Sus temas principales son el entorno familiar, la identidad, la sexualidad, la opresión racial, social y de género, y sus formas literarias son a menudo híbridas. Igual que sus compañeros, las chicanas crearán obras con gran contenido reivindicativo, reflejando tanto los problemas cotidianos como la problemática específica de las chicanas. Ellas también se ven en la necesidad de romper con los estereotipos y los roles en los que se les había encasillado, por lo que el tema fundamental de la literatura chicana será la búsqueda de su identidad, búsqueda en la cual las chicanas rompen tanto las normas establecidas como los prejuicios existentes: “Chicanas in the 1980s wrote Bildungs texts, explored the social and the political, looked for role models in their literary heritage, fought back at what they saw as an oppresive dominant society, and came together as a sonsciously awakened group of women” (Rebolledo y Rivero 24). La originalidad y la ruptura con lo hasta entonces cotidiano convierten a las autoras chicanas de los noventa en abanderadas de la Literatura Chicana, una literatura en la que, como se ha mencionado, la preocupación por la lucha en pro de la justicia medioambiental ha sido un tema fundamental. Herrera-Sobek afirma al respecto que: “For Chicana poets and prose writers alike environmental contamination becomes linked to the oppression of the Chicano people. Thus the search for social justice and concern for the environment become one and the same” (“The Nature of Chicana Literature” 94).
En este contexto surge la literatura chicana ecofeminista, que es una literatura que refleja la lucha del pueblo chicano en favor de la justicia social y medioambiental, al tiempo que lucha por los derechos de la mujer y la igualdad, en el sentido más amplio de la palabra. Kirk enumera una larga lista de organizaciones chicanas que luchan por la justicia social y medioambiental y sostiene que “the Chicano environmental movement involves the struggle for economic and environmental justice, a demand for healthful living and working conditions, increased democracy in local communities and workplaces” (182). En esa lucha por la justicia ambiental han estado involucrados codo a codo tanto los chicanos como las chicanas.
Tras el surgimiento de los estudios de género en los setenta y el auge de los estudios ecofeministas (la crítica literaria ecofeminista) y ecocríticos en los años noventa se han realizado relecturas ecofeministas de obras literarias chicanas teniendo en cuenta que, como afirma Herrera-Sobek, “the Chicanas’ critical discourse on ecological issues emanate from gender, ethnic, and social perspectives” (“The Nature of Chicana Literature“ 89). En su opinión además, “Chicana writers have been at the forefront of feminist ecological concerns since the early 1970s” “[and they] have been eco-feminists long before the term became popular in the 1980s” (“The Nature of Chicana Literature“ 90; 99). Pero tanto Herrera-Sobek como Marcone e Ybarra como Flys-Junquera coinciden en que los aspectos ecofeministas y de justicia medioambiental presentes en la literatura chicana no han sido suficientemente analizados: “Nature writing or literature with a high environmental consciousness from other minority groups or popular literary genres has been severely neglected” (Flys-Junquera, “Murder with an Ecological Message” 342).
Aun así, en “Inhabiting and Unearthing: Chicana/o and Mexican Environmental Writing” Marcone e Ybarra enumeran una serie de obras ecocríticas o ecofeministas chicanas que se remontan en las primeras etapas a The Squatter and the Don (1885) de María Amparo Ruiz de Burton, la obra de Jovita González – desde su tesis doctoral hasta sus novelas póstumas Dew on the Thorn (1997) y Caballero (1996)– y a Américo Paredes con With His Pistol in His Hand: A Border Ballad and Its Hero (1958) y The Shadow (escrita en los años cincuenta y publicada en 1998). En una tercera etapa, que coincide con el surgimiento del Movimiento Chicano, mencionan la poesía de Rodolfo “Corky” Gonzalez, las obras de Lorna Dee Cervantes o Jimmy Santiago Baca, la novela Y no se lo tragó la tierra / And the Earth Did Not Devour Him (1971) de Tomás Rivera y el “Plan Espiritual de Aztlán”, el manifiesto redactado en 1969 en la First Chicano National Conference de Denver. En cuanto a obras más contemporáneas mencionan a Ana Castillo, Cherríe Moraga, Gloria Anzaldúa y Helena María Viramontes. La relectura ecofeminista de estas obras puede concienciarnos sobre la necesidad de un cambio en nuestro modo de vida y en el modo en el que nos relacionamos con nuestro entorno. Como sostiene Herrera-Sobek:
Their knowledge of the land … coupled with the Chicanas’ commitment to social justice made these women particularly skillful in artistically rendering their concerns through prose, poetry and drama. For the Chicano people art has never been art for art’s sake but like Don Quijote, it has been a Quixotic endeavor to change the world into a better place to live for all humanity. (“The Nature of Chicana Literature“ 99)
La lucha en contra de la dominación por motivos de raza, clase o género se evidencia en numerosas obras de literatura chicana ecofeminista, entre otras en las obras que se analizarán a continuación.
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