—Eso no puede ser verdad, a menos que Larry tenga un problema ocular.
Bueno Loann lo tiene...
—Me refiero a que no soy el tipo de Larry. Lo sabes, ¿no? — inquiero. No quiero ser yo quien rompa la burbuja de amor de Lesly, pero es muy obvio que no puedo alimentar algo que no tiene posibilidad de concretarse.
—No me digas que....
Asiento.
—¿Es casado?
Bufo.
—Larry es gay —aclaro.
Lesly parpadea rápidamente y retrocede un paso. Espero que no sea del tipo de personas que se escandaliza con estos temas de hoy en día, sin embargo, no es molestia lo que capto en ella, sino una completa desilusión y desesperanza. Me rompe el corazón ver su rostro abatido.
—¿Larry te gusta?
Sus mejillas se vuelven dos esferas rojas, pero no niega mi pregunta, lo que me hace comprobar que estoy en lo cierto. Aquí tenemos una emergencia de amores en toda su magnitud.
—¿Te doy un consejo?
Esta vez ella asiente.
—Inténtalo —pronuncio.
Seguido de esto le doy una palmadita en el hombro y continúo mi camino hacia la mesa. Sin saber que con esa sola esperanza he de desatar otra pequeña historia de obsesiones.
***
El pasillo hacia mi siguiente clase está tan vacío y tenebroso como los típicos pasadizos que se muestran en las películas de terror. Me cuesta entender cómo es que los alumnos han logrado entrar a sus aulas, si hasta hace unos segundos sonaba la alarma que indica la finalización del tiempo libre. De repente siento frío, así que froto mis brazos para mantener el calor corporal. A medida que doy un paso, siento que mi destino sigue igual de lejos que al inicio.
¿Cuándo creció tanto la universidad?
Dos minutos después, logro llegar a mi aula, en donde me llevo la segunda sorpresa de la tarde. La habitación está vacía.
Dejo mi bolso en mi lugar estratégico de siempre. Tomo asiento y decido revisar algunos mensajes en mi móvil, pero está fuera de línea. Frunzo el ceño, es extraño que no haya buena cobertura aquí. Nunca tuve problemas para conectarme a mis redes sociales.
Me coloco de pie y camino hacia la ventana. A través de la persiana, puedo ver a todos los estudiantes estar alentando al equipo de fútbol de la universidad. Un suspiro escapa de mis labios, una parte de mí se tranquiliza al ver un poco de alumnado. Intento por segunda vez hacer una llamada, pero no tengo éxito. Mi móvil literalmente está muerto.
Vuelvo a observar por la ventana, para así lograr entretenerme un poco hasta que llegue el profesor o algún compañero, pero me llevo la tercera sorpresa. La multitud ha desaparecido. Me muevo hacia la siguiente ventana, justo donde no hay una persiana que me impida tener una mejor visión y me inclino sobre el borde de esta. Todos se han esfumado como polvo en el aire.
¿A dónde han ido?
Bien, empiezo a asustarme.
Unos pasos detrás de mí hacen que gire al instante. Me llevo la cuarta sorpresa del día cuando veo a Loann Cooper parado en el umbral de la puerta. Está inclinado en el marco lateral y su brazo está extendido hasta el otro extremo. Es el clásico retrato de chico malo acechando virginidades. Trago saliva, espero que quiera la mía.
Nos miramos por varios segundos. Me es difícil darle una de esas increíbles miradas retadoras cuando siento mis labios y piernas temblar. Hoy está tan mágicamente guapo que es casi como una luz que me deja ciega. Loann Cooper nubla mis sentidos y entorpece mis pensamientos. Y eso me asusta tanto que me hace temblar.
Él es el primer en romper el contacto visual para...
Caminar hacia mí.
Ahora contengo un poco la respiración. Estar sola con Loann Cooper siempre fue uno de mis más grandes sueños, pero siento miedo. No hay nadie en los pasillos, ni en el campus y al parecer en la universidad entera. Él se acerca con gracia y garbo hacia mí, toma asiento en el lugar donde suele estar siempre y me da una sonrisa de lado.
¿Qué?
Estoy solo a escasos metros de él y doy gracias por eso. No quisiera que fuera testigo de cómo mi calentura corporal ha subido varios grados de un tirón. El muchacho no ha pronunciado palabra alguna y ya ha ocasionado una revolución de hormonas en los lugares más íntimos de mi cuerpo.
Lo veo frotarse los hombros como si experimentara algo de frío. Emite un pequeño resoplido mezclado con un gruñido que provoca que mis pensamientos viajen unas cuantas millas lejos de este terreno. Le atribuyo mi bochorno a las conversaciones sexuales que JC suele tener con sus amigos frente a mí.
Mis pensamientos se rompen cuando encuentro a Loann de pie, junto a mí y mirándome tan fijamente que me traspasa. Sus ojos azules son como las esferas que mamá cuelga en el árbol navideño y brillan tanto con la luz de la luna. Sus labios son carnosos y bastante rosados y Dios... ese pequeño lunar marrón en su mejilla debe ser la mejor parte de su rostro.
Mis ojos se abren como dos platos tendidos cuando su cuerpo se inclina hacia el mío. Mis manos se aprietan con la pared y mi espalda contra la persiana. Inhalo.
—¿Me permites? —dice con voz ronca.
Parpadeo un poco, tengo los labios semiabiertos.
—¿Qué?
—Hace un poco de frío —exhala y su aliento fresco choca con una de mis mejillas—. Quiero cerrar las persianas.
Asiento y me muevo solo unos pasos hacia la derecha, Loann se adelanta y se siente cómodo con el pequeño espacio que le otorgué ya que hala de la cuerda para lograr su cometido, sin embargo, ahora nuestra distancia se ha reducido mucho más. La mitad de mi cuerpo está atrapada entre su bien formado pecho y una de mis piernas está en el espacio de las suyas. Sobre mi muslo siento una presión que sé muy bien lo que es. No soy tonta y sé que está ocurriendo con él por la forma en cómo lo siento.
Loann Cooper excitado por estar muy cerca de mí, ¿quién lo diría?
—Qué extraño, he percibido ese aroma ... —dice.
—¿Qué?
Su cuerpo se recuesta en la carpeta de atrás. Cruza los brazos sobre su pecho y me mira fijo, luego inclina la cabeza hacia un costado. Continúa examinándome, yo no me muevo. Me gusta tener toda su atención.
—Tu perfume... ¿puedo? — Ni siquiera tengo tiempo de responder, sus brazos chocan con el vidrio de la ventana y acerca su nariz a mi cuello. Continúo sin moverme, pero debería hacer algo al respecto.
—¿Qué haces? —digo e intento con todas mis fuerzas que mi voz no suene temblorosa.
No responde.
Su nariz sigue viajando a través de mi cuello y luego hacia mi hombro. Sino estuviera tan idiotizada juraría que he sentido sus labios sobre mi piel.
—Loann, te hice una pregunta.
Sí, Defne. Muestra que él no puede...
Una de sus manos se poza en mi cintura, con un poco de fuerza logra atraer mi cuerpo hacia él.
—¿Crees que soy un tonto, Defne? —su pierna continúa rozando partes sensibles de mi cuerpo, no obstante, no puedo concentrarme en la sensación cuando tengo su rostro a tan solo un beso de mí.
—No sé a qué te refieres —titubeo.
¡No titubees, idiota!
—Sé que estuviste el viernes en mi habitación, sé que husmeaste en mi ropa, sé que usaste mi toalla para cubrir tu... —me dedica una mirada de abajo hacia arriba— cuerpo.
—No, claro que no —niego, sin un toque de firmeza.
Mierda, no sé qué decir.
—Lo acabo de comprobar con el aroma de tu perfume, es el mismo que sentí en mi habitación —continúa mirándome desafiante, pero yo no puedo. Solo quiero mi rostro cerca un par de centímetros más. Deseo besar esos labios justo ahora. Por favor.
—Ayudé a tu hermana, tu madre solo fue agradecida conmigo —confieso.
—¿Crees que estoy molesto?
—No me importaría ni un poco.
Ríe mientras niega con la cabeza.
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