»Desquite.
»Desquite .
El sol comenzaba a ocultarse ya tras los hombros del edificio. Hojeó las doce páginas del guión de Corona de azúcar. En su única escena, se suponía que Xan intercambiaba algunas palabras con Charisma Trixxx, y después observaba su actuación con Sir Dirk Bogarde (con el siguiente programa: «Mamada. Por delante. Por detrás. Corrida en la cara»). Sus frases no eran ni difíciles ni numerosas, pero aun así le sorprendió la facilidad con que pudo aprendérselas de memoria. Hizo una pausa. «Algo me está ocurriendo», pensó. Hizo otra pausa, escuchó; notaba dentro de sí una gran esperanza a la que no se atrevía a acceder: con ella, o en lugar de ella, podrían sobrevenirle un dolor y una pena igualmente grandes. El firmamento luminoso aparecía desgarrado por estelas de vapor en diferentes estados de disolución: algunas altas, semejantes a escobillas de sólido aspecto para limpiar pipas; otras, como medias blancas, desechadas, flotando en el aire, o como el sueño leve de las primeras horas; otras, finalmente, como rompientes de una playa inconcebiblemente lejana. Volvió a estudiar sus frases, repitiéndolas mentalmente. Las tenía allí.
– Lo cual nos lleva al meollo del asunto. Es sólo mi opinión, por supuesto, pero la mantengo por razones menos obvias que las que podrían decirse. El Desquite. El nombre es incorrecto, creo yo. Y encierra un serio fallo estructural… El Desquite Clásico es, simplemente, una eyaculación prematura provocada por la mujer. Cuanto más prematura, mejor. Ciertamente es muy humillante para el hombre, porque lo obliga a comenzar de nuevo, y ya con sus fuerzas muy disminuidas. Así que se siguen la ducha, la pastilla, la espera, el dolor de cabeza…, el Jodiar. Pero cualquier cosa que se grabe en tales condiciones precederá a la anterior eyaculación. A diferencia del Manguerazo, el Desquite no deja ninguna evidencia filmada de su consumación. Y está luego la cuestión del Facial.
»El Facial.
»El Facial, sí. Hasta el Jodiar más riguroso exige el Facial La tendencia principal del mercado exige el Facial. Y el Desquite ni siquiera ha tratado jamás de presentarse sin él. Así que… ¿qué clase de victoria es ésa? ¿Despedir a la pareja despectivamente y con pullas, una vez que él se ha corrido y te ha llenado de semen hasta la barbilla? El Facial está ahí, siempre, porque el cliente quiere que esté. ¿Y qué quieren los hombres? Quieren el Facial. Es el único acto sexual que apenas existe fuera del porno. Una prostituta tal vez lo practique, pero ¿se imagina a una mujer libre de rodillas? Ésta es otra buena razón para denominar también al Facial como también lo llaman: la Escena por Dinero.
»Comprenda… A veces lo llaman también la Escena de Papá. Jamás la Escena de Mamá. Porque, por un motivo u otro, uno siente esta convicción: es como le habría gustado a papá. La Bella y la Bestia, la inocencia y su opuesto. Y la mujer arrodillada, alzando el rostro para contemplar a alguien mucho más poderoso que cualquier amante…»
Bebió media botella de vino, fuera, en el balcón, acompañando su temprana cena. Notaba cansada su ecuanimidad ahora, y flaqueaba, y las nubes de la tarde le parecían cabellos postizos: bisoñés, pelucas, los caducos oropeles del firmamento. Pero entonces salió Venus, con un halo blanco, como un juego de pestañas de plata que bajaran ante él. Y apareció la luna en su cuarto creciente, dispuesta en un ángulo poco familiar para él, como si llegara de algún lugar de detrás, como un seno platónicamente perfecto.
A las nueve llamaron a la puerta.
– ¿Quién es?
Era el canoso botones, que le ofreció un ramo de las flores más horrendas que hubiera visto en su vida: cara roja y lengua amarilla.
– ¿Quién las envía?
– Joseph Andrews.
Xan lo comprobó: sí, era lo que estaba necesitando.
2. BAJA POR ENFERMEDAD EN DOLOROSA DRIVE
Durante treinta meses de actividad, el Francotirador de Sextown pareció haber desarrollado un conjunto de reglas o restricciones: nada de emplear balas de alta velocidad, nada de tiros a la cabeza o al corazón, ninguna actuación en autopistas que pudiera provocar más atascos de tráfico, ninguna incursión a Tuxedo Terrace o Dolorosa Drive, donde hubiera podido socavar valiosos títulos de propiedad, nada de notitas sarcásticas que comenzaran «Fastídiate, ciego gusano» o «Soy Dios» dirigidas al alcalde y a las autoridades del Departamento de Policía, ningún disparo a personas de origen mexicano o centroamericano, ningún disparo contra quienes acudían a prestar ayuda del tipo que fuera, ningún blanco a personas muy jóvenes o muy ancianas. Pero si un director de fotografía con barbita en forma de perilla resultaba herido en un tobillo, si un auxiliar o una maquilladora perdían un par de dedos, si Charity Divine quedaba con el pelo chamuscado o Schlong Gielguld recibía un balazo en el trasero…, ¿a quién le importaba? A la gente del porno tal vez, pero a nadie le importaba la gente del porno ni lo que a ésta la importara.
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