La importancia de la publicación que hoy presentamos es que pone de relieve el origen y el sentido de esa difamación. Y por lo tanto pone en evidencia los intereses que defienden aquellos que la vienen repitiendo.
Esto incluye, lamentablemente, tanto a muy prestigiosos y encumbrados académicos de las ciencias sociales que fueron cómplices directos de la campaña de Braden como parte de la Unión Democrática, como a publicistas y políticos que repiten acríticamente estos clichés con el objeto de descalificar la lucha por la justicia social que encarna el justicialismo.
La vigencia y la fuerza política del peronismo, sumado a que la verdad histórica está siempre allí para quien quiera encontrarla, han desmentido categóricamente a estos operadores del odio antiperonista.
Por todas estas consideraciones, constituye una gran satisfacción para el IFAP presentar esta publicación que contiene también el llamado Libro Azul y Blanco que fue publicado el 22 de febrero de 1946 como respuesta inmediata y certera a estas calumnias que el Departamento de Estado de Estados Unidos había difundido a través de la agencia Associated Press .
Asimismo, el Instituto manifiesta su reconocimiento al trabajo de investigación y a la iniciativa del Lic. Rodrigo Mas, el Mg. Martín Prestía y el Dr. Jonás Chaia De Bellis, quienes han llevado adelante la tarea académica y la edición de esta publicación.
Debemos un agradecimiento muy especial al Profesor Raanan Rein que, con la solvencia que lo caracteriza, ha elaborado la Introducción histórica que permite contextualizar el documento y que sin duda prestigia esta publicación con su presencia.
Del mismo modo, corresponde un especial agradecimiento a la Unión del Personal Civil de la Nación y a su Secretario General, el compañero Andrés Rodríguez, que han apoyado esta iniciativa.
Desde su creación, el IFAP viene realizando trabajos de capacitación y difusión de la obra del peronismo en conjunto con el Movimiento Obrero Organizado y eso constituye un verdadero orgullo para quienes lo integramos.
Kelly Olmos y Daniel Romero
Instituto de Actualización y Formación Política (IFAP)
Raanan Rein
El enfrentamiento entre Braden y Perón fue uno de los episodios más dramáticos de las relaciones entre los Estados Unidos y la Argentina en el siglo XX y tuvo un impacto duradero en los lazos bilaterales durante décadas. En este sentido, el llamado Libro Azul fue uno de los documentos más importantes en la creación del mito de que la Argentina es una nación pro-nazi y antisemita. De hecho, la publicación de la oficialmente titulada Consulta entre las Repúblicas Americanas sobre la Situación Argentina el 11 de febrero, menos de dos semanas antes de las elecciones generales del 24 de febrero, causó sensación en Buenos Aires. Fue, para utilizar las palabras de John M. Cabot, el Encargado de los Asuntos de EE.UU. en Argentina, como lanzar una bomba atómica. El embajador cubano en Washington usó la misma metáfora nuclear.
Braden llegó a la Argentina el 19 de mayo de 1945. Estuvo sólo unos cuatro meses en Buenos Aires, causando un grave daño a las relaciones bilaterales, antes de que el nuevo Secretario de Estado James Byrnes le pidiera en agosto que regresara a Washington para sustituir a Nelson Rockefeller como Subsecretario Adjunto para Asuntos Latinoamericanos. Desde la capital estadounidense continuó su campaña antiargentina y demostró ser aún más perturbador para las relaciones entre ambos países. Si Braden había sido enviado a Buenos Aires para ayudar a mejorar las tormentosas relaciones entre los dos estados, claramente fracasó. Si su objetivo era detener la campaña presidencial de Juan Domingo Perón, su fracaso fue humillante. La impresionante victoria de Perón en las elecciones, caracterizada por Cabot como la «más justa de la historia [argentina]», exigió un cambio en la política de los Estados Unidos. Un veterano diplomático estadounidense, con gran experiencia en asuntos latinoamericanos, Sumner Welles, consideró que el Libro Azul fue «un error garrafal casi increíble» y que la elección de Perón fue «la peor derrota diplomática que [Estados Unidos] ha sufrido en el hemisferio occidental».
Braden no era un diplomático de carrera, sino un ingeniero de minas y su conducta no se ciñó a las funciones habituales de la práctica diplomática. Con su comportamiento imperial, hizo todo lo que tuvo a su alcance para evitar que Perón fuera elegido Presidente, convirtiéndose él mismo en un líder de facto de la oposición al gobierno militar. Su fracaso puso de manifiesto los límites de la diplomacia personal y las percepciones erróneas de Washington sobre los cambios socioeconómicos que se habían producido en la Argentina durante la década anterior. Por lo tanto, se trata de un caso paradigmático, fundamental para entender la compleja relación entre Argentina y los EE.UU.
Si usamos una metáfora tomada de la jerga del boxeo, Braden tenía puntos de ventaja cuando Perón fue obligado a renunciar y fue detenido. Lejos de tirar la toalla, Perón se recuperó tras su liberación y el apoyo masivo que recibió el 17 de octubre de 1945. El Libro Azul era el contragolpe, el counter-punch que intentó usar el estadounidense, «luego de toda la bravuconada del Sr. Braden y su éxito fugaz como resultado de la renuncia de muy corta duración del coronel Perón», por citar a Halifax, embajador británico en Washington, el 26 de octubre de 1945. Pero este contragolpe no noqueó a Perón, que respondió con La República Argentina ante el “Libro Azul” , conocido como Libro Azul y Blanco , elaborado por el canciller Juan Cooke y estrenando el slogan «Braden o Perón», presentando la elección presidencial como si Braden fuera el otro candidato y la disputa fuera entre Argentina y EE.UU. Perón, que no había buscado el conflicto con el diplomático del norte, una vez producido supo aprovecharlo como una de las claves de su triunfo electoral, que no parecía inevitable pocos meses antes. Las calles porteñas aparecían empapeladas con dicho slogan, que lo llevaría al poder. «Braden o Perón» se convirtió a partir de aquel momento en uno de los principales lemas del peronismo. Tanto éxito tuvo esta consigna, que ya prácticamente nadie recuerda que el rival de Perón se llamaba José Pascual Tamborini, candidato a la presidencia por la Unión Democrática.
Cabot, según lo descrito por el politólogo Fabián Bosoer, manifestó su disenso y recomendó no publicar el Libro Azul . Predijo que su publicación sería contraproducente, ayudando más bien a fortalecer a Perón. Los diplomáticos británicos tenían la misma opinión. Como ha demostrado el historiador Roger Gravil, los enviados de Su Majestad se mostraron reacios a colaborar con los esfuerzos norteamericanos para compilar un dossier sobre las supuestas inclinaciones nazis de Perón. En palabras de otro diplomático británico, Hadow, los norteamericanos «de una manera un tanto patética pidieron cualquier tipo de prueba condenatoria que pudiéramos ofrecerles pronto».
El Libro Azul era una acusación a la neutralidad argentina durante la Segunda guerra mundial, señalando como responsables a todos los líderes, desde Ramón S. Castillo hasta Perón, de colaborar con el espionaje alemán y los esfuerzos de la quinta columna, burlándose de los compromisos hemisféricos de la Argentina. Pero esta posición a favor de la neutralidad la compartía aparentemente una mayoría de los argentinos. ¿Era pro-nazi esta mayoría? Basándose en parte en la neutralidad argentina durante la Primera guerra mundial, liderada por el presidente Hipólito Yrigoyen, cuatro presidentes, dos civiles y dos militares, favorecieron esta política neutralista por diversas razones. Hasta el ataque japonés sobre Pearl Harbor, esta política no provocó fuerte tensión entre ambos países. Sin embargo, a partir de 1942, una vez que los EE.UU. entraron en la guerra, la política de neutralidad enfrentó a la Argentina con la potencia del Norte. De hecho, esta política servía a los intereses de los británicos y aportaba a la supervivencia de la población civil bombardeada por los alemanes, con envíos de víveres desde puertos argentinos. De esta manera, Argentina aportaba a la victoria aliada sobre los nazis. Si hubiera declarado la guerra contra el Tercer Reich, los submarinos alemanes hubieran torpedeado los barcos en su camino hacia las islas británicas.
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