Fernando Pessoa - Libro del desasosiego de Bernardo Soares

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Libro del desasosiego de Bernardo Soares: краткое содержание, описание и аннотация

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El libro del desasosiego, que presentamos traducido íntegramente por vez primera en lengua castellana, nació en 1913 y Pessoa trabajó en él durante toda su vida. Esta es una obra inacabada e inacabable: un universo entero en expansión cuya pluralidad -literaria y vital-es infinita.

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Las dificultades que Pessoa encontró para convertir en heterónimo al autor del Libro proceden, sin duda, y sobre todo, de la calidad de intermitente diario íntimo que tiene la casi totalidad de sus fragmentos. Un examen de todos ellos demuestra que el personaje Soares fue creado a posteriori, pues parece ser que cuantos se refieren a la oficina de la Calle de los Doradores y la cualidad de oficinista de Bernardo están escritos en el estilo más maduro y evolucionado de la obra, lo que permite, sin temor a equivocarse, pensar que fueron redactados durante, todo lo más, el último decenio de la vida de Pessoa.

«Como es sabido», ha escrito Jacinto do Prado Coelho en su introducción a esta obra, «el autor de un diario instintivamente se desdobla en el yo-personaje ofrecido a los lectores virtuales» [16]y, como en seguida vamos a ver, hay desdoblamiento, aunque no grande, en ella, puesto que, como observa Maria da Gloria Padrão, a la vista de la edición incompleta de 1961, «al final, ninguna novedad aporta en relación a lo que de más importante conocemos del poeta, a no ser por las diferencias de registros poéticos» [17]. Y, en efecto, las coincidencias, tanto estilísticas como temáticas, entre el Pessoa ortónimo y las páginas finalmente atribuidas a Soares han sido señaladas, además de por Jacinto do Prado Coelho y la recién citada estudiosa, por Jorge de Sena, y a los trabajos de los tres me remito [18]no sin recordar que entre las mencionadas coincidencias se cuentan la inadaptabilidad de Pessoa y Soares a la realidad vulgar -es más, su repudio de ella-; ciertos «hallazgos sintácticos», de algunos de los cuales hablan las notas que he puesto a esta traducción; la coincidencia de los paisajes urbanos de Pessoa y Soares; la semejanza de sus trabajos comerciales; sus reacciones ante la sociedad, su soltería y su vida en cuartos alquilados, etc. Pero también hay otras coincidencias no menos significativas, tales como el conocimiento del francés por ambos y el no haber estado ninguno de ellos en Francia y, sobre todo, el ambiente decadente, el tedio de Soares, que viene a coincidir en casi todo con el que se refleja en los versos del Cancioneiro ortónimo. De ahí que tanto Maria Aliete Galhoz como el ya citado do Prado Coelho consideren a esta obra como un diario, y que este último estudioso, ya en una obra de 1949, afirmase que «Tal vez por encontrarlo demasiado confesional, autobiográfico, directo, Pessoa dejase a Bernardo Soares un tanto informe y en la penumbra» [19], opinión con la que coincido totalmente. Y es que, como escribió el propio Pessoa, «en prosa es más difícil otrarse -el neologismo es pesoano- que en verso» [20].

Sea de ello lo que quiera, lo cierto es que nuestro poeta murió sin haber publicado el Libro del desasosiego y, lo que es peor, sin haber pasado a limpio la inmensa mayoría de sus fragmentos ni haberlos ordenado y estructurado en vistas a su publicación. No tardaré en referirme a las dificultades que para la edición de esta obra ha representado el estado de sus materiales y la falta de una organización de ellos realizada por su autor, pero creo que, antes de hacerlo, conviene referirse, aunque sea en pocas palabras, a la historia o, si se prefiere, a la crónica de dicha edición.

En 1960, Jorge de Sena, que entonces era profesor en el Brasil, inició una larga y complicada negociación con la editorial Ática, encaminada a la publicación del Libro, cuyos originales se encontraban en poder del coronel Caetano Dias, cuñado del poeta. Inmediatamente, Maria Aliete Galhoz se dedicó, en Lisboa, a compilar, descifrar y organizar hasta donde fuese posible los materiales que habían de ser puestos a disposición de Sena, cuyo propósito era dar a la luz, no una selección de la obra, sino cuantos fragmentos considerase publicables. A primeros de febrero de 1962, el primer paquete de fotocopias y transcripciones hechas por la Galhoz llegó a las manos de Jorge de Sena, quien comunicó en seguida a la editorial que «Todo es fragmentario, aunque del mayor interés; todo es de fecha insegura o de ordenación insegura; gran parte de los originales es de lectura dificilísima. Se trata de una gran aventura, en el plano de la crítica textual», con lo que definió perfectamente las principales dificultades que suponía la edición del Libro.

En noviembre de aquel mismo año, Sena firmó el contrato de edición, en el que se establecía que el texto del libro -y su introducción, escrita por este poeta y estudioso- deberían ser entregados a la editorial antes de enero de 1964. Como se trataba de un trabajo «extremadamente difícil», Sena firmó el contrato pero haciendo la salvedad de que la fecha de entrega sería, precisamente, enero de 1964. Sin embargo, en diciembre de dicho año Sena se vio obligado a disculparse ante la Ática por no haber cumplido con el término establecido en el contrato debido a las dificultades que la edición suponía, al mismo tiempo que descargaba parte de la responsabilidad en la propia editorial por no haber respondido a las preguntas y consultas que le había hecho. En vista de ello manifestó que no podría entregar el original del Libro del desasosiego hasta junio del 65.

Mientras tanto, había aparecido la edición de Petrus, de 1961, y ello hacía más urgente que nunca la publicación del texto completo. Pero las cosas se complicaron, cuando Sena había escrito ya una larga introducción a la obra [21], debido a que Georg Rudolf

Lind, otro de los editores de la prosa pesoana, le escribió una carta en la que le comunicaba que «se han encontrado más de 100 hojas manuscritas con la señal L. do D.» dispersas «en los diferentes paquetes de prosa» hallados entre los papeles del poeta. La reacción de Sena no se hizo esperar: pidió que le enviasen inmediatamente fotocopia de dichos fragmentos. Habiéndose trasladado, por razones de trabajo universitario, a Wisconsin, Sena recibió en 1966 sólo parte de este último material. Una serie de complicaciones posteriores, en la que no voy a detenerme, tuvo por resultado que, en 1969, Sena desistiese de continuar trabajando en la edición del Libro [22] , en vista de lo cual, la Ática y los familiares de Pessoa pusieron en otras manos el difícil trabajo.

Fueron éstas las de Maria Alíete Galhoz y Teresa Sobral Cunha, que realizaron la recolección y transcripción de los textos y sus variantes, y las de Jacinto do Prado Coelho, que se encargó de su organización. Por fin, el año 1982, es decir, trece después de la renuncia de Sena -lo que demuestra la ímproba tarea que fue llevaba a cabo por estos tres estudiosos- apareció la edición de la que es traducción este volumen.

Los originales del Libro del desasosiego se encuentran actualmente en nueve sobres. Los cinco primeros son el desglose de uno que el mismo Pessoa rotuló de su puño y letra, mientras los cuatro restantes contienen los originales encontrados por sus estudiosos, algunos de ellos en cuadernos manuscritos. En la edición príncipe se indica la procedencia de cada uno de los fragmentos y a ella remitimos al lector curioso y, por supuesto, a los estudiosos, pues consideramos que una como la presente no debe ser sobrecargada con estos detalles.

Pessoa dejó entre sus papeles varias notas que se refieren a la organización del Libro del desasosiego pero que no son de decisiva utilidad debido a las dudas y contradicciones que en ellas se encuentran, cosa que no puede parecer sino natural, dado, de una parte, que son muchas las diferencias estilísticas entre los distintos fragmentos y grupos de ellos, y, de otra, el estado no definitivo de la mayor parte de los textos. Pero hay una tercera circunstancia a la que Jacinto do Prado Coelho se refiere, en la «Nota sobre la ordenación de los textos», con las siguientes palabras: «El orden aleatorio del inventario del legado literario de Fernando Pessoa me pareció rechazable in limine, ya que, al desorientar la lectura, obligaría a cada uno de los lectores a hacer él mismo un montaje, juego de puzzle que, además de ser penoso, exigiría una capacidad de construcción de la que sólo dispondrían los lectores privilegiados. No era por cierto el Libro del desasosiego en estado informe, caótico, lo que se esperaba de los responsables de esta edición. Otra hipótesis, aparentemente plausible, sería adoptar el orden cronológico. También me pareció, sin embargo, inadecuado. En primer lugar, la gran mayoría de los textos y fragmentos a integrar no se encontraban datados ni eran datables. Es verdad que, tanto mediante el análisis de los contenidos como mediante el análisis de la letra, del papel y, eventualmente, de la tinta, se podría intentar situarlos en determinado período de la vida de Pessoa. ¿Pero valdría la pena? ¿Sería pertinente la intención? Nada nos asegura que él, llegado el momento, aplazado hasta la muerte, de proceder a la organización del Libro, los hubiese sometido a una cronología veraz, de historiador, que ni siquiera su memoria estaría en condiciones de reconstruir; si hubiese decidido datar los textos, probablemente habría fingido una cronología, ajustada al estatuto ficcional de Bernardo Soares, de acuerdo con una “biografía interior” en que el otrora : se produce ahora, como dice un verso famoso del poeta; esa cronología obedecería, por otro lado, a una estrategia para una lectura que se quería literaria» [23].

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