Lu Xun: La verídica historia de A Q

Здесь есть возможность читать онлайн «Lu Xun: La verídica historia de A Q» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию). В некоторых случаях присутствует краткое содержание. категория: Классическая проза / на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале. Библиотека «Либ Кат» — LibCat.ru создана для любителей полистать хорошую книжку и предлагает широкий выбор жанров:

любовные романы фантастика и фэнтези приключения детективы и триллеры эротика документальные научные юмористические анекдоты о бизнесе проза детские сказки о религиии новинки православные старинные про компьютеры программирование на английском домоводство поэзия

Выбрав категорию по душе Вы сможете найти действительно стоящие книги и насладиться погружением в мир воображения, прочувствовать переживания героев или узнать для себя что-то новое, совершить внутреннее открытие. Подробная информация для ознакомления по текущему запросу представлена ниже:

Lu Xun La verídica historia de A Q
Бесплатно
  • Название:
    La verídica historia de A Q
  • Автор:
  • Жанр:
    Классическая проза / на испанском языке
  • Язык:
    Испанский
  • Рейтинг книги:
    3 / 5
  • Ваша оценка:
    • 60
    • 1
    • 2
    • 3
    • 4
    • 5
  • Избранное:
    Добавить книгу в закладки

La verídica historia de A Q: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La verídica historia de A Q»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

La verdadera historia de A Q narra las andanzas, aventuras y desventuras de un pícaro sin recursos en la China de comienzos del siglo XX, hasta que es ejecutado por un crimen que ni siquiera ha cometido. Así descrito podría pensarse que el argumento de la obra es banal y desprovisto de fuerza… y se estaría en lo cierto. De eso se trata precisamente. La ambigüedad, la falta de concreción, que rodea como una neblina espesa toda la obra, permite al autor un mayor margen de movimiento. Quizá esto sea precisamente lo más moderno de la narración: su capacidad de hablar al lector presente. Su vigencia tras el paso del tiempo. Eso es lo que distingue a los grandes clásicos. Lu Xun ya lo es.

Lu Xun: другие книги автора


Кто написал La verídica historia de A Q? Узнайте фамилию, как зовут автора книги и список всех его произведений по сериям.

La verídica historia de A Q — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система автоматического сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La verídica historia de A Q», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Не бойтесь закрыть страницу, как только Вы зайдёте на неё снова — увидите то же место, на котором закончили чтение.

– ¡Basta! ¡Basta! -exclamaban los espectadores, probablemente tratando de imponer la paz.

– ¡Bien, bien! -decían otros. Pero no está claro si era para imponer la paz, para aplaudir a los combatientes o para incitarlos a nuevos ataques.

Pero los dos rivales hacían oídos sordos a todo. Si A Q avanzaba tres pasos, Pequeño D retrocedía tres pasos y allí se quedaban quietos. Si Pequeño D avanzaba tres pasos, A Q retrocedía tres pasos y allí volvían a quedarse quietos. Al cabo de casi media hora Weichuang poseía muy pocos relojes que dieran la hora, de modo que es difícil calcularlo con exactitud; tal vez fuesen veinte minutos, cuando el sudor les corría por las mejillas y la cabeza les humeaba, A Q dejó caer las manos y, en el mismo instante, cayeron también las manos de Pequeño D. Se incorporaron simultáneamente y retrocedieron simultáneamente, abriéndose paso entre la multitud.

– ¡Acuérdate, hijo de perra!… -dijo A Q volviendo la cabeza.

– ¡Tú, hijo de perra, acuérdate!… -respondió Pequeño D, volviendo también la cabeza.

Aparentemente, la «batalla del dragón y el tigre» no había terminado en victoria ni en derrota y no se sabe si los espectadores estaban satisfechos o no, porque ninguno de ellos expresó su opinión. Pero ni siquiera así vino nadie a buscar a A Q para darle trabajo.

Un día tibio en que una suave brisa parecía anunciar el verano, A Q sintió frío; eso podía soportarlo, pero su mayor molestia era el estómago vacío. Su manta guateada, su sombrero de fieltro y su chaqueta habían desaparecido hacía mucho tiempo y al final había tenido que vender su chaqueta guateada. No le quedaba nada más que los pantalones, sin los cuales no podía quedarse de ningún modo. Tenía una chaqueta forrada destrozada, es verdad, pero como no fuera para hacer suela de zapatos no valía un comino. Hacía tiempo que esperaba recoger algún dinero, pero hasta el momento no había tenido éxito; también había tenido esperanza de encontrar un poco de dinero en su destartalada habitación y había buscado, inquieto, por todos los rincones, pero la habitación estaba absoluta y enteramente vacía. Por lo tanto se decidió a salir en busca de alimento.

Iba por el camino «en busca de alimento», cuando divisó la taberna familiar y el familiar pan cocido al vapor, pero pasó de largo, no sólo sin detenerse ni un segundo, sino aun sin sentir el más mínimo deseo. No era aquello lo que buscaba, aunque él mismo no sabía qué era lo que buscaba.

Weichuang no era un lugar grande y pronto lo dejó atrás. La mayor parte de la región, fuera de la aldea, consistía en plantaciones de arroz anegado, verdes hasta donde la vista podía alcanzar, aquí y allá manchas de objetos redondos, negros y móviles, que eran los hombres que cultivaban los campos. Pero A Q no tenía ojos para los placeres de la vida campesina y simplemente continuaba su camino porque sabía por instinto que aquello estaba muy lejos de su senda «en busca del alimento». En un momento dado se encontró ante las murallas del Convento del Sereno Recogimiento.

El convento también estaba rodeado de campos de arroz; sus blancas murallas destacaban nítidamente contra el verde tierno y, dentro de la baja muralla trasera, de barro, estaba el huerto. A Q vaciló un momento, mirando a su alrededor. Como no había nadie a la vista, saltó sobre la baja muralla, cogiéndose a una mata de polígala. El barro se deshizo con ruido de deslizamiento y las piernas de A Q temblaron de miedo; pero logró asirse a una morera y desde allí dio un salto al interior. Había una profusión de plantas, pero ni rastros de vino amarillo o pan o comestibles. Junto a la muralla occidental había un macizo de bambú y muchos brotes, pero desgraciadamente éstos no estaban cocinados. También había plantas de colza, pero ya habían dado semilla. La mostaza estaba a punto de florecer y la col estaba muy dura.

A Q se sintió tan desilusionado como un escolar fracasado en los exámenes e iba caminando lentamente hacia la puerta del jardín cuando de súbito dio un salto de alegría, porque allí, delante de sus ojos, ¿qué había sino un plantío de rábanos? Se puso en cuclillas y comenzó a arrancarlos, cuando de pronto una cabeza redonda asomó por la puerta y desapareció al instante; se trataba nada menos que de la monjita. A Q siempre había sentido el más olímpico desprecio por seres como las monjitas, pero las cosas del mundo exigen «un paso atrás para la reflexión», de modo que rápidamente arrancó cuatro rábanos, les quitó las hojas y los metió en los bolsillos de su chaqueta. Pero en ese momento había aparecido ya una monja vieja.

– ¡Que Buda nos proteja, A Q! ¿Qué es lo que te impulsó a entrar en nuestro jardín y robarnos nuestros rábanos?… ¡Oh, Dios mío, qué pecado! ¡Oh, Dios mío, Buda nos proteja!

– ¿Cuándo entré a tu jardín a robar rábanos? -contestó A Q, mirándola y emprendiendo la retirada.

– ¡Ahora!… ¿Y ésos? -dijo la monja vieja, señalando los que abultaban en la chaqueta.

– ¿Son tuyos? ¿Puedes hacer que contesten a tu llamada?

Tú…

Sin terminar la frase, A Q echó a correr a toda velocidad, seguido por un perro negro, prodigiosamente gordo. Aquel perro estaba en la puerta principal y es un misterio cómo había llegado al huerto trasero. El perro corría gruñendo y estaba a punto de morder la pierna de A Q, cuando, muy oportunamente, cayó un rábano de los que éste llevaba y el perro, cogido por sorpresa, se detuvo durante un segundo. A Q saltó la muralla de barro y cayó, con rábanos y todo, fuera del convento. Dejó al perro negro ladrando todavía y a la anciana monja rezando sus oraciones.

Temiendo que la monja dejara salir al perro, A Q juntó sus rábanos y echó a correr, recogiendo de paso unas cuantas piedrezuelas; pero el perro negro no volvió a aparecer. A Q tiró las piedras y siguió su camino, mascando y pensando:

– No hay nada que hacer aquí; mejor me voy a la ciudad…

Cuando se hubo comido el tercer rábano, tenía decidido marcharse a la ciudad.

VI. De la rehabilitación a la decadencia

Weichuang no volvió a ver a A Q hasta después de la Fiesta Lunar de ese año. Todos se sorprendieron al saber la noticia de su regreso y haciendo memoria se preguntaron dónde habría pasado aquellos días. Las pocas veces que habría ido a la ciudad, A Q siempre lo había anunciado con anticipación y gran entusiasmo; pero como esta vez no lo había hecho, nadie se dio cuenta de su viaje. Tal vez se lo hubiera dicho al viejo que cuidaba el Templo de los Dioses Tutelares, pero, según la costumbre de Weichuang, sólo se consideraba importante el viaje a la ciudad del señor Chao, del señor Chian o del bachiller. Ni siquiera se comentaba el viaje de Falso Demonio Extranjero; mucho menos el de A Q. Esto puede explicar por qué el viejo no había hecho circular la noticia, de lo que resultó que la sociedad de Weichuang no tuvo medios de saberlo.

Pero el regreso de A Q fue aquella vez muy diferente de las anteriores y, en realidad, digno de causar verdadero asombro. Estaba obscureciendo cuando apareció, pestañeando, soñoliento, ante la puerta de la taberna. Caminó hasta el mostrador, sacó un puñado de monedas de plata y cobre de su cinto y las desparramó diciendo:

– Al contado; ¡trae vino!

Llevaba una chaqueta nueva forrada y, evidentemente, una alforja pendía de su cinto, puesto que el peso curvaba el cinturón en un ángulo agudo. Según la costumbre de Weichuang, cuando parecía haber algo desacostumbrado en alguien, más valía tratarlo con respeto que con desprecio; y ahora, aunque sabían muy bien que se trataba de A Q, éste parecía diferente del A Q de la chaqueta rota. Los antiguos dicen: «Se encontrará un nuevo motivo de admiración en el hombre a quien no se ve desde hace tres días»; de modo que el mozo, el tabernero, los parroquianos y los transeúntes, todos expresaron una natural sorpresa con mezcla de respeto. El tabernero fue el primero en saludar con la cabeza y decir:

Читать дальше

Похожие книги на «La verídica historia de A Q»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La verídica historia de A Q» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё не прочитанные произведения.


Alejo Carpentier: Concierto Barroco
Concierto Barroco
Alejo Carpentier
Carlos Fuentes: Instinto De Inez
Instinto De Inez
Carlos Fuentes
Marcos Aguinis: El Combate Perpetuo
El Combate Perpetuo
Marcos Aguinis
Henry Charriere: Papillon
Papillon
Henry Charriere
Antonio Garrido: El lector de cadáveres
El lector de cadáveres
Antonio Garrido
Jeffrey Archer: Como los cuervos
Como los cuervos
Jeffrey Archer
Отзывы о книге «La verídica historia de A Q»

Обсуждение, отзывы о книге «La verídica historia de A Q» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.