Pero el interés principal de este libro se centra en qué cosas pasan en la actualidad alrededor del libro electrónico; qué modelos de producción, creación y distribución ha cuestionado; qué novedades ha introducido en el mundo editorial, y qué reacciones ha provocado. Cuáles, pues, son las aguas en las que el libro electrónico navega en el presente.
Clasificamos las principales cuestiones que se plantean en torno al libro electrónico en cuatro grandes ámbitos: 1) los derechos de autor, 2) los modelos de distribución y comercialización, 3) las nuevas formas de producción de libros y 4) la transformación de los agentes, sobre todo el autor y el editor. En ellas procuramos dar un panorama de los problemas y las controversias que emergen día con día en cada uno de estos campos. Al mismo tiempo, damos cuenta de las novedades que han aparecido, desde los servicios para la lectura de libros electrónicos, hasta los sistemas de edición de la fan fiction , que hoy marcan la discusión sobre el libro electrónico. Puesto que la visión es panorámica, no nos detenemos en ellos más que lo suficiente para mostrar lo que son, qué aspecto de la lectura, la producción o la comercialización del libro están modificando, y qué tipo de problemas o cuestiones están haciendo aparecer.
El capitulado cierra con una reflexión prospectiva. ¿Cómo será el libro en el futuro? Hacemos frente ahí a las especulaciones y las ideas que hoy circulan sobre cuál será el devenir del libro. Damos cobijo tanto a las ideas más exageradas, que terminan por casi fundirlo con los videojuegos, como a las más prudentes, que ven en el futuro una transformación cultural pero no un abandono de la palabra escrita. Nos detenemos, ahí también, en algunas proyecciones sobre el momento en que el libro electrónico sustituirá al de papel. Entrados en el terreno de la especulación, jugamos con algunas de las opciones que el texto digital y el libro electrónico permiten y revelan: datos sobre hábitos de lectura y de los lectores, y la forma en que podrán determinar el futuro de la escritura.
Estos textos se proponen mostrar el asombro ante todo lo que ocurre alrededor del libro electrónico. Se proponen ser, al mismo tiempo, un retrato de una revolución, así como de las dudas y suspicacias que ésta genera todavía.
Las cosas que nos son más próximas, aquellas que ocupamos con regularidad, tienen en común que son, también, las más difíciles de definir. Podríamos buscar muchas razones para ello, pero resulta evidente que la frecuencia con que las ocupamos hace innecesario e incluso absurdo querer explicar qué son. ¿Por qué definir lo que es un coche si basta con subirse a él y encenderlo? Lo mismo ocurre con el libro: ¿para qué buscar palabras que lo definan si es suficiente con abrir uno y comenzar a hojearlo?
Sin embargo, hoy nos encontramos en un momento peculiar. El libro, tal y como lo conocemos desde hace cinco centurias, experimenta una transformación radical. En menos de un cuarto de siglo el uso generalizado del cómputo, la aparición de internet, la creación de muy diversos dispositivos electrónicos —desde los teléfonos inteligentes hasta las tabletas— han impulsado el surgimiento de distintos formatos digitales que son vistos y promovidos como alternativas y sustitutos del libro en papel.
El ebook o libro electrónico es, dentro de esos nuevos formatos, el que ha alcanzado hasta hoy más popularidad, con un ritmo de producción en crecimiento en sintonía con su mercado. Este hecho hace que ya muchos la consideren la nueva forma del libro, e incluso un formato que, para algunos, se ha estancado. Pero ¿de qué hablamos exactamente?; es decir, ¿cuáles son las características de un libro electrónico por las que éste ha capturado para sí el imaginario cultural del libro?
En el presente capítulo nos ocuparemos de sentar las bases para responder al menos en parte esa pregunta. Nos proponemos establecer en qué sentido un archivo electrónico puede ser llamado con propiedad un libro. Para ello necesitamos saber, primero, qué es un libro. Así que habrá que comenzar, pese a las dificultades, con su definición.
Si, como decíamos, los objetos comunes son difíciles de definir, para facilitarnos la vida vamos a recurrir primero a las definiciones que hallamos en los diccionarios. La vigésima tercera edición del diccionario de la Real Academia Española, ofrece las siguientes definiciones:
Libro (Del lat. liber , libri ). 1. m. Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen. 2. m. Obra científica, literaria o de cualquier otra índole con extensión suficiente para formar volumen, que puede aparecer impresa o en otro soporte. Voy a escribir un libro . La editorial presentará el atlas en forma de libro electrónico . 3. m. Cada una de ciertas partes principales en que suelen dividirse las obras científicas o literarias, y los códigos y leyes de gran extensión.1
Más adelante, en la misma entrada encontramos definido libro electrónico como: “1. m. Dispositivo electrónico que permite almacenar, reproducir y leer libros”, y “2. m. libro en formato adecuado para leerse en ese dispositivo o en la pantalla de un ordenador”.2
La versión del diccionario que usamos ya está actualizada en nuestro tema, lo que nos ayudará mucho a entender el uso común que se le da al término “libro electrónico” en cuanto al dispositivo y al archivo que se lee por medio de ese dispositivo. Pero antes de adentrarnos en esta materia y puesto que la definición de libro electrónico presupone la definición de libro, empecemos por hablar del libro: éste se entiende en el diccionario de tres maneras, como: 1) un cierto objeto compuesto de hojas de papel encuadernadas para formar un volumen, 2) un texto escrito que requiere ser de una cierta extensión (sin precisar) para formar un volumen y 3) una división del texto.
Esta última acepción de libro es la más vieja y también la más rara en nuestros días, pues se aplica únicamente a las divisiones de algunos textos antiguos que fueron originalmente divididos a partir de esa denominación. Si excluimos, pues, esta definición, podemos decir en general que cuando hablamos de libro lo hacemos con dos significados fundamentales: para referirnos al “soporte”, por un lado, es decir, al libro como objeto físico, y por el otro, al texto, que, sin importar en qué se encuentre alojado: una roca, un papiro, un libro o un iPad, es el objeto de la lectura. La definición de libro electrónico sigue este mismo modelo de referir al soporte, por un lado, y al texto, por el otro. En todo caso, sin embargo, para distinguir un libro de otros tipos de dispositivos textuales como panfletos, sobretiros, artículos, etcétera, se recurre a su extensión: “suficiente para formar un volumen”.
Esto es lo malo de muchas definiciones de diccionario: acaban por ser circulares. Como en este caso, en que la definición al final contiene lo definido. ¿Qué es exactamente un volumen? ¿Cómo sabemos que una obra ha llegado a formar uno? La palabra volumen (que desde siempre se ha utilizado como sinónimo de libro) se refiere a un cuerpo físico formado por al menos un cierto número de páginas; es decir, a un libro en su sentido físico. Así, el diccionario define al libro como un cierto texto que tiene la extensión para ser… un libro. Para resolver esta circularidad, la unesco estableció, como parte de la definición de libro, que éste es una encuadernación o un texto que tiene una extensión superior a 49 páginas.3
Pero esto no resuelve realmente el problema. Es más, lo plantea de manera todavía más compleja. Al definir un libro como una obra que tiene al menos 49 páginas, lo hacemos poniendo el texto en relación con su aparición objetual. Las páginas pertenecen al mundo físico, pero respecto de ellas definimos el libro en el mundo intangible del texto.
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