De pronto recordó a una de las novias de su padre, Elaine, una rubia con uñas largas y rojas, y una risa ruidosa y estridente. Se odiaban. Durante los seis meses que Elaine estuvo en escena, Cassie la había detestado. No recordaba haberle deseado la muerte, pero definitivamente había deseado que desapareciera.
Probablemente esto era lo mismo. Antoinette estaba siendo más honesta, eso era todo.
—Lo que dijo Margot no fue para nada justo —coincidió Cassie, porque no había sido justo—. Pero la gente dice cosas que no siente cuando está enojada.
Por supuesto, cuando estaba enojada también decía la verdad, pero no iba a tomar ese camino.
—Ah, pero ella lo siente —le aseguró Antoinette.
Estaba inquieta con la lapicera, girándole la tapa una y otra vez.
—Mi papá siempre está de su lado ahora. Siempre piensa en ella y nunca en nosotros. Era distinto cuando mi madre estaba viva.
Cassie asintió con empatía. Ella también había vivido esa experiencia.
—Lo sé —dijo ella.
—¿Cómo lo sabes? —Antoinette la miró con curiosidad.
—Mi madre murió cuando yo era más joven. Mi padre también traía novias nuevas, eh, quiero decir, trajo a su nueva prometida a mi casa. Eso causaba muchos enfrentamientos y hostilidades. Yo no les agradaba y ellas no me agradaban a mí. Por suerte tenía una hermana mayor.
Cassie se volvió a corregir rápidamente.
—Tengo una hermana mayor, Jacqui. Ella le hacía frente a mi padre y me protegía cuando había peleas.
Antoinette asintió.
—Esta noche estuviste de mi lado. Nadie había hecho eso antes. Gracias por haberlo hecho.
Se quedó mirando a Cassie con los ojos grandes y azules, y Cassie sintió un nudo en la garganta ante la inesperada gratitud.
—Para eso estoy aquí —le dijo.
—Lamento haberte dicho que caminaras por las ortigas.
Miró rápidamente las ronchas en las manos de Cassie, aún hinchadas e inflamadas.
—No hay problema, de verdad. Era una broma.
Ahora las lágrimas inundaban sus ojos y la empatía brotaba de su interior. No había anticipado que Antoinette bajara la guardia. Ella entendía exactamente cuán sola y vulnerable se debía sentir. Era terrible pensar que Antoinette ya había sufrido maltrato verbal de Margot, sin que nadie la protegiera y con el padre poniéndose en su contra deliberadamente.
Bueno, ahora sí tenía a alguien. Cassie estaba de su lado y la apoyaría sin importar las consecuencias. El día no había sido un completo desastre si había logrado acercarse a esa niña compleja y conflictiva.
—Ahora intenta dormir. Las cosas estarán mejor en la mañana.
—Eso espero. Buenas noches, Cassie.
Cassie cerró la puerta resollando violentamente y limpiándose la nariz con la manga. El cansancio y las emociones la estaban venciendo. Se apresuró por el corredor, tomó su pijama y fue a tomarse una ducha.
Finalmente, cuando estaba parada debajo del chorro de agua humeante, permitió que fluyeran las lágrimas.
*
Aunque el agua caliente había tranquilizado sus emociones, también había reavivado su piel. Las picaduras de la ortiga empezaron a producirle un escozor insoportable. Se restregó bien fuerte con la toalla para rascarse la comezón, pero solamente logró expandirla.
Luego de meterse en la cama, se dio cuenta de que estaba tan incómoda que no podía dormir. El rostro y los brazos le punzaban y ardían. Rascarse era un alivio momentáneo y en realidad aumentaba el dolor.
Luego de lo que parecieron horas de intentar dormir sin éxito, Cassie admitió la derrota. Necesitaba algo que le calmara la piel. El armario que había en la ducha solamente almacenaba elementos indispensables, pero había visto uno más grande en el baño que estaba al lado del dormitorio de Ella. Quizás allí habría algo que podría servirle.
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