-. Deberías saber lo que vale no tener un marido que te dé la lata.
En cuanto sacó las cartas se las arrebaté de las manos. Hayriye se retiró a un rincón en el que no molestaba pero desde el que podía oírlo todo. Le di la espalda a Ester para que no pudiera verme la cara y leí primero la carta de Negro. Temblé por un instante al pensar en la casa del Judío Ahorcado. No tengas miedo, Seküre, eres capaz de salir con bien de cualquier cosa, me dije, y comencé a leer la carta de Hasan. Éste estaba a punto de rabiar de furia:
Señora Seküre:
Ardo de pasión por ti pero sé perfectamente que no te importa. Por las noches sueño que corro por colinas desiertas en pos de tu imagen. Cada vez que dejas sin respuesta una de mis cartas, que me consta que lees, una flecha de tres plumas en el asta se me clava en el corazón. Te escribo porque quizá contestes a ésta. Hay algo que corre de boca en boca y que al parecer andan diciendo tus hijos: que has soñado que tu marido ha muerto y que ya estás libre para casarte. No sé si es verdad. Lo que sé es que aún estás casada con mi hermano mayor y que todavía tienes unas obligaciones respecto a esta casa. Vamos a acudir hoy al cadí para traerte de nuevo a ella porque mi padre me ha dado por fin la razón. Iremos por ti con todos los hombres que podamos reunir, quiero que tu padre lo sepa. Prepara tu equipaje, vuelves a casa. Envíame inmediatamente tu respuesta por mediación de Ester.
Me rehíce sólo después de leer la carta por segunda vez y miré a Ester con ojos interrogantes. Pero no me dijo nada nuevo ni sobre Hasan ni sobre Negro.
Saqué de inmediato el recado de escribir que guardaba en el armario de las cazuelas, coloqué el papel en la tabla del pan y estaba a punto de empezar una carta a Negro cuando me detuve.
Se me había venido algo a la cabeza. Me volví y miré a Ester: estaba acurrucada sobre el jarabe de rosas con la felicidad de un niño gordo y me pareció estúpido haber pensado siquiera por un instante que Ester podría adivinar lo que había pensado. Dejé en su sitio la pluma y el papel, me volví hacia Ester y sonreí.
– Mira cómo sonríes, hermosa -me dijo-. No te preocupes, al final todo acabará bien. Estambul rebosa de ricos señores y de bajas que se mueren de ganas de casarse con una preciosidad como tú, que sabe hacer de todo.
Ya sabéis, a veces decimos de tal manera algo en lo que de verdad creemos que enseguida nos preguntamos: «¿Por qué habré dicho esto con tan poca convicción a pesar de estar tan convencida?». Y así fue como yo dije:
– Pero, Ester, ¿quién puede querer casarse con una viuda con dos hijos? ¡Por el amor de Dios!
– Con una como tú, muchos, muuuchos -dijo haciendo un gesto con la mano como para indicar cuántos.
Yo la miraba a los ojos. Pensaba que no me gustaba nada. Guardé silencio de tal manera que comprendió que no iba a darle ninguna carta y que tenía que irse. Después de que Ester se fuera me retiré a mi rincón, cómo os lo explicaría, sintiendo ese mismo silencio en mi alma.
Permanecí en la oscuridad largo rato apoyándome en la pared sin hacer nada. Pensaba en mí, en qué haría, en el miedo que iba creciendo en mi corazón. A lo largo de todo aquel tiempo pude escuchar lo que hablaban entre ellos Sevket y Orhan en el piso de arriba.
– Y eres tan cobarde como una mujer -decía Sevket-. Atacas por la espalda.
– Se me mueve un diente -decía a su vez Orhan.
Pero por otra parte, con un rincón de mi mente, seguía lo que ocurría entre mi padre y Negro.
Podía escuchar con toda comodidad lo que hablaban porque la puerta azul del cuarto de pintura estaba abierta.
– Después de ver los retratos de los maestros italianos -decía mi padre-, uno se da cuenta con miedo de que en la pintura los ojos no son ya unos agujeros simples y redondos todos iguales, sino que son como los nuestros, que reflejan la luz como espejos y que la absorben como pozos. Los labios no son hendiduras en medio de caras planas como el papel, sino centros de expresión, cada cual de un rojo distinto, que pueden expresar nuestras alegrías, nuestras tristezas y nuestra alma tensándose y relajándose. La nariz no es un muro insípido que divide nuestra cara en dos, sino un instrumento vivo y curioso con una forma completamente distinta para cada uno de nosotros.
¿Le sorprendía tanto a Negro como a mí que cuando mi padre mencionaba a los caballeros infieles que habían encargado aquellas pinturas se refiriera a ellos como «nosotros»? Cuando miré por el agujero, la cara de Negro parecía tan pálida que por un instante tuve miedo. Mi pobre moreno, mi triste valiente, ¿te has pasado la noche sin dormir pensando en mí y por eso has perdido el color?
Quizá no lo sepáis: Negro es un hombre alto, delgado y apuesto. Tiene una frente amplia, ojos almendrados y una nariz poderosa y elegante. Sus manos siguen siendo largas y delicadas, como cuando era niño, y sus dedos inquietos y ágiles. Cuando se pone en pie se planta muy erguido, sus hombros son ligeramente anchos, pero no tanto como los de un porteador. Cuando era niño ni su cuerpo ni su cara se habían asentado aún. Doce años después, la primera vez que lo vi desde este rincón oscuro comprendí de inmediato que había alcanzado la perfección.
Ahora, cuando acerco lo suficiente el ojo al agujero en la oscuridad, puedo ver en el rostro de Negro la misma tristeza que veía hace doce años. Me siento orgullosa y culpable de que sufra tanto por mí. La cara de Negro, mientras observa una de las pinturas hechas para el libro y atiende a lo que le cuenta mi padre, es totalmente inocente e infantil. Justo en ese momento, al ver que abría su boca rosada como un niño me apeteció de repente ponerle mi pecho en los labios. Negro metería su cabeza en lo más recóndito de mi seno mientras yo le pasaría los dedos por la nuca y el pelo, cerraría los ojos de felicidad cuando se llevara mi pezón a los labios, como habían hecho mis hijos, y el pobre de él, como un niño sin esperanzas, comprendería que sólo podría alcanzar la paz gracias a mi afecto y dependería de mí para siempre.
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «Me Llamo Rojo»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Me Llamo Rojo» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «Me Llamo Rojo» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.