Orhan Pamuk - Me Llamo Rojo

Здесь есть возможность читать онлайн «Orhan Pamuk - Me Llamo Rojo» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Me Llamo Rojo: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Me Llamo Rojo»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Me llamo Rojo nos introduce en el esplendor y la decadencia del Imperio Turco, una potencia que llegó hasta las puertas de Viena. Viajamos hasta el siglo XVI, el sultán desea inmortalizar su figura en un lienzo, pero la ley islámica lo prohíbe. La tentación vence y cuatro artistas trabajarán en secreto, elaborando un libro lleno de imágenes nunca antes pintadas. Hasta que uno de ellos desaparece.

Me Llamo Rojo — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Me Llamo Rojo», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– ¡Buhoneraaa!

No cambio por nada la alegría de entregar una carta a un enamorado idiotizado por la soledad, por la falta de marido o mujer. Todos sienten un escalofrío de esperanza cuando van a empezar a leer la carta aunque estén seguros de que van a recibir las peores noticias.

Por supuesto, Negro tenía toda la razón en hacerse esperanzas ya que Seküre no le hablaba del regreso de su marido y hacía depender de una condición la frase «no te hagas esperanzas». Observé complacida cómo leía la carta. Se puso nervioso de pura felicidad, incluso tuvo miedo. Cuando se retiró para escribir una respuesta, yo, como haría cualquier buhonera inteligente, abrí mi atado falso, saqué de él una faltriquera negra y se la enseñé a la curiosa dueña de la casa de Negro.

– De la mejor seda de Persia -le dije.

– Mi hijo murió en la guerra con los persas -me respondió-. ¿De quién son esas cartas que andas trayéndole y llevándole a Negro?

Podía leerle en la cara que estaba trazando planes para endosarle al intrépido Negro su horrorosa hija o la de Dios sabe quién otro.

– De nadie -respondí-. Un pariente pobre que se está muriendo en el lazareto de Bayrampasa y le pide dinero.

– ¡Ay, ay! -se lamentó sin creerme en absoluto-. ¿Y quién es ese desdichado?

– ¿Cómo murió tu hijo en la guerra? -le pregunté tercamente.

Comenzamos a mirarnos de manera hostil. Una mujer sola y viuda. ¡Qué dura era su vida! Si eres buhonera y recadera como Ester ves que la gente sólo siente curiosidad en esta vida por la riqueza, el poder y los amores increíbles de las leyendas. El resto son tristezas, separaciones, envidias, soledad, enemistades, lágrimas, habladurías y pobreza interminable, siempre iguales, como los muebles de aquella casa como cualquier otra: un viejo y descolorido tapiz que fue multicolor, un caldero y un cucharón sobre una bandeja para hojaldres vacía, las tenazas para el carbón y el cubo para las cenizas junto al hogar, dos baúles ajados, uno grande y otro pequeño, un perchero para el turbante, algo que resulta incomprensible que se conserve en casa de una viuda que vive sola, una vieja espada para asustar a los ladrones.

Negro volvió con una bolsa contento como unas campanillas.

– Buhonera -dijo más para la curiosa dueña de su casa que para mí-. Toma esto y llévaselo al pobre enfermo. Si hay alguna respuesta, la espero de inmediato. Luego estaré todo el día en casa del señor Tío.

No había necesidad de todos aquellos juegos. No había nada que ocultar en que un muchacho sano y fuerte como Negro se buscara una joven y recibiera señales de ella y le enviara pañuelos y cartas. ¿O realmente tenía puesta la mirada en la hija de la dueña? A veces no confío lo más mínimo en Negro y temo que esté engañando de la peor manera a Seküre. Aunque se pasa el día con ella en la misma casa es incapaz de enviarle una señal.

Ya en la calle abrí la bolsa: dentro había doce ásperos y una carta. Sentía tanta curiosidad por la carta que fui corriendo a casa de Hasan. Los verduleros habían expuesto delante de sus puestos coles y zanahorias. Pero ni siquiera me apetecía tocar aquellos enormes puerros que me decían cómeme, Ester.

Al llegar a la calle vi que el tártaro ciego estaba dispuesto a insultarme de nuevo así que escupí en su dirección y eso es todo. ¿Por qué el frío no congela a esos asquerosos y los mata?

Me contuve a duras penas mientras Hasan leía la carta para sí. Por fin no pude más, le pregunté y él me la leyó:

Querida señora Seküre:

Quieres que termine el libro de tu padre. Me gustaría que supieras que ésa es mi única intención. Con ella fui a esa casa y no con la de molestarte, como ya te he dicho. Sé perfectamente que el amor que siento por ti es un problema exclusivamente mío. Pero a causa de este amor soy incapaz de coger la pluma para escribir los textos necesarios para el libro y que tu padre, mi Tío, me pidió. Cada vez que siento tu presencia en la casa me quedo petrificado y no puedo ayudarlo. Lo he meditado mucho y todo esto tiene una única razón: después de doce años sólo he podido ver tu cara una vez, cuando apareció en la ventana. Ahora tengo muchísimo miedo de olvidar aquella visión. Si pudiera volver a verte más de cerca, no tendría miedo de perder la imagen de tu rostro y podría acabar fácilmente el libro de tu padre. Sevket me llevó ayer a la casa vacía del judío Ahorcado. En esa casa nadie podrá vernos. Te esperaré allí hoy a la hora que quieras. Sevket me dijo ayer que habías soñado que tu marido había muerto.

Hasan leyó la carta lanzando carcajadas, a veces haciendo más aguda su voz, ya chillona de por sí, como la de una mujer, a veces imitando los ruegos temblorosos de un amante que ha perdido la cabeza. Se burló de que su deseo de poder «volver a verte» lo hubiera escrito en persa.

– En cuanto ha visto que Seküre le daba esperanzas, Negro ha empezado a regatear. Estos cálculos no son propios de un verdadero enamorado.

– Pero él está realmente enamorado de Seküre -dije inocente.

– Eso que acabas de decir me demuestra que estás de parte de Negro. El que escriba que soñó que mi hermano había muerto significa que ella acepta que su marido ha muerto.

– Es sólo un sueño -dije, tonta de mí.

– Sé perfectamente lo listo y enredador que es Sevket. ¡Cuántos años hemos vivido juntos en esta casa! Sevket nunca habría llevado a Negro a la casa del Judío Ahorcado a no ser que su madre le hubiera dado permiso o, peor aún, le hubiera forzado a hacerlo. ¡Si Seküre cree que nos puede quitar de en medio a mi hermano y a nosotros, se equivoca! Mi hermano sigue vivo y volverá de la guerra.

Sin haber terminado de hablar entró en la otra habitación, e iba a encender una vela con la llama del hogar pero se quemó la mano y lanzó un grito. Lamiéndose la mano consiguió por fin encender la vela y la colocó a un lado de un atril de lectura. Sacó un cálamo de una caja, lo sumergió en el tintero y comenzó a escribir a toda velocidad en un papelito.

Comprendí de inmediato que le agradaba que le contemplara, pero le sonreí con esfuerzo para demostrarle que no le tenía miedo.

– ¿Quién era ese judío ahorcado? ¿Lo sabes?

– Algo más allá de su casa hay otra amarilla. Dicen que Mose Hamon, el querido médico del anterior sultán, que era inmensamente rico, ocultó allí durante años a su mantenida, una judía de Amasya, y al hermano de ésta. Al parecer unos años antes un joven griego había desaparecido en el barrio judío de Amasya en vísperas de Pascua y la gente decía que lo habían estrangulado para hacer pan ácimo con su sangre. En cuanto aparecieron unos testigos falsos comenzó la matanza de judíos pero el querido médico del sultán consiguió sacar a aquella hermosa mujer y a su hermano y, con permiso del sultán, esconderlos. Al morir el sultán, sus enemigos no pudieron atrapar a la hermosa mujer, pero consiguieron que ahorcaran al hermano, que vivía solo.

– Si Seküre no espera a que mi hermano vuelva de la guerra también a ella la castigarán -dijo Hasan entregándome las cartas.

Pero en su cara no se leía la ira ni la ambición, sino ese desvalimiento y esa desdicha tan propios de los auténticos enamorados. Por un instante vi en sus ojos que, sin que pasara mucho, el amor convertiría a aquel hombre en un anciano. El dinero que había comenzado a ganar en las aduanas no le había servido en absoluto para rejuvenecerle. Después de tanta mirada ofendida y tanta amenaza se me ocurrió que todavía sería capaz de preguntarme cómo podría convencer a Seküre. Pero ya se había acercado tanto a convertirse en un hombre absolutamente malvado como para no preguntarlo. En cuanto uno acepta que es malo, y el ser rechazado en el amor es una razón importante para llegar a serlo, la crueldad surge luego con facilidad. Me dieron tanto miedo aquella terrible espada roja de la que hablaban los niños, que cortaba todo lo que tocaba, y las cosas que se me pasaban por la imaginación, que me lancé a la calle desesperada y nerviosa, como si quisiera huir de allí.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Me Llamo Rojo»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Me Llamo Rojo» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Me Llamo Rojo»

Обсуждение, отзывы о книге «Me Llamo Rojo» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.