Carmen Posadas - La cinta roja

Здесь есть возможность читать онлайн «Carmen Posadas - La cinta roja» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

La cinta roja: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La cinta roja»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

La cinta roja — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La cinta roja», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Al saber esto, la capital decidió enviar a nuestra ciudad a dos representantes del llamado Comité de Salvación Pública, como eufemísticamente se denominaba entonces este organismo que tenía la potestad de encarcelar sin juicio previo a quien considerase sospechoso de ser enemigo de la patria. El cometido de dichos representantes era que éstos, eufemísticamente también, hicieran «entrar en razón» a los bordeleses. Burdeos expulsó a estas dos personas y a partir de ese momento la ciudad se convirtió en la cabeza de la insurrección del resto de los departamentos contra París.

***

— ¿Qué va a pasar ahora? — le pregunté a mi buen tío Dominique al comprobar cómo comenzaban a escasear de un día para otro las alegres visitas de mis admiradores y los paseos por la calle Nueva-. ¿Crees que ocurrirá aquí lo mismo que hemos vivido en París? Las revueltas callejeras, las ejecuciones públicas, tanto sufrimiento…

— Dios no lo quiera, Teresa–respondió mi tío en tono grave-, pero mucho me temo que París no está dispuesto a tolerar que exista una provincia que se mantenga fuera de su vigilancia revolucionaria. Además, para la Asamblea es de suma importancia controlar una región como la nuestra. No sólo porque es rica y próspera, sino porque, debido a nuestra vinculación comercial con Gran Bretaña, temen que sirvamos de puente para una invasión anglo–española apoyada, además, en los elementos monárquicos que aún existen en Francia. París tiene abiertos demasiados frentes, Teresita. Lucha contra las invasiones extranjeras que ella misma ha propiciado; contra los realistas, que desde la muerte del Rey son cada vez más numerosos, y también contra nosotros, los habitantes de otras grandes ciudades que no estamos de acuerdo con su política de sangre y fuego.

— ¿Os temen entonces porque creen que sois monárquicos y además traidores?

— Y se equivocan gravemente en ambas cosas, querida. Nosotros somos tan republicanos como pueden serlo Danton, Robespierre o Marat. Y, como ellos, también estamos en contra de las invasiones extranjeras. Pero al mismo tiempo deseamos que nos dejen en paz con nuestra burguesa y sincera determinación republicana. Una determinación que está lejos de los extremismos y locuras que se están cometiendo en París. Sin embargo, mucho me temo que posturas moderadas como la mía o la de los girondinos en general no sirvan a estas alturas más que de obstáculo para los extremistas que ahora mandan en la Asamblea.

— ¿Y qué pasará entonces?

— Sospecho que París enviará muy pronto a otros representantes de ese infausto Comité de Salvación Pública para intentar que volvamos a lo que ellos llaman «una sumisa obediencia republicana». Y cuando esto ocurra…

— ¿Y cuando esto ocurra, tío?

— No adelantemos acontecimientos, Teresita, confiemos en que todo siga tan tranquilo como hasta ahora y en que no se cumplan los temores de este viejo tío tuyo que a veces peca de demasiado pesimismo sobre la naturaleza humana. Ojalá me equivoque, lo deseo fervientemente. Y ahora cuéntame tú: ¿qué sabes de esos agradables jóvenes, Lamothe y Colbert? Hace semanas que no los sorprendo rondando esta casa.

***

Ni mi tío ni yo volvimos a ver a ninguno de los dos, ni tampoco al resto de mis admiradores. Poco a poco Burdeos se iba convirtiendo en una ciudad recelosa en la que todos temían incluso hacer preguntas. El 19 de agosto supimos por fin que estaban a punto de hacer su entrada en la ciudad dos nuevos representantes de la Convención y que sus nombres eran Ysabeau y Baudot. En cuanto ésta se produjo, los bordeleses les hicieron sentir que no eran bienvenidos. Hasta su hotel, llamado irónicamente La Providencia, fue una comisión del Ayuntamiento para transmitirles cortés, pero también imperativamente, que debían abandonar la ciudad cuanto antes. Había entre los bordeleses quienes abogaban por una acción más enérgica contra los intrusos e incluso, días más tarde, Ysabeau escribió a la Convención asegurando que «se les había intentado asesinar tirándolos al río», pero dicha acusación era completamente falsa, pues a pesar del rechazo general, en todo momento reinó la mesura. Fueron expulsados, sí, pero del todo ilesos, lo que, según se mire, resultó ser un insulto aún más grande para aquellos dos tipos. Tras su expulsión, tanto Ysabeau como Baudot no volvieron a París. Prefirieron retirarse a La Réole y desde allí pedir refuerzos a la Convención para que nombrara a nuevos representantes con órdenes tajantes y precisas de acabar con la rebeldía. Uno de ellos resultó ser Jean–Lambert Tallien.

Fue así como el Destino, que tanto gusta de casualidades y de ritornellos irónicos, volvió a reunirme con un hombre al que yo había conocido muy brevemente una triste mañana parisina ante la decapitada cabeza de la princesa de Lamballe.

TALLIEN

— Y decidme, Cabarrús, ¿se sabe ya quiénes son estos representantes que ha nombrado París y que pronto estarán entre nosotros? ¿Ysabeau y Talleir… o Tallien? Creo que este último nombre me resulta familiar.

— Es muy posible que así sea, amigo mío, pues mucho me temo que es miembro destacado de las facciones más extremistas, partidario de Robespierre o del difunto Marat, a quien Dios tenga en el infierno.

— Sí, gracias a Él y a nuestra heroína Charlotte Corday ése ya está cocinándose en las calderas de Pedro Botero. Pero volvamos al mundo de los vivos, que cada vez se parece más al reino del príncipe de las tinieblas. ¿Quién decís que es este Tallien?

— Yo tengo datos bastante poco tranquilizadores sobre él, escuchad bien todos…

En aquellos últimos días de agosto los muros de la casa de mi tío Dominique Cabarrús se habían convertido en silenciosos testigos de ciertas reuniones clandestinas que tenían por objeto intercambiar información sobre los últimos avatares políticos. Olvidadas quedaban ya las escasas semanas en las que, como en mi antigua casa de Fontenay–aux–Roses, sus sólidos muros presumían sólo de ser testigos de flirteos mundanos o arrullos galantes. Los que entre aquellas cuatro paredes nos reuníamos ahora cuidábamos muy mucho de mantener cerradas las cortinas para que la luz no delatara nuestras veladas secretas y procurábamos despedirnos a hora prudente para evitar sospechas. Éramos a veces seis personas, a veces diez, nunca más de eso por precaución. Entre ellas estaban, además de mi tío y su muy silenciosa mujer, varios ciudadanos de Burdeos preocupados por los últimos acontecimientos y en especial por la llegada de aquellos dos nuevos representantes de París.

— ¿Y decís que tenéis referencias de al menos uno de estos individuos? — inquirió el ciudadano Megot, que era terrateniente y comerciante en lanas.

— Sí–respondió el ciudadano Charrier, que se dedicaba a la exportación de vinos y por tanto mantenía tratos frecuentes con París y también con otras grandes ciudades-. Y mis referencias, siento decirlo, no son nada tranquilizadoras. ¿Queréis saber de verdad quién es este Tallien que ahora nos envía la capital para «devolvernos a la obediencia revolucionaria y patriótica»?

Instintivamente todos arrimamos nuestras sillas y el ciudadano Charrier encendió su pipa con parsimonia, consciente de que contaba con la atención expectante de todos los allí reunidos.

— Pues es–comenzó diciendo–un perfecto oportunista que reúne todas las cualidades necesarias hoy en día para medrar en París. Mi cuñado, que vive allí y sabe todo sobre aquellos que empiezan a descollar en política, dice que presume de ser hijo del marqués de Bercy.

— Querido amigo–le interrumpió entonces el ciudadano Alvion, que era armador como mi tío-, ser hijo de un noble no parece la mejor credencial para medrar en el París revolucionario.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «La cinta roja»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La cinta roja» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «La cinta roja»

Обсуждение, отзывы о книге «La cinta roja» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.