Los lectores modernos de la Biblia ven a Jesús como una extensión de las Escrituras judías (nuestro Antiguo Testamento). Los líderes judíos en tiempos de Jesús no lo veían como una extensión o cumplimiento de nada. Nosotros vemos a Jesús como el resultado del Antiguo Testamento ; sus detractores del primer siglo lo veían como un hereje que quería cambiar todo.
En ese punto, tenían razón: Jesús estaba presentando algo nuevo.
Una de las declaraciones más ofensivas de Jesús está registrada en el evangelio de Mateo. Si lo has leído, lo más probable es que la hayas pasado por alto. Pocos la notamos. Durante una de sus muchas disputas con los líderes religiosos acerca de las implicaciones de una violación del sabbat , Jesús, refiriéndose a sí mismo, declaró:
Pues les aseguro que aquí hay algo más importante que el templo. 1
Indignante, ¿no?
¿No?
¿No habías notado esa declaración?
Eso pensé.
Para los judíos del primer siglo, nada ni nadie era más importante que el templo. Si hubiera habido algo más importante , el templo no habría tenido razón de ser. Era inútil. Aunque hay lugares que consideramos especiales , quizá sagrados , nuestra conexión emocional con esos lugares, no son nada en comparación con lo que los judíos sentían (y en algunos casos siguen sintiendo), por su templo. Para los judíos del primer siglo, el templo era todo. Era el centro del mundo; no solo de su mundo, sino del mundo entero.
El templo era el epicentro de la vida religiosa judía. Era el hogar legítimo de la ley oficial. El templo era la presencia de Dios en la Tierra. Compararse uno mismo con el templo, o sugerir que cualquier cosa era más importante que el templo, reflejaba una extraordinaria arrogancia, ignorancia o locura. Que alguien afirmara ser más importante que el templo era una blasfemia digna de la muerte. Una amenaza al templo era una amenaza a la nación. La población judía habría muerto antes que permitir que este inmueble sagrado fuera profanado o amenazado.
Habrían dado su vida.
No es una exageración.
Para muestra, un botón.
CONVERSACIÓN SOBRE ÍDOLOS
Alrededor del año 40 D.C., los ciudadanos de Jerusalén fueron notificados de que una estatua del emperador Calígula iba a ser erigida dentro de las paredes del templo. A Petronio, gobernador de Siria, se le dio la responsabilidad de transportar la estatua desde la ciudad portuaria de Ptolemaida hasta Jerusalén. Lo acompañaron dos legiones (aproximadamente 10.000 soldados). Cuando llegó a tomar posesión de la estatua, le sorprendió descubrir que miles de judíos de la región se habían reunido para protestar. 2Al ser amenazados con violencia, en lugar de organizarse y defenderse, los protestantes se arrodillaron y expusieron el cuello al filo de las espadas. El mensaje era claro: morirían antes de ser testigos de la profanación de su templo. Petronio fue superado en la táctica.
Un conflicto armado era una cosa; pero masacrar a ciudadanos desarmados era algo completamente diferente. Ignorando a las multitudes, Petronio y sus legiones se abrieron paso tierra adentro hacia Tiberíades. Según Josefo, al llegar al lugar, se encontró con un contingente mucho mayor de protestantes. Aún estaba a más de 160 kilómetros de Jerusalén. Josefo describió la escena a las afueras de Tiberíades, de la siguiente manera:
Así que se postraron en su cara, expusieron la garganta y dijeron estar listos para ser masacrados; e hicieron esto durante cuarenta días y, mientras tanto, abandonaron la labranza de su tierra, y esto cuando por la temporada del año era tiempo de sembrar. Así continuaron firmes en su resolución, y se propusieron morir voluntariamente antes que ver la dedicación de la estatua. 3
Todos los campesinos se pusieron en huelga, poniendo en riesgo la economía de la región. Una vez más, Petronio se encontraba en un callejón sin salida. El cumplimiento de los deseos del emperador exigiría algo mucho peor que un conflicto armado. Exigiría algo más parecido al genocidio. Con reticencia, escribió al emperador para pedirle instrucciones, totalmente consciente de que no cumplir sus órdenes. se interpretaría como incompetencia y sin duda, ocasionaría su destitución o algo peor. Por un extraordinario giro del destino, o la providencia, oficiales de la Guardia Pretoriana conspiraron junto con un puñado de senadores romanos para asesinar al emperador antes de que la carta de Petronio llegara a la capital.
Crisis evitada.
Así que sí, el templo era importantísimo.
Jesús declaró ser más importante que el templo.
Ese era un problema.
Para cuando Jesús llegó a la edad adulta, el sistema del templo judío estaba completamente corrupto. Al menos eso pensaba él. Aunque los evangelios nos presentan un puñado de sacerdotes, abogados y fariseos sinceros, son la excepción. Tan solo el juicio de Jesús es suficiente para eliminar cualquier duda sobre el estado de las cosas.
La corrupción generalizada de la comunidad religiosa no solo se infiere y se ilustra en los evangelios. Jesús la abordó directamente. En el evangelio de Mateo, encontramos la descripción de Jesús sobre los dirigentes. 4Esta es una muestra:
•Todo lo hacen para que la gente los vea.
•Les encanta estar en el lugar de honor en los banquetes.
•Les encantan sus títulos.
•Les encanta que los saluden con respeto en los mercados.
•Descuidan la justicia, la misericordia y la fidelidad.
•Son hipócritas.
•Están llenos de avaricia y auto indulgencia.
•Por fuera parecen justos, pero por dentro están llenos de maldad.
Unos tipos encantadores.
Jesús concluye sus observaciones llamándolos víboras y preguntándoles cómo planean escapar al infierno. 5El lado positivo… bueno, no había un lado positivo. Jesús consideró que toda la empresa estaba corrupta. Por el tiempo en que Jesús salió del río Jordán para empezar su ministerio, los líderes del templo habían creado un sofisticado e intrincado sistema de resquicios legales que les permitía evitar las exigencias más inconvenientes de la ley. Eran especialmente hábiles en la reinterpretación y simplificación de las partes de la ley de Moisés, que les significaran algún gasto económico. Por consiguiente, quienes estaban en el escalón superior de la autoridad del templo vivían como reyes. En tiempos de Jesús, era muy rentable ser sacerdote en Jerusalén. La mayoría de la gente no sabe esto, pero en tiempos de Jesús, el templo era una empresa con enormes ganancias.
¡Enormes!
Esta es la razón.
EL TEMPLO DE LA PROSPERIDAD
El templo se beneficiaba de diferentes fuentes de ingresos, el más importante era el impuesto del templo. Los hombres judíos mayores de veinte años debían pagar medio siclo de impuesto anual al templo, equivalente al salario de un día y medio de trabajo. No era una cantidad enorme, pero no se limitaba a los hombres que vivían cerca del templo.
Este impuesto se exigía a cada hombre judío, independientemente de dónde viviera. En el primer siglo, había millones de judíos diseminados por todo el imperio romano y más allá. 6Existía un elaborado sistema para recolectar, resguardar y transportar el impuesto del templo a Jerusalén. Los hombres judíos podían pagar el impuesto en centros de recolección ubicados en las principales ciudades del imperio romano y sus alrededores, o podían pagarlo directamente en el templo. Josefo hace referencia a una ciudad con uno de dichos centros, Nísibis, ubicada en la actual Turquía. La siguiente cita, nos da alguna idea de cuánta riqueza se recolectaba y transfería hacia Jerusalén desde las ciudades recaudadoras:
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