– … y ése es Rufus -explicaba Alfred, señalando a un soldado enjuto con una dentadura prominente-. Es el hijo del trapero. Rufus solía ayudarlo, pero sabe que tiene más probabilidades de comer todos los días en el ejército.
– Eso vale para un buhonero -opinó Myra-, pero tú no puedes decir que no vivieras bien en Riverton.
– Oh, no -repuso Alfred, sonriendo-. No tengo quejas al respecto. La señora T., lord Ashbury y lady Violet nos mantienen bien alimentados. Aunque la verdad es que me agobiaba estar encerrado. Quiero pasar una temporada al aire libre.
Oímos sobrevolar un aeroplano, un Blériot XI-2, según señaló Alfred, y la multitud le dirigió un caluroso saludo. En el andén se percibía la emoción que nos embargaba a todos. El guarda, una remota mancha blanca y negra, hizo sonar su silbato. Su voz a través del megáfono invitó a los pasajeros a subir al tren.
– Bueno -anunció Alfred esbozando una sonrisa-. Me voy.
En el final de la estación apareció la figura de Hannah. Su mirada recorrió el gentío y se detuvo, vacilante, cuando distinguió a David. Se abrió paso entre la multitud y no se detuvo hasta llegar al lugar donde estaba su hermano. Permaneció inmóvil un instante y luego, sin decir una palabra, sacó algo de su bolso y se lo entregó. Yo sabía lo que era. Lo había visto esa mañana en su habitación: Viaje a través del Rubicón. Era uno de los pequeños libros de El Juego, una de sus aventuras favoritas, cuidadosamente redactada, ilustrada y encuadernada con hilo. Hannah lo había puesto en un sobre y lo había atado.
David miró el paquete, y luego a su hermana. Lo guardó en el bolsillo de su chaqueta, y lo acarició. Luego estiró los brazos y tomó las manos de Hannah entre las suyas. Parecía querer abrazarla, besar sus mejillas, pero se abstuvo, los hermanos no tenían por costumbre hacer esas demostraciones de afecto. Sólo se acercó a ella y le dijo algo. Entonces ambos miraron a Emmeline, y Hannah asintió con la cabeza.
David se dirigió después a Robbie. El joven miró a Hannah y ella buscó nuevamente algo en su bolso. Comprendí que era un regalo para él. Seguramente David le había dicho que también Robbie necesitaba un amuleto.
La voz de Alfred en mi oído desvió mi errática atención.
– Adiós, Grace -declaró, casi rozándome el cuello con los labios-. Te agradezco sinceramente tu regalo.
Mientras Alfred cargaba su macuto al hombro y se dirigía al tren, yo me llevé la mano a la oreja, que conservaba el calor de sus palabras. Cuando llegó a la puerta del vagón y subió el escalón, se volvió para mirarnos por encima de las cabezas de los otros soldados.
– Deseadme suerte -pidió y desapareció, empujado por sus compañeros, ansiosos por entrar en el tren.
Yo lo despedí con la mano.
Boletín Heráldico de Inglaterra
1999
Mansión Riverton, Saffron Green, Essex
La mansión Riverton una granja de estilo isabelino diseñada por John Thorpe fue «aburguesada» en el siglo XVIII por el octavo conde de Ashbury quien le añadió dos alas transformando así el edificio principal en una cómoda mansión. En el siglo XIX cuando se impuso el concepto victoriano de casa de campo de fin de semana Riverton volvió a ser objeto de reformas a cargo del arquitecto Thomas Cubitt. Se agregó un tercer nivel para dotarla de un mayor numero de habitaciones de huéspedes. Y, de acuerdo con la idea victoriana de que los sirvientes debían mantenerse invisibles, se construyo en el ático toda una «madriguera» de habitaciones de servicio además de una escalera que las comunicaba directamente con la cocina.
Las imponentes ruinas de la por entonces majestuosa mansión se hallan rodeadas de magníficos jardines diseñados por sir Joseph Paxton. En ellos se encuentran dos enormes fuentes de piedra. La mas grande que representa a Eros y Psique ha sido recientemente restaurada. Si bien ahora su funcionamiento está controlado por una bomba eléctrica programada, original-mente el agua era bombeada por un motor ubicado en una sala subterránea del cual se decía que al funcionar hacia «tanto ruido como un tren expreso» debido a los ciento veinte chorros ocultos entre las estatuas de hormigas gigantes águilas dragones seres monstruosos del mundo subterráneo cupidos y dioses que lanzaban agua a treinta metros de altura.
La otra fuente mas pequeña se encuentra al final del Camino Largo que esta detrás de la casa y representa la Caída de Ícaro. Mas allá de ésta encontramos el lago y la casa de verano cuya construcción fue encargada en 1923 por el entonces propietario de Riverton el señor Theodore Luxton sustituyendo al cobertizo para botes que existía originalmente en ese lugar. Ya en este siglo el lago se hizo tristemente celebre como el lugar donde se suicido el poeta Robert S Hunter en 1924 durante la fiesta de celebración del verano que anualmente se realizaba en Riverton.
Las sucesivas generaciones de habitantes de Riverton también contri-buyeron en el diseño de los jardines. Lady Gytha Ashbury, la esposa danesa de lord Herbert, creó la zona de arbustos podados remedando distintas siluetas, rodeados por setos de tejos enanos, que aún se conoce como Jardín Egeskov (en homenaje a un castillo en Dinamarca que pertenecía a la familia política de lord Ashbury). Y lady Violet, esposa del undécimo lord Ashbury, agregó una rosaleda en el jardín trasero.
Después del devastador incendio ocurrido en 1938, la finca Riverton y sus jardines entraron en un largo periodo de decadencia. La finca fue donada a Patrimonio Cultural de Inglaterra en 1974 y desde ese momento está en proceso de restauración. Los jardines de los sectores norte y sur, incluyendo la fuente de Eros y Psique, han sido recientemente restaurados, dado que forman parte del plan de recuperación de jardines considerados patrimonio cultural inglés que dirige la institución. La fuente de Ícaro y el pabellón de verano, a los que se accede por el Camino Largo, están siendo reformados en la actualidad.
En la iglesia de Riverton, situada en un pintoresco valle vecino a la casa, durante los meses de verano está abierta una casa de té (cuyo servicio no está a cargo de Patrimonio Cultural). La finca Riverton tiene además una maravillosa tienda de regalos.
Para obtener información sobre los espectáculos de las fuentes, por favor, llame al 01277 876857.
Voy a aparecer en la película. No yo, sino una jovencita que interpreta ese papel. Por lo visto, haber sobrevivido hasta hoy me convierte en una curiosidad digna de ser exhibida, sin importar cuál fuera mi grado de conexión con los hechos.
Hace dos días recibí una llamada telefónica de Ursula, la joven cineasta de figura delgada y largo cabello ceniciento, preguntándome si aceptaría reunirme con la actriz que tendrá el dudoso honor de hacer de «Primera doncella», ahora rebautizada «Grace».
Vendrán aquí, a Heathview. No es que sea el lugar más propicio para una cita, pero carezco del ánimo y la energía necesarios para recorrer un largo trayecto y no estoy dispuesta a hacer ese esfuerzo.
De modo que aquí estoy. Sentada en la silla de mi habitación, esperando.
Oigo que llaman a la puerta. Miro el reloj: las nueve y media. Son puntuales. Advierto que contengo el aliento y me pregunto por qué.
Ya están en la habitación -mi habitación- Sylvia, Ursula y la joven encargada de representar el papel de Grace.
– Buenos días, Grace -saluda Ursula, sonriéndome bajo su flequillo color trigo. Después hace algo imprevisto: se inclina hacia mí y me besa en la mejilla. Siento sus cálidos labios en mi piel seca y grisácea.
Mi voz no logra salir de la garganta.
Ursula se sienta en el extremo de mi cama, sobre la manta -un atrevimiento que, según descubro con sorpresa, no me molesta- y me toma la mano.
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