Blake Pierce - Un Rastro de Crimen

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Una historia dinámica que atrapa desde el primer capítulo y no te deja ir. Midwest Libro Review, Diane Donovan (en torno a Una vez ido) Del autor de misterio, #1 en ventas, Blake Pierce viene una nueva obra maestra de suspenso psicológico. En un RASTRO DE CRIMEN (Libro #4 en la serie de misterio Keri Locke), Keri Locke, Detective de Personas Desaparecidas de la División de Homicidios del Departamento de Policía de Los Ángeles, sigue una nueva pista sobre su hija secuestrada. Ella se abre paso a través de un submundo pervertido, y paso a paso, se acerca al hallazgo de su hija. Pero carece de tiempo. A Keri se le asigna un nuevo caso: un padre llama desde una comunidad acaudalada y reporta que su hija adolescente ha desaparecido regresando a casa desde la escuela. Poco después, llegan notas de rescate. Retorcidas, llenas de acertijos, dejan en claro que queda poco tiempo para salvar a la chica. También dejan en claro que esta es la obra de un diabólico asesino que está jugando con ellos. Keri y la policía deben descifrarlos para encontrar al secuestrador, entender sus demandas, decodificar las cartas, y por encima de todo, ganarle en astucia. Pero en esta partida de ajedrez, Keri puede encontrarse ante un enemigo que no puede comprender, y para la chica desaparecida – y su propia hija – ella puede llegar demasiado tarde. Un oscuro thriller psicológico con un suspenso que acelerará tus latidos, UN RASTRO DE VICIO es el libro #3 en una nueva serie que atrapa al lector – y un nuevo y adorable personaje – que te dejará leyendo hasta altas horas de la noche. ¡Una obra maestra de suspenso y misterio! El autor hizo un trabajo magnífico desarrollando personajes con un lado psicológico tan bien descrito que percibimos el interior de sus mentes, seguimos sus miedos y aplaudimos sus éxitos. La trama es muy inteligente y te mantendrá entretenido a lo largo del libro. Lleno de giros, este libro te mantendrá despierto hasta llegar a la última página. Libros and Movie Reviews, Roberto Mattos (en torno a Una Vez Ido) El libro #5 en la serie Keri Locke ya está también disponible!

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—Te llamaré cuando lleguemos a la escuela —Keri le dijo en voz baja a Ray. Este asintió sin palabras.

Ella se sintió tocada por su frialdad, pero lo entendió. Él se había abierto y había tomado un gran riesgo. Y ella lo había rechazado sin explicaciones. Era quizás bueno que ambos tuvieran algo de espacio por un rato.

Cuando las dos mujeres salieron a la calle y comenzaron a alejarse caminando de la casa, un pensamiento reverberó en su cabeza.

Lo he arruinado por completo.

CAPÍTULO TRES

Noventa minutos después, de regreso a su escritorio, Keri dejó salir un suspiro de profunda frustración. La mayor parte de la última hora y media había sido infructuosa.

No habían hallado nada inusual en la caminata a la escuela y no se toparon con evidentes señales de lucha. No había inusuales marcas de llantas cerca del sitio donde la Sra. Rainey había encontrado las cosas de Jessica. Keri se había detenido ante cada casa cercana para determinar si algunos de los residentes tenían cámaras que vieran hacia la calle, y que pudieran ser de utilidad. Ninguno las tenía.

Cuando llegaron a la escuela, Ray ya estaba allí hablando con el director, quien prometió enviar un correo-e con carácter de urgencia a todos los padres de los alumnos solicitando cualquier información que pudiesen tener. El oficial de seguridad tenía todos los vídeos de vigilancia del día en cola, así que Keri le sugirió a Ray que se quedara y los viera mientras ella llevaba a la Sra. Rainey a su casa, y después regresaba a la oficina para llamar a todas las posibles pistas.

A Carolyn Rainey debió simplemente haberle parecido que eran dos compañeros repartiéndose eficientemente las tareas. Y hasta cierto punto, así era. Pero el pensamiento de ir incómoda en el asiento de pasajero, mientras Ray conducía de regreso a la División Los Ángeles Oeste, era algo para lo que ahora mismo no estaba dispuesta.

Así que en en lugar de ello, abordaron un Lyft de regreso a la casa de los Rainey y Keri continuó desde allí hasta la estación, donde había pasado la última media hora llamando a todos los amigos y compañeros de clase de Jessica. Ninguno tenía nada inusual que compartir. Tres amigos la recordaban yéndose de la escuela en su bici, y despidiéndose de ellos mientras salía del estacionamiento. Todo parecía estar bien.

Llamó a los dos chicos con los que Jessica se había encaprichado en las últimas semanas y aunque ambos sabían quién era, ninguno parecía conocerla bien o siquiera estar al tanto de lo que ella sentía. Keri no se extrañó por eso. Recordaba cuando tenía esa edad, y llenaba cuadernos enteros con los nombres de los chicos que le gustaban, sin siquiera llegar a hablar con ellos.

Habló con, o dejó mensajes a todos los maestros de Jessica, su entrenador de softball, su tutor de matemáticas, e incluso el responsable del grupo de vigilancia nocturna del vecindario. Ninguno de los que contactó sabía algo.

Llamó a Ray, que contestó al primer repique.

—Sands.

—No tengo nada aquí —dijo, decidida a concentrarse en el asunto presente—. Nadie vio nada fuera de lo ordinario. Sus amigos dicen que todo parecía estar bien cuando dejó la escuela. Todavía estoy esperando algunas llamadas, pero no soy optimista. ¿Te está yendo mejor?

—Hasta ahora no. El alcance de la cámara de vídeo solo se extiende hasta el final de la cuadra donde está la escuela, en ambas direcciones. Puedo verla diciéndole adios a su amigos, como lo has descrito, y luego salir pedaleando. Nada sucede mientras está visible. Le he pedido al guardia que junte los vídeos de principios de semana para ver si hubo alguien merodeando en días previos. Podría llevar tiempo.

Implícita estaba en la última frase la presunción de que no regresaría pronto a la estación. Ella simuló no notarlo.

—Creo que debemos activar el Alerta Ámbar —dijo—. Son ahora las seis p.m. Han pasado tres horas desde que su mamá llamó al nueve-uno-uno. No tenemos evidencia alguna que sugiera que esto es otra cosa que no sea un secuestro. Si fue llevada justo después de la escuela, entre las dos cuarenta y cinco y las tres p.m., podría ahora estar tan lejos como Palm Springs o San Diego. Necesitamos conseguir tantos ojos sobre esto como sea posible.

—De acuerdo —dijo Ray—. ¿Puedes manejar eso para que yo pueda quedarme a revisar estos vídeos?

—Por supuesto. ¿Vuelves después a la estación?

—No lo sé —respondió sin ser terminante—. Depende de lo que averigüe.

—Okey, bueno, mantenme informada —dijo.

—Lo haré —replicó, y colgó sin decir adios.

Keri se ordenó a sí misma no ponerle atención a ese desaire, y se concentró en preparar el Alerta Ámbar y sacarlo. Cuando estaba terminando, vio a su jefe, el Teniente Cole Hillman, caminando hacia su oficina.

Vestía su acostumbrado uniforme de pantalones casuales, chaqueta deportiva, corbata floja, y camisa de manga corta que no podía mantener bajo la pretina debido a su amplia circunferencia. Tenía un poco más de cincuenta, pero el trabajo lo había avejentado tanto que había profundas líneas en su frente y en las esquinas de sus ojos. Su cabello entrecano lucía más blanco por estos días.

Pensó que iba a pasar por su escritorio para pedirle una actualización de estatus pero ni siquiera miró en su dirección. Eso estaba bien para ella, ya que quería verificar con la gente de Escena del Crimen para ver si habían encontrado huellas.

Luego de emitir el Alerta Ámbar, Keri caminó por la estación, inusualmente silenciosa a esa hora de la noche, y se fue por el corredor. Tocó la puerta de la Unidad de Escena del Crimen y asomó su cabeza sin esperar a que le dieran permiso.

—¿Algo de suerte con el caso de Jessica Rainey?

La secretaria, una veinteañera de cabello oscuro y gafas, alzó la mirada de la revista que estaba leyendo. Keri no la conocía. El empleo de secretaria en Escena del Crimen era de mucho desgaste y tenía una alta rotación. Tecleó el nombre en la base de datos.

—Nada en el morral ni en la bici —dijo la chica—. Todavía están verificando unas pocas huellas del teléfono, pero por la manera de hablar, no sonaba prometedor.

—¿Puedes por favor decirles que avisen a la Detective Keri Locke tan pronto hayan terminado, sin importar el resultado? Aunque no haya huellas de utilidad, necesito revisar ese teléfono.

—Lo haré, Detective —dijo, enterrando de nuevo su nariz en la revista, antes incluso de que Keri cerrara la puerta.

De pie, a solas en el silencioso corredor, Keri respiró hondo y se dio cuenta que no le quedaba nada más que hacer. Ray estaba revisando los vídeos de vigilancia de la escuela. Ella había sacado el Alerta Ámbar. El informe de los forenses estaba pendiente y ella no podía ver el teléfono de Jessica mientras ellos no hubieran terminado. Ya había hablado o estaba esperando la llamada de todos los que había llamado.

Se recostó de la pared y cerró sus ojos, permitiendo que su cerebro se relajara por primera vez en horas. Pero tan pronto lo hizo, pensamientos indeseables la inundaron.

Vio la imagen del rostro de Ray, herido y confundido. Vio una van negra con su hija adentro doblando una esquina para internarse en la oscuridad. Vio los ojos del Coleccionista mientras exprimía su cuello, mientras le arrancaba la vida al hombre que había secuestrado a su hija hacía más de cinco años, aun cuando agonizaba por una herida en la cabeza. Vio el borroso vídeo de un hombre conocido solamente como el Viudo Negro mientras disparaba a la cabeza a otro hombre, sacaba a Evie de la van de esa persona, y la introducía en la cajuela de su propio auto antes de desaparecer para siempre.

Sus ojos se abrieron y vio que se hallaba de cara a la sala de evidencias. Había estado allí muchas veces en las pasadas semanas, examinando fotos del apartamento de Brian “El Coleccionista” Wickwire.

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